Por Miguel Braun, economista de Fundación Pensar.-El plan Capitanich fracasó. El jefe de gabinete desembarcó con un plan: ni cambio de rumbo ni revolución bolivariana. El paquete de medidas buscaba mejorar las expectativas con medidas gestuales (la salida de Moreno, el relanzamiento del IPC, una negociación con el PJ, la indemnización de Repsol y negociaciones con el CIADI, el Club de París y los holdouts) y correctivas (la suba de impuestos a los autos importados, una mayor devaluación, aumento del recargo a las compras en el exterior con tarjetas, otro congelamiento de precios). También se anticipaba una corrección de tarifas y subsidios, frenados por los cortes de luz de diciembre.
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Esta semana quedó claro que el plan fracasó, aunque en esta misma semana hubo más medidas gestuales (el ministro Kicillof estuvo en negociaciones infructuosas en París) y correctivas (el anuncio de limitaciones a las compras por Internet). La persistente sangría de reservas y el aumento del blue sepultaron la intención de estabilizar un modelo que está agotado.
¿Qué está pasando ahora? En el mejor de los casos, estamos ante un plan de estabilización heterodoxo. A pesar de las declaraciones de la presidente, quien dijo el miércoles que "los que pretenden ganar plata a costa de una devaluación que tenga que pagar el pueblo van a tener que esperar a otro gobierno", el jueves el BCRA dejó que el dólar oficial escalara 86 centavos hasta ubicarse en los $8, mientras el blue superó los $13.
La idea, de vuelta, en el mejor de los casos, sería devaluar, reducir la brecha entre el blue y el oficial y en lo posible unificarlos, bajar la emisión monetaria moderando el aumento del gasto público y hacer un acuerdo de moderación de precios y salarios en las paritarias. Las medidas anunciadas hoy a la mañana intempestivamente por el Jefe de Gabinete y el Ministro de Economía (el regreso del cepo originario y una reducción del recargo de compras con tarjeta del 35% al 20%) buscarían, en este marco, calmar las expectativas de los sectores medios-altos y ganar tiempo hasta el lunes.
Por Miguel Braun, economista de Fundación Pensar.- ¿Cómo sigue la situación? Lo que nos enseña la experiencia de devaluaciones anteriores es que todas las devaluaciones exitosas vienen acompañadas de un plan monetario/cambiario consistente, con pautas fiscales acordes y generalmente con mecanismos adicionales para coordinar expectativas. Las devaluaciones que no vienen con planes de este tipo, en cambio, corren alto riesgo de caer en una espiralización de devaluación e inflación.
Lamentablemente, con la información disponible hasta el momento es difícil ser optimistas. Sigue sin aparecer un plan monetario y fiscal coherente; vemos, por el contrario, lo que parece ser un importante grado de improvisación (como muestra el aumento a 35% del recargo de compras con tarjetas en diciembre y su vuelta a 20% esta semana, por ejemplo).
Hay, además, una debilidad política obvia, con una presidente que no tiene reelección y que perdió en las elecciones de medio término: ¿cuán creíble es para actores sindicales y empresariales cualquier acuerdo con un gobierno así? Esta percepción de debilidad es mayor cuando vemos las diferencias cada vez más evidentes entre el Jefe de Gabinete, el Ministro de Economía y el Presidente del Banco Central.
Las perspectivas del gobierno de mantener el rumbo entre una revolución bolivariana y un ajuste ortodoxo, que veíamos estrechas en diciembre, se han acotado significativamente. Es hora de convocar a todos los sectores políticos para consensuar un plan económico serio, en el marco de una transición ordenada de poder en 2015.
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