Periodista: ¿Es la hora finalmente de un acuerdo de paz con Irán? Y, se sobrentiende, de la reapertura de la navegación por el estrecho de Ormuz.
¿Llegó el tiempo del acuerdo de paz en Irán, Gekko? ¿O es una falsa señal como tantas otras que propala el presidente Trump? ¿Qué harán los mercados? ¿Llega por fin un freno para el ascenso de las tasas largas y el alivio para los bonos? ¿Se crea el espacio para que la Fed pueda pensar de nuevo en bajar las tasas?
Gordon Gekko cree que el acuerdo es inminente, aunque los detalles y su alcance aún no están claros.
Periodista: ¿Es la hora finalmente de un acuerdo de paz con Irán? Y, se sobrentiende, de la reapertura de la navegación por el estrecho de Ormuz.
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Gordon Gekko: La quinta vez debería ser la vencida.
P.: Trump lo anunció cinco veces por las redes sociales, pero nunca pareció tan verosímil. ¿Cree que esta vez va en serio?
G.G.: Nunca antes hubo tanta urgencia, es cierto. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha dicho que estamos cerca, pero que aún no estamos ahí. Así que todavía falta, por lo menos, un golpe de horno.
P.: Dijo que Trump quiere un “buen acuerdo” o no habrá acuerdo.
G.G.: Elemental, Watson. Si Trump lo aprueba, por definición oficial tiene que ser bueno.
P.: Los mercados, en principio, lo dan por bueno.
G.G.: Que la Bolsa clave nuevos récords no significa nada, porque el mercado bull es una embestida formidable a prueba de balas. Pero la caída de las tasas largas, sí, es una señal positiva. Indica una descompresión visible donde regía una tensión creciente…
P.: Paradójicamente, los precios del crudo, primero bajaron, pero después subieron con las noticias de que las fuerzas de EEUU habían atacado a lanzadores de misiles iraníes y también a lanchas rápidas que estaban colocando minas submarinas.
G.G.: Toda cotización por debajo de los 100 dólares, a esta altura, es un voto de confianza a que el conflicto se arregla relativamente rápido. El barril de WTI debajo de 90 dólares es casi una semiplena prueba. Así que súmelo a la lista de señales auspiciosas.
P.: Irán reconoce que hay avances en la negociación. Esta vez no es solamente Washington.
G.G.: La televisión iraní difundió un borrador del memorándum de entendimiento, que Trump desestimó como una “fabricación”. Es una manera de preparar a la opinión pública.
P.: Pero Teherán, a la vez, acusa que los ataques de EEUU rompieron el cese del fuego pactado de manera flagrante. ¿No es una contradicción?
G.G.: Que le hace una mancha más al tigre. Esto es una guerra. Todo vale. Yo diría que esos ataques, que sacuden la abulia de la tregua, confirman que algo significativo se está gestando. Los vimos también en la antesala de la tregua del 7 de abril. La mayor agresividad de Israel es otra señal inconfundible.
P.: ¿Podemos pensar que en junio se reabre la navegación por Ormuz?
G.G.: El fin de semana, Polymarkets estimaba 75% de probabilidades.
P.: Cuando Trump dio el acuerdo de paz como ampliamente negociado…
G.G.: Tal cual. Pero ahora, con más elementos de juicio, arriesga una cifra menor: 42%. Para fines de julio se estira a 62%.
P.: ¿Qué pasó?
G.G.: De un día para el otro, Trump cambió su discurso. Lo que estaba prácticamente cerrado resulta que estaba por negociar.
P.: ¿Y usted qué piensa?
G.G.: Que el acuerdo debe estar esbozado y discutido ya en sus líneas generales, pero que la mayor dificultad para ambas partes estriba en cómo comunicarlo. Así las cosas, lo que empezó es una guerra de versiones. Cada cual necesita imponer su narrativa. Por fortuna, son públicos distintos y audiencias segmentadas. Irán, muy tímidamente, está levantando la veda local a internet.
P.: Ya sabemos que Trump no exige – como al principio - la rendición incondicional de Irán.
G.G.: Pero no sabemos qué tendrá que conceder. Por eso el kilométrico posteo en Truth Social que daba cuenta de un acuerdo inminente el fin de semana. El diablo está en los detalles. Y para que no se note hay que taparnos de información muy cargada en detalles.
P.: No sonaba creíble aquello de que Arabia Saudita y Pakistán, como parte del arreglo, estaban dispuestos a sumarse a los Acuerdos de Abraham con Israel.
G.G.: Ni tampoco que fuera necesario. Es relleno. Trump necesita una cortina de humo y hacer bulto. La guerra fue una decisión unilateral suya. La paz, pareciera ser a instancia de los demás. Una responsabilidad compartida con un lote amplio de países que no quieren que haya más combates. Se diluye el hecho de que es una definición que toman los EEUU. Casi como si fuera un acto de cortesía. Es como si Trump les hiciera una concesión a ellos y no a Irán.
P.: ¿Qué es lo que hay que mirar en concreto? ¿Qué es lo relevante? ¿Solamente las condiciones de navegación por el estrecho de Ormuz? ¿La suerte del programa nuclear iraní? ¿La disposición del uranio enriquecido? ¿No importa acaso el compromiso de Teherán sobre el sostenimiento de los grupos proxies – como Hamás y Hezbolá - que alimenta en toda la región?
G.G.: Lo que urge es restablecer la circulación comercial en Ormuz. Lo otro es importante, pero no es urgente. Y demandará tiempo negociarlo en serio. En 2015, llevó meses, sino fue el fruto de negociaciones de años. Hoy los tiempos son perentorios. El acuerdo de paz se apura para evitar una crisis de energía ominosa. A los mercados les interesa que la navegación se retome cuanto antes y con la mayor fluidez posible. Pero la política, que no es indiferente a esa necesidad, máxime en un año electoral, tiene también su propia lógica que satisfacer. Trump debe presentar el acuerdo como una victoria que justifica la magnitud de la operación militar realizada. Tiene que ocultar las concesiones para que Irán permita el pasaje seguro por Ormuz.
P.: Es difícil pensar que Irán ceda el control de Ormuz a cambio de nada.
G.G.: Correcto. Y el error ya se cometió. Es mejor aceptar la realidad tal cual es ahora y no postergarla indefinidamente. Porque la crisis de la energía se hace más complicada de manejar cada día que pasa y faltan 12 o 14 millones de barriles de crudo. Esa es la lógica natural del acuerdo. Achicar pérdidas y evitar una colisión inminente. No es la consagración de ninguna hazaña que merezca ser imitada.
P.: A los mercados no les interesa mucho la geopolítica. Si Ormuz vuelve a ser navegable, ¿se cierra el capítulo de alta incertidumbre que nos persigue desde que comenzó la guerra? ¿Ya habremos visto lo peor en los mercados que hoy se mantienen en vela y más castigados? Me refiero, por ejemplo, a la energía y los bonos.
G.G.: La solución al bloqueo va a ser escalonada, no inmediata. Pero si es creíble, la prima de riesgo Ormuz bajará para todos. Por anticipado. También para la Bolsa y los commodities. Entendamos que sin energía íbamos a un destino de recesión y alta inflación que no se podía evitar, tarde o temprano. Remover ese riesgo es el dato clave de la negociación…
P.: Un hombre del presidente, Kevin Hassett, su candidato favorito para comandar la Fed, pero que no dio la talla, dijo que si se reabre Ormuz el banco central tendría espacio para bajar las tasas de interés. ¿Piensa que es así? ¿Esa es la motivación de Trump?
G.G.: Como ya se dijo, el comandante Trump le arruinó los proyectos de política interna que tenía el presidente Trump. La guerra fue un fiasco. La paz, por lo menos, acotará los daños. En principio, le permitirá a Kevin Warsh conducir la Fed sin chocar ni con sus colegas ni con la Casa Blanca. Podrá sostener la postura que heredó de Jay Powell: el ver y esperar. Mantener las tasas de interés será una postura razonable en ese contexto y no una irresponsabilidad o un signo de obediencia a Trump. No dañará su reputación, que es el activo que tiene que construir. Y créame que habría que subirlas si la reapertura de Ormuz se dilata mucho más allá de julio. O si no se produce con una hoja de ruta que sea clara y convincente.