25 de diciembre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

En general, vemos discursos huecos que provienen de gobernantes, funcionarios, casas de inversión, del mundo, y no ahorramos la crítica. Al menos, dar la opinión y exponer al lector lo que nos parece inconsistente, o malamente manipulado. Pero, en el caso de dichos que llegaron el viernes -de un director de Morgan Stanley- nos parece que hay un punto de vista para poder ser revisado, y analizado, por todos. No lo primero, referido a los datos que se hicieron conocer, aunque ya al juzgar tales números se advierte mesura y sensatez. El hombre apuntó que «han sido ligeramente más sólidos en el cuarto trimestre, pero nada que cambie la historia base de crecimiento lento...». Y lo vemos bien, hubo cierto aliento -especialmente en «venta de casas»- pero nada para salir a festejar. Sobrio el concepto del ejecutivo. Después vino lo mejor, porque allí afirmó: «Lo que es trágico de 2011 es que los inversores han reaccionado mal -de múltiples maneras- a una historia de base económica que ha sido muy consistente.

La economía ha sido mucho menos volátil que las expectativas de los inversores sobre lo que ha estado sucediendo en ella...». No está mal. Según cómo se lo mire, o desde qué escuela de pensamiento, se podrá disentir con todo el concepto, pero es un ángulo para tener en cuenta. La posibilidad de una sobreactuación de los operadores, dándoles a los índices saltos mortales y cambios furibundos, cuando el objeto subyacente -la economía- se ha mantenido dentro de una regularidad -mal, lenta- manifiesta y sin variar su dirección del mismo modo. Sucede, le diríamos a nuestro interlocutor citado, que el mundo es hoy un enorme «cóctel» de novedades de todo tipo. Y él parece referirse solamente a lo que sucede en la economía de los Estados Unidos.

Europa
y sus increíbles sucesos consecutivos han dado para que los índices estuvieran sobre una especie de «montaña rusa» en toda región. De todos modos, el manejo de señales e informaciones y su «procesamiento» desde las casas de inversión y de analistas de carteras cubrieron la necesidad de sostener suspensos, originar ciertas reacciones. Allí es donde, de seguro, se puede notar la sobreactuación de los mensajes y de los cambios, en la tónica y en los índices. En esto puede estarse de acuerdo. Pero, lo otro, también era como seguir el equilibrio de los cementerios. Complicado el tema, polémico (aunque fascinante, para desgranar).

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