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17 de septiembre 2026 - 00:00

Diálogos de Wall Street: la Fed de Kevin Warsh subió las tasas, ¿comienza un ciclo alcista?

Créase o no, la Fed de Warsh aumentó las tasas. Lo hizo a propuesta del nuevo chairman y se votó por unanimidad. ¿Cómo sigue la película, Gordon Gekko?

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Los mercados, hoy, esperan por lo menos un par de aumentos más. Pero, una tregua en Irán los haría cambiar de opinión. Nada está escrito en piedra.

Periodista: La Fed no sorprendió a los mercados. Hizo lo que los futuros descontaban. Aumentó un cuarto de punto la tasa de fed funds. La ubicó en el rango 3,75% -4%. También elevó en un cuarto de punto la tasa de crédito primario a 4%. Usted esperaba que Kevin Warsh liderara la votación y así fue. Comandó una decisión unánime. Todo el mundo, los doce votantes, estuvieron de acuerdo. ¿Algo que objetar?

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Gordon Gekko: Nada. Que Warsh se ponga al frente de la decisión es muy bienvenido.

P.: ¿Por qué?

G.G.: Porque contradice la forward guidance que ya no provee el chairman, pero sí la Administración Trump.

P.: La idea de que Warsh no quería subir las tasas, pero enfrentaba un directorio hostil que podía imponerle una “mala” decisión.

G.G.: Tal cual. El retoque de tasas, el primer alza en tres años, fue una iniciativa de Warsh y no el fruto de una disidencia – mucho menos, un motín interno - que no pudo controlar.

P.: El liderazgo de Warsh había quedado desdibujado después de las tres disidencias que surgieron en la reunión de julio.

G.G.: Así fue. Pero lo más dañino fue la incapacidad de Warsh de dar una respuesta convincente de por qué se tomó entonces la decisión de mantener las tasas sin cambios. El gobernador Waller, el 3 de septiembre, explicó sus razones para apoyar la moción y la reacción de los mercados fue comprensiva. Y Waller delineó con extrema claridad cuál era su función de reacción. No dejó dudas. Warsh no supo hacerlo. Y, por defecto, lo que todo el mundo conoce es el modus operandi de quienes promovieron su llegada a la Fed.

P.: ¿Trump y Bessent?

G.G.: Elemental, Watson.

P.: ¿Por qué subió las tasas la Fed, entonces? ¿Porque está convencida de que es lo correcto o para señalar su independencia?

G.G.: Lo dice el comunicado, que es parco pero preciso: porque la inflación se mantiene elevada. Y porque no ve problemas que le quiten el sueño en el empleo ni en la economía real.

P.: ¿No era cierto acaso en julio?

G.G.: La decisión, a mi juicio, ya estaba para ser tomada en julio. Hoy, después de haber visto correr la data de empleo e inflación, y de haber tomado nota de la evolución de la guerra en Irán, es más claro todavía. De ahí, la unanimidad. Un pequeño ajuste ahora evitará la eventualidad de tener que tomar una decisión drástica, y más corrosiva, más adelante.

P.: Mucha gente dice que la suba de tasas es un error. Que Warsh, en Jackson Hole, tratado de corregir la mala repercusión de su paso en falso en julio, se arrinconó él solito. Dejó librada la decisión a la suerte de un único dato, la inflación minorista de agosto. Y como el número salió elevado, ya no tenía marcha atrás.

G.G.: No tiene mucho sentido definir una decisión así por el resultado de una única lectura de un indicador. Eso sí sería un error grave. Pero la decisión no se tomó por un dato puntual, sino por un caudal más que generoso de evidencia que se acumula hace meses en oleadas sucesivas de informes. La Fed se tomó su tiempo antes de actuar. Los mercados comenzaron a subir sus tasas en marzo. Warsh no está pecando por precipitado. Es al revés, se durmió al timón en julio y ahora recorre la huella que ya le marcaron los mercados. La tasa de dos años se ubicaba casi un punto porcentual completo por encima de fed funds. Y lo que acaba de subir es apenas un cuarto de punto.

P.: La tasa de dos años volvió a trepar después de la decisión. ¿No le está corriendo el arco a Warsh?

G.G.: No, la brecha se redujo en 22 puntos base.

P.: ¿Cree que esto alcanza para aplacar la inflación? ¿Cuán efectiva puede ser una suba de tasas si la guerra en Irán prosigue y no se resuelve la escasez de energía?

G.G.: A juzgar por el mapa de puntos (en su versión sin la opinión de Warsh) hará falta otro retoque antes de terminar el año. La inflación caerá más de un punto el año que viene, según las mismas proyecciones.

P.: ¿Usted qué piensa?

G.G.: Si no fuera así, nada impide aumentar la dosis. Las tasas son flexibles. La Fed bajó tres veces las tasas en 2024 (100 puntos base) y otras tres veces (75 puntos base) el año pasado. Los mercados, hoy, esperan por lo menos un par de aumentos más. Pero, una tregua en Irán los haría cambiar de opinión. Nada está escrito en piedra.

P.: A Warsh le preguntaron si esta suba es la primera de una sucesión de aumentos. Y prefirió no pronunciarse.

G.G.: No da forward guidance. No lo olvide. No dice qué va a hacer. Esa es su política de comunicación. Y tiene derecho a guardar silencio. Por eso el mapa de puntos se revalorizó. Pero el tema principal, no es ese. Sinceramente, lo más urgente es evitar que se agrieten las expectativas de inflación. Y en esa inteligencia, influye muchísimo que no se arruine la credibilidad del banco central. Warsh es un crítico muy ácido del desempeño de la Fed. Heredó una inflación que hace cinco años y medio excede la meta oficial de 2%. Pero, a la par, recibió un legado sólido de credibilidad que es lo que permite que la vida continúe sin sobresaltos. Ese activo vale oro. Sería un crimen imperdonable estropearlo. Siendo Warsh tan feroz en la crítica al pasado reciente, no tenía sentido que permaneciera de brazos cruzados. Y era muy delicado que dejara crecer la impresión de que la dominancia fiscal, a instancias de la Casa Blanca, cuya presión política es innegable, se iba a hacer cargo de la política monetaria.

P.: El secretario Bessent, que se abstuvo de decirle a Warsh qué debía resolver, señaló sin embargo que no era usual que la Fed subiera las tasas de cara a un shock negativo de oferta, como es la crisis de energía.

G.G.: Es que existe un shock favorable muy potente de demanda y de oferta que está operando en simultáneo. El auge de la IA. Por eso la Fed elevó también la tasa real de equilibrio de largo plazo. No la retocó mucho: de 3,10% a 3,20%. Lo hará paulatinamente. Pero es un reconocimiento del aumento sostenido de las tasas reales de interés. No son solo las expectativas de inflación las que motivan suintervención. Ya no enfrentamos un sobrante de ahorros, el llamado savings glut, sino una demanda excedente por culpa del crecimiento extraordinario del gasto de inversión de la IA.

P.: ¿Cómo evalúa la reacción de los mercados?

G.G.: Como constructiva, pero a cuentagotas. Que la pendiente se aplane, es una buena señal. Cuando escuchemos una mejor explicación de la decisión, probablemente por parte de los gobernadores, creo que ese efecto puede ser más potente.

P.: ¿Está pensando en que Jerome Powell recupere su voz?

G.G.: Algún día volverá a hablar. Usted preguntó si la Fed subió las tasas porque no le quedó más remedio y, sí o sí, debía hacer una demostración que su independencia sigue vigente. Quiere decir, que la duda subsiste. Los mercados desconfían. Sin embargo, las razones para subir las tasas son muy claras y, eventualmente, también para iniciar un ciclo alcista y no ejecutar un único disparo. Pues, bien, eso es lo que hay que dejar en claro. Que la Fed no cambió, que es la misma de antes, un cuerpo colegiado profesional que sabrá evaluar qué es lo más conveniente. Y que no hace falta que la parte larga de la curva se ocupe de hacerle ese trabajo. Warsh tiene limitaciones para comunicarlo y para ser convincente. Esa es la ventaja que le llevan los gobernadores, quienes hasta ahora votaron lo mismo que Warsh y tienen credibilidad por su trayectoria. Trump ayudaría si dejara de decir que Warsh es fantástico. El momento en que lo trate de “demasiado lento” o de idiota, este problema también estaría arreglado.

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