En la mira de los denunciantes de Felisa Miceli apareció otro blanco, que surge de la declaración que hizo la ministra a tres diarios el sábado. Se refiere al presunto delito de «dádivas» que sanciona el artículo 256° del Código Penal para quienes acepten dinero a cambio de alguna promesa de gestión. Nadie ha acusado a la ministra de este delito, pero tampoco la exculpa de la investigación el hecho de que, según su confesión, el dinero para comprar el departamento se lo haya dado su hermano Ricardo.
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Si la Justicia dejase pasar este punto, se consagraría una vía nueva de impunidad: bastaría para evitar el delito con que una dádiva se le diera al familiar de un funcionario para que éste la trasladase amparado en la relación familiar.
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