Como la música, decía Borges, las matemáticas pueden prescindir del universo, “cuyo ámbito comprenden y cuyas ocultas leyes exploran”. El deslumbramiento de Borges por las matemáticas guardaba, en su fuero íntimo, una conexión vital con lo anticipatorio. De la misma forma, podríamos decir que en el título de esta nota se cifra (por nombrar un verbo que le era caro al maestro) la clave de lo que viene. La oferta hecha por el Gobierno argentino en el canje de deuda implicaba, en términos del valor de la oferta, a un número. La ecuación de la propuesta argentina es sencilla: se agregan, en orden, los datos de años de gracia, devengamiento de intereses, quita y recorte de capital, mientras se descuenta la prima de riesgo-país y lo que se denomina “exit yield” que definen inversores. Ese dato rondaba los u$s40, es decir, el valor presente de los nuevos bonos. Ergo, por cada 100 dólares Guzmán ofrecía 40. Del otro lado, los acreedores se subieron (el verbo es excesivo) a la mesa de negociación, en la zona de los u$s70, aunque BlackRock era el más duro y se iba incluso más arriba. Bien.
Llegaron después las contraofertas de los acreedores. El Gobierno había cometido un desliz al dar a conocer lo que pedía BlackRock. Esto hizo que, al enterarse, y durante algunos días el resto de los acreedores se alineara, en parte, con el que pedía más. Sin embargo, la estrategia de la Argentina -que gestionó respaldos en todo el orbe y los consiguió-, hizo que los acreedores presentasen hace unos días una contraoferta: en resumen, y en promedio, el valor de esa propuesta se ubicó en la zona de los u$s58.
Es por eso que, en función de cómo viene dándose la negociación, y aunque los protagonistas señalan que es todo bastante sensible y delicado, puestos a especular hay quienes señalan que la zona obvia donde aterrizarán las expectativas se ubica en los 48, 50 o 52 por cada 100. O quizás alguna cifra cercana. En el palacio de Hacienda calculan que cada dólar de valor presente que resignan los acreedores equivale a unos u$s135 millones por año aproximadamente, tomando como supuesto un plazo de 20 años para esa deuda, es decir que la Argentina, mediante la negociación, estaría logrando una rebaja significativa no menor a los u$s30.000 millones, todo mérito del ministro Guzmán, quien superó las provocaciones y se afianzó con una estrategia que, a la luz de los acontecimientos, pareciera estar preocupándose por manifestarse como la acertada. Por supuesto, la Argentina terminaría cediendo también de la posición inicial, pero podría pensarse que en una negociación, esa es la dinámica. La suma de las partes dibujan, en este caso, un todo. Suma cero. O, como diría Borges, el aleph.
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