30 de noviembre 2001 - 00:00

Definen inminentes y muy fuertes medidas cambiarias y bancarias

La continua salida de fondos de los bancos amenaza colapsar el sistema. El último dato oficial fue un retiro de $ 222 millones sólo del sector privado el martes. El miércoles y ayer habría sido mayor. En la víspera, por ejemplo, el dinero que se prestan los bancos entre sí (el call), entre los pocos que tienen dinero y los muchos que lo requieren por vencimientos no renovados llegó al elevado valor de 300% anual, cuando en épocas normales oscila entre 7% y 10%.

El retiro de fondos es el «relojito» de la confianza pública que se mueve independientemente -y ahora se aceleró- de los planes que con ahínco trata de elaborar Economía.

Los bancos con casa matriz en el exterior han recibido la negativa de que les lleguen desde allí fondos. Circunscriben el problema a la Argentina y esto amenaza colapsar al sistema bancario.

Independientemente de los planes de reestructuración de la deuda pública llevándola a un interés de 7% como máximo, del problema de lograr la misma tasa para las deudas provinciales, de la situación de acreedores internos y externos de esa deuda, de la emisión de bonos provinciales y de otras medidas en cuestión, trascendió que ayer Economía, frente a la aguda situación de los bancos por los retiros, debió abocarse de urgencia a medidas contra esta situación que amenaza a todo el plan económico vigente y el alternativo en gestión entre industriales, banqueros y gobierno.

El «relojito» de los retiros no da respiro. Las medidas que se estarían analizando para ponerlas en marcha en forma inminente, dada la grave situación surgida, serían:

1) Dolarización de activos y pasivos en el sistema financiero. Todos los préstamos y los depósitos que tienen empresas y el público pasarían automáticamente a dólar. Con esto quedarían sólo con valor en pesos las monedas y billetes que circulan y los bonos nacionales y provinciales. Significa casi la dolarización total de la economía argentina pero no afecta mayormente al público.

2) Se podría disponer que todo el movimiento monetario se haga en cheques. Significaría que no hay retiro en pesos de los bancos sino que entregarían un cheque cruzado, sólo para depositar en otro banco, y que se puede endosar. Con esto se buscaría mantener el dinero en el sistema y no se podrían retirar fondos en efectivo, dólares o pesos. Podría venir junto con una resolución de bajar el mínimo de $ 1.000 a $ 100 de las operaciones que ya hoy es obligatorio realizar con cheques. También obligaría a usar sólo tarjetas de crédito o débito para comprar o vender, con lo cual tampoco el dinero saldría del sistema.

Esto blanquearía la economía por trabar operaciones en negro, aunque puede aumentar el desempleo. Mientras el público y empresas mantengan fondos en bancos no ganan ni pierden. Guardar dólares o billetes al contado no serviría salvo operaciones muy pequeñas (ejemplo, pagar un taxi). Claro que podría surgir un mercado paralelo para hacerse de efectivo (por ejemplo, viajes al exterior). La medida sería trasitoria hasta recuperar la confianza de los ahorristas. Con anterioridad se hizo con el Plan BONEX (enero de 1990, ministro de Economía Erman González) frente a los coletazos de dos hiperinflaciones.

3) Habrá que justificar la salida de fondos al exterior. Esto rige en varios países como Brasil y Chile. Hay que informar por qué se giran fondos propios al exterior (para compras, turismo, giros a familiares, ganancias empresarias, pago de créditos e ingresar insumos en general). Sería un trámite burocrático de «informar» porque subsistiría el mercado libre de adquisición de divisas (con cheques por medida 2). Pero el gobierno podría tornarse exigente con las justificaciones y los que puedan, es obvio, tenderían a sobrefacturar las importaciones para que les dejen fondos en divisas en el exterior.

4) Podrían disponer sacar del «clearing» bancario a entidades provinciales cuyos gobiernos se extralimiten en la emisión de bonos.

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