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22 de abril 2026 - 00:00

Diálogos de Wall Street: EEUU y los mercados vislumbran un acuerdo para evitar guerra larga

EEUU e Irán acordaron volver a reunirse para negociar en Pakistán. Esta vez sobre el filo del cese de fuego. ¿Qué cabe esperar, Gordon Gekko?

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Gordon Gekko espera conversaciones, percibe tregua como precaria pero mejor alternativa a la guerra.

Periodista: Se consumió la tregua original. Dos semanas con el agregado de un día adicional. ¿Qué se consiguió? ¿Hubo avances? ¿Cómo sigue la película? La guerra continúa, más allá del cese de fuego con sus episodios aislados de ruptura. ¿Cabe esperar que se prolongue el statu quo actual? ¿O algún jugador querrá forzar una definición más rápida y volver a las armas para imponer su criterio?

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Gordon Gekko: Hacen falta dos para el tango, así como para extender la tregua. Y, haciendo caso omiso a las fintas y los amagues, esos dos están dispuestos a sentarse otra vez a conversar en Islamabad. Israel podía boicotear esta iniciativa, desafiándolo a Trump o con su apoyo tácito. Pero lo que vimos la semana pasada fue otra realidad. El presidente gestionó un cese de hostilidades de Israel con el Líbano. Breve, por diez días, que también se consumirán pronto. Todo es así. Precario.

P.: Pero de una precariedad que se mantiene

G.G.: Insatisfactoria para las partes, pero mejor que las alternativas que tienen a mano.

P.: EEUU continúa acumulando tropas y pertrechos en la región. ¿No querrá utilizarlos y aumentar el costo del conflicto para Irán?

G.G.: Esa es la idea del bloqueo naval, que, por imprevisión, no ejecutó desde el primer día. Ahora tiene los medios suficientes en el lugar donde debían estar desde un principio.

P.: ¿No querrá escalar?

G.G.: Como querer, sí. Pero ha tenido sumo cuidado de no hacer ninguna movida cruenta. Y si vuelve a despachar al vicepresidente JD Vance a Pakistán, antes inclusive de que Irán confirme su asistencia, está claro que todavía prefiere conversar que pasar a mayores.

P.: La idea de la Administración es que con el bloqueo extendido se le hará la vida imposible a Irán debido al desabastecimiento creciente y la reducción abrupta de su flujo de ingresos (que se benefició enormemente en las primeras semanas de la contienda). ¿Es así?

G.G.: Es así, aunque Irán tiene otras vías terrestres de aprovisionamiento y despacho de combustibles (que son mucho más restringidas). La vida será un calvario, peor de lo que ya es ahora. Seguro. Pensar que esto va a definir la guerra… O un cambio de régimen favorable a Washington es una exageración. Sí va a permitir negociar con un mayor interés iraní. Y en una mejor posición relativa. Pero el hueso duro que impide arreglar el problema de fondo, e irse de la región, que es lo que busca Trump, esto es despejar la libre navegación por Ormuz no se va a conseguir así.

P.: ¿Por más que el bloqueo naval se prolongue? ¿O se haga más estricto?

G.G.: Irán va a sufrir más, pero no se va a desmoronar. Y controlar Ormuz es la llave que le da un gran poder en esta encrucijada, a pesar de todas sus aflicciones y carencias. No la va a ceder si no es por la fuerza.

P.: Vamos a la guerra, entonces. Tarde o temprano.

G.G.: Estamos en guerra.

P.: Volveremos a los bombardeos. Quizás haya que poner tropas en el terreno.

G.G.: A menos que se acepten sus condiciones para reabrir Ormuz. Que eso también es posible. Y es lo que Trump tiene que resolver y no le encuentra la vuelta.

P.: Volver a la guerra abierta es posible. Wall Street parece pensar que no. En sus precios, el final de la guerra ya está incorporado.

G.G.: Así es.

P.: ¿Es una muestra de excesivo optimismo?

G.G.: El tiempo dirá si es excesivo. Trump va a salir del laberinto en que se metió creyendo que esto era un bis de Venezuela, negociando. Como hizo con Caracas. Pero tendrá que aceptar condiciones y no podrá fijarlas él a su discreción, como hizo con los chavistas, una vez capturado Maduro.

P.: ¿Qué tipo de condiciones?

G.G.: Irán querrá regular el tránsito por el estrecho de Ormuz.

P.: Lo que no hacía antes de la guerra.

G.G.: Tal cual. Es el formato que vimos en el brevísimo acuerdo del viernes, cuando Irán y Trump anunciaron la reapertura de la navegación.

P.: Por algo no se sostuvo.

G.G.: Trump dijo primero que sí y después mantuvo el bloqueo naval. O sea, después, dijo que no. Se contradijo.

P.: Sería una derrota geopolítica. Que Irán, a partir de ahora, diga quién puede o no puede pasar.

G.G.: Y por dónde. Y figuraba también la pretensión de cobrar un peaje, disfrazado como una comisión para cubrir costos de seguridad.

P.: La Bolsa, con sus cotizaciones en récord, descarta que todo esto se va a arreglar antes de virar nuevamente a un enfrentamiento militar encarnizado.

G.G.: Antes o después, pero se va a arreglar. Y en todo caso, el enfrentamiento puede ser encarnizado, pero será breve como para justificar pagar estos precios ya, y no sentarse a esperar.

P.: Es una exhibición de optimismo.

G.G.: Trump ha dicho estos días, entre otras cosas, que su acuerdo va a ser mejor que el que hizo Obama en 2015 (el Acuerdo Nuclear con Irán o P5+1). Alienta claramente esa expectativa.

P.: Hoy lo repitió.

G.G.: La alternativa sería tomar el estrecho por la fuerza, y luego tener que conservarlo, y velar por la seguridad de los buques a lo largo de una costa de más de mil kilómetros, desde donde Irán, aun vapuleado, puede atacar con misiles, drones y lanchas rápidas. Si Trump estuviera dispuesto a hacer este esfuerzo combativo de larga duración, de comprometerse en serio en una guerra que no será popular, la Bolsa debería rever su posición.

P.: Eso parece más lejos todavía de la realidad.

G.G.: Por eso yo diría que donde el optimismo de la Bolsa es más pronunciado es en la evaluación de las consecuencias del conflicto. Trump e Irán podrán anunciar un acuerdo y congratularse mutuamente por la victoria. La Bolsa confía no solo en que así será sino también en que la economía va a poder evitar los efectos más dañinos de los destrozos ya producidos y del taponamiento de dos meses que opera en Ormuz, y que podría prolongarse si se dilata la solución diplomática. Una recesión obligaría también a repensar la validez del rally. Y la Bolsa, en este punto, no tiene dudas. Los precios del crudo y de los bonos, sí. Pero las acciones denotan una fe rotunda.

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