Julio De Vido partirá su corazón el lunes próximo. Mientras su íntimo amigo -y fiel impulsor de su hijo Facundo- Julio Madaro, presidente de Enargas, almorzará en Caracas, él comerá en Nueva York. Todo sea para demostrar que las relaciones bolivarianas tienen más que ver con el dinero que con la ideología. En un pragmático como De Vido, creíble. Madaro estará en Venezuela para una cumbre energética en la que funcionarios del sector de ese país, Brasil y Bolivia analizarán con técnicos argentinos la viabilidad del gasoducto sudamericano que Néstor Kirchner anunció con Hugo Chávez la semana pasada. Se insistirá en el tema, más con retórica que con planificación concreta: nadie dijo hasta ahora -por algo será- cuánto costaría el millón de BTU (es la unidad comercial de medida del fluido y el nombre también de una empresa del sector) de gas venezolano puesto en Buenos Aires. Es el dato clave para saber si el gobierno argentino, que ha convertido a la clase media domiciliaria en la «vaca sagrada» de su política energética, está dispuesto a pagar el costo de esta solución. ¿O se trata sólo de marketing latinoamericanista para llamar la atención del gigante norteamericano?
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Esto último se sabrá en Manhattan, adonde llegará De Vido desde Venezuela, el martes próximo. Irá acompañado de una comitiva de empresarios argentinos que concurren con distintos gobiernos a las sedes del poder neoyorquino desde hace varios años. Muchos más de los que llevan Kirchner y De Vido en el poder, claro. Con el ministro estarán banqueros como Jorge Brito (harto de viajar a Nueva York por las operaciones de expansión de Macro-Bansud) o Luis Ribaya (Galicia), Eduardo Eurnekian y Ernesto Gutiérrez (de Aeropuertos Argentina 2000 y muy activos durante el conflicto de Aerolíneas Argentinas), los energéticos Marcelo Mindlin y Alejandro Macfarlane (Edenor), la agropecuaria Andrea Grobocopatel, el farmacológico Daniel Sielecki, además del senador por Córdoba Roberto Urquía, presidente de Aceitera General Deheza.
Entre los acompañantes de De Vido habrá varios colaboradores: desde el secretario de Energía, Daniel Cameron, hasta el administrador de la relación económica con la Venezuela chavista, Claudio Uberti, pasando por Guillermo Moreno, Jorge Mayoral y Cristian Folgar.
Todo comenzará el mismo lunes de la llegada, con una comida en lo de la anfitriona del Council of the Americas, Susan Seagal, antigua colaboradora del viejo «olimpo» de esa institución: David Rockefeller, Brian O'Neill, William Rhodes.
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Anoche se festejaba en las oficinas del ministro: le llegó la noticia de que ya hay 190 inscriptos para el seminario organizado por Seagal. Es decir, 120 más que para el que protagonizaron, también en la misma institución, los funcionarios de Brasil. Por lo menos se podrá desmentir que hubo que postergar la fecha de realización del simposio por falta de adherentes, como hacían correr en Buenos Aires los enemigos de De Vido, previsiblemente «lavagnistas».
La concurrencia numerosa acaso termine por inquietar a los hombres de Kirchner: ¿a qué se debe tanto interés?, ¿cuáles serán los interrogantes? Son preguntas pertinentes: llega a Nueva York el principal ministro del gobierno en el peor momento de las relaciones con los Estados Unidos durante la actual administración.
Para el titular de Infraestructura se trata de prejuicios, percepciones que él se propone despejar rápidamente gracias a las exposiciones que realizará en el Council. Es que el objetivo del viaje es, justamente, desmentir que en la Argentina esté desmejorado el clima para los negocios y que esa declinación se debe a De Vido. Como es sabido, el relato con que Lavagna abandonó el poder haciéndose pedir la renuncia está cimentado en esa tesis: la Argentina tuvo una recuperación extraordinaria gracias «a la gestión iniciada en abril de 2002» y todo sería sustentable si no fuera porque el ala política del gobierno no crea un ambiente hostil para la inversión, sobre todo en el área energética.
Anoche desde la oficina de De Vido se seguía convocando a empresarios para sumarse a la cruzada que pretende refutar esa impresión. Comenzó a trabajarse, convenientemente, el padrón de las multinacionales extranjeras: demostrar que en la Argentina se puede ganar plata amigablemente llevando a Nueva York a la «burguesía nacional» será bueno pero seguramente insuficiente para una buena operación de marketing. Ya garantizaron su asistencia José María Hidalgo (Endesa/Edesur), Carlos Fontes (Petrobras) y Eduardo Dutrey (AES).
El centro de la visita está cifrado en un encuentro que se realizará el martes, a las 15, durante tres horas. Allí se hará una semblanza para empresarios estadounidenses, en general funcionarios del área de relaciones corporativas de grandes compañías, acerca de cómo funciona hoy la economía nacional. Los encargados de exponer son Brito, Mindlin y Urquía.
Si éste será el pasaje más importante del viaje, seguramente no será el más divertido. Héctor Timerman, el cónsul general en Nueva York, promete una comida en su residencia con invitados clave para que De Vido termine de romper el hielo con la dirigencia norteamericana, inquieta por el curso que tomó la Argentina, en especial en materia de política exterior. Clave Timerman con esta comida y también por la organización de todo el viaje, que confirma su ascendencia en el nuevo esquema diplomático de la Cancillería. O, más todavía, expresa la declinación del embajador lavagnista José Bordón, quien poco tendría que hacer en favor de una visita de De Vido.
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