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Néstor Kirchner
Se sabe que el justicialismo fue históricamente un sistema de gerenciamiento político donde un directorio -en general siempre bien identificado- elige al gerente general que convenga en la ocasión. Así Eduardo Duhalde puso a Néstor Kirchner en las puertas de la Casa Rosada.
Ese directorio -que su vez se alimenta de la presidencia para mantener los gobiernos locales- comenzó a dar muestras de hartazgo, tanto con los modos como con las decisiones que toman los Kirchner. Se vio ya en las posturas que tomaron gobernadores peronistas y dirigentes en Córdoba, Santa Fe o Salta.
El fin de semana esa sensación se multiplicó entre legisladores e intendentes, aunque el coraje no alcanza todavía para hacerlo público. Un paseo por el Congreso, por ejemplo, mostraba un panorama complicadopara el gobierno. «Creer que el enfrentamiento los beneficia, sin tener elecciones a la vista es una locura. Hoy no hay por donde salir.» La frase no corresponde a un « golpista» del campo, sino a un integrante de la mesa de conducción de la bancada kirchnerista de Diputados.
En el Senado, donde la situación es más calma dentro del peronismo, pero residen los referentes que más distancia ponen del gobierno, las definiciones son igualmente duras. «Dentro de su lógica, el gobierno está dipuesto a todo y a llevarse por delante a quién sea. El problema es que no hay una estrategia, hay una postura. Sólo una manera de reaccionar frente a esta crisis», se quejaba un senador ante este diario.
Pero siempre en medio de esos razonamientos, surge siempre como denominador común la apelación al peronismo profundo como solución: «Mientras Kirchner mantenga unido al peronismo no tiene problemas. Ahora bien, pocos saben quién va a poder armar la próxima lista», se dice con vistas a octubre del año próximo.
Es claro que la consigna dentro del peronismo sigue siendo encolumnarse detrás de Néstor Kirchner y aguantar, «pero no se aguanta más», confían algunos diputados.
El problema para ellos no es la posición que tienen que tomar de martes a jueves en los recintos apoyando al gobierno, adonde llegan después de reuniones de bloque de Diputados y el Senado, donde ya son habituales las sesiones de catarsis general que deben soportar Agustín Rossi y Miguel Angel Pichetto. La cuestión son los fines de semana cuando vuelven a sus provincias y los peronistas deben soportar de sus votantes maltratos constantes.
Nadie espera que haya, por ahora, un estallido interno, pero las imágenes del sábado que les llegaron desde Gualeguaychú complicaron el difícil equilibrio. De hecho fue notorio que, aunque en privado, la estructura comenzó a crujir más que de costumbre este fin de semana.



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