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8 de diciembre 2003 - 00:00

Default: superávit mayor a 3% haría creíble al país (y se crecería más)

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Es imposible, con un enfoque profesional, mostrar al mundo que estamos haciendo el máximo esfuerzo y que, por esa razón, no nos pueden exigir más. El Fondo Monetario Internacional, así como algunos sectores del empresariado local, no desea hacer este análisis y, frente a los medios, se encolumna en el texto que instaló el Ejecutivo. «Si tenemos que incrementar el superávit, no podremos crecer.» Esto no es real. Para crecer necesitamos ser creíbles. Y en consecuencia, hay que hacer propuestas razonables para salir rápidamente del default.

Entonces, ¿cuál es el verdadero esfuerzo? Un país que ha llevado a cabo tal nivel de incumplimiento debe mostrar que está decidido a realizar cambios profundos en la estructura del Estado para recuperar el lugar que había logrado dentro del grupo de naciones emergentes. Si el Estado hubiera hecho el ajuste necesario para lograr un superávit de 3 puntos del Producto Bruto Interno -neto de los impuestos que no regían anteriormente- estaríamos en condiciones de responder a los compromisos asumidos al emitir deuda pública soberana con una insignificante quita del valor presente de esos títulos. Eso se lograría reduciendo levemente la tasa de interés y con un pequeño estiramiento de los respectivos plazos de vencimiento. Ya hubiéramos salido del default, ya que nuestra propuesta habría sido aceptada. Por el contrario, las autoridades se empeñan, imaginamos que inconscientemente, en que nuestro país sea marginado. No podremos crecer sin avalancha de inversiones productivas del exterior. Reducir nuestro futuro productivo a los inversores locales es ponernos un límite muy cercano de crecimiento.



Debemos dejar esto de lado y utilizar el intelecto y la creatividad para reinsertar a nuestro país en el mundo. Hoy, los niveles de tasas de interés internacionales son los más bajos en muchos años y los precios que están alcanzando los commodities son los más altos, tomando promedios quinquenales. Con la tasa de interés a la mitad de los '90 y con valores por tonelada de nuestras exportaciones 30 por ciento superiores a los de la década pasada, estamos mirando cómo otros países se llevan la capitalización de fuertes inversiones productivas. Y esto se debe a que nuestras autoridades no tienen la visión necesaria de estadistas para aprovechar las circunstancias favorables que hay en el mundo productivo.

Están demasiado obsesionados en la quita de la deuda y no ven las oportunidades que pierde el país. ¿Cómo imaginan que el mundo nos puede considerar, cuando estamos proponiendo una confiscación innecesaria? Deben recordar que a quienes están perjudicando no son ni al FMI ni a cualquier otro organismo de crédito internacional ni a grandes bancos o multinacionales. Son, en su mayoría, ahorristas que creyeron en nuestro país.



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