Pagar los próximos vencimientos de deuda con los organismos internacionales (FMI, BID, Banco Mundial) con las reservas del Banco Central o entrar en default es el dilema que hoy enfrenta el gobierno. Cualquiera de los dos caminos lleva al país a la peor de las situaciones económicas. Proteger las reservas y no pagar la deuda implican que la Argentina sea suspendida del FMI, del Banco Mundial y de otros organismos multilaterales. Se terminaría la última posibilidad de crédito para el próximo gobierno, porque ya no podrá acceder por muchos años al mercado internacional de capitales, vía bonos. Al pedir una quita de la deuda privada, consigue pagar menos, pero se debe olvidar de nuevos préstamos. La ventaja de no pagar radicaría en que defendería las reservas para controlar mejor el dólar (aunque esto es relativo) y en dejarle al gobierno próximo una mejor herencia. Si utiliza las reservas y paga la deuda a los vencimientos, se mantendría dentro del mundo, pero al costo de una gran hiperinflación por una fuerte disparada del dólar. Esto porque el mercado y quienes son compradores potenciales de dólares atacarán las cada vez menores reservas del Central. En realidad, se trata de dos opciones pésimas, y hay que decidir cuál es el mal menor. Pero el mensaje para el gobierno es que haga los deberes, de una vez por todas, y acuerde con el Fondo.
Con relación a la decisión de echar mano a las reservas o no, los economistas advierten que la Argentina deberá elegir «no pagar» porque de lo contrario se estaría saltando al vacío, con el riesgo de quedarse sin reservas, sin acuerdo con el FMI, y desencadenar un ciclo inflacionario que podría derivar en una hiperinflación. Pero también saben el extremo que significa ser expulsado del Fondo Monetario, Banco Mundial y otros entes por mora. Tan grave es, que también subiría el dólar y hay riesgo de híper. En realidad, ante dos opciones pésimas, los consultados dicen: «Hagan los deberes, acuerden con el Fondo». Pero eso significa costos políticos que este gobierno no quiere asumir. El ex presidente del Banco Central y actual economista del FMI,
Caer en default con los organismos internacionales es un problema muy serio, pero reducir las reservas del Banco Central a un nivel insostenible también sería muy peligroso y no se puede hacer. Las declaraciones de Krueger reflejan cierta frustración del organismo sobre sus políticas hacia la Argentina, porque el FMI querría acordar algo con el país y llegar a algún tipo de acuerdo. El interés político de los grandes accionistas del Fondo es encontrar la forma en la cual la Argentina no tenga que caer en default con los organismos.
En el próximo trimestre vencen u$s 1.900 millones y la posición de reservas es de u$s 9.400 millones. O sea, que pagar con reservas representa 20% de ellas. La oferta potencial de dólares es pobrísima e implica en realidad que no existe oferta de dólares si hoy hay que pagar a los organismos internacionales. Si usan las reservas con el nivel de demanda potencial de dólares que hay, vendrá una inestabilidad importantísima en el mercado cambiario y aumentará el riesgo de hiperinflación. Descartamos un acuerdo tipo Brasil con el FMI. Hay dos escenarios factibles, un posible acuerdo en cuotas peleándola mes a mes, lo cual genera inestabilidad cambiaria con aumentos del dólar pero menor riesgo de hiperinflación, o bien un acuerdo puente que signifique posponer vencimientos a 2003. Creo que la Argentina no tendrá que pagar. Se inventará alguna ingeniería contable, con un pago mínimo.
El default con organismos internacionales de crédito es inconcebible de pensar. Parece no saberse que tal desastre no se arregla luego con ligereza diciendo: «Bueno, ahora sí pago lo que dejé de cumplir». El retorno a los organismos de un moroso es mucho más caro. Sucedió con países chicos y en definitiva siempre hubo algún país que facilitó 200 o 300 millones de dólares, pero ¿quién le prestaría a la Argentina 10.000 o 15.000 para recomponer su situación si hay default también con organismos?
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