29 de agosto 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Las evidencias hablan por sí mismas, solamente hay que prestarle la debida atención. El caso de Aerolíneas sigue promoviendo controversias y polémicas, que no van al fondo de la cuestión. Y el fondo, para la salud de una futura empresa que -de una, u otra manera-volverá a ser estatal es cuál será su futuro y su debido control. Los sindicatos han presionado en los puntos justos y llevado el tema al lugar que más les conviene, poniendo «al pueblo» por delante. Y lograron que se ponga en marcha una compañía enteramente estatal, sin posibilidad alguna de que ingresen privados, lo que les asegura un pasar de lo más cómodo y brillante. Una «beca» segura, por toda la eternidad. Más allá de plantillas que, se irán nutriendo de más personal. De sustento seguro emergiendo de los dineros públicos, no importan sus resultados como empresa. Pero, está bien, ellos jugaron su propio interés y arribaron al fin propuesto, con la anuencia de legisladores que nada quieren saber de poner en caja a los gremios.

En medio de esto, sigue la puja por tratar de demostrar si en los balances de la compañía los números estaban bien hechos, o si existen cuentas objetables. En el futuro, ya con todos complacidos por recobrar otra empresa bajo bandera empezará la otra historia. En un rubro que puede ser de los peores en el mundo, el Estado volverá a hacer el papel de mecenas. Y nadie podrá objetar nada a tiempo, salvo informar cuánto dinero se debe aportar para seguir sosteniendo «la bandera».

Todavía estamos a tiempo, para que algún participante del Congreso se anime a aportar la tan sencilla idea de que la sociedad deba ser listada en nuestra Bolsa para que la gestión pueda ser fiscalizada por diversos organismos y los balances resulten «cosa pública», con las normas que se aplican en el sistema. Si aparecen números «imaginativos», cuentas extrañas, crecientes déficits, ineficacia o negligencias en la conducción, deberán saltar varias vallas de controles y, muy difícilmente, puedan quedar ocultos los desvíos. Hasta cualquier ciudadano estará en condiciones de juzgar cómo se cuida el dinero del Estado, o de qué modo se volatiliza.


Los legisladores bien podrían reparar en que muchas de las privatizaciones, que aquí se realizaron, fueron ganadas por empresas que en sus países eran estatales y cotizantes de Bolsa. Que estaban no solamente cuidadas en su estructura, sino en expansión por otras regiones. Para los gobernantes, si es que se habla de hacer las cosas «transparentes» de una vez, es el modo de poder donar ciertos monstruos empresarios sin poner en juego su credibilidad, ni armar costosas e ineficaces entidades para encargarse de controlar lo que después no controlan. Que es lo que se ha visto en estos años. La Bolsa está a disposición, es la única opción para no volver a los «elefantes blancos».

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