Inés Saavedra (también autora y codirectora junto con Damián
Dreizik) y Ana Katz, la señora que se cree Barbra Streisand
y su desdichada hija en la desopilante «Revolución de
un mundo».
«Revolución de un mundo» de I. Saavedra. Dir.: I. Saavedray D. Dreizik Int.: A. Katz, I. Saavedra y otros. Ambientación: D. Saavedra. Dis. Vest.: C. Villamor y C. Rezk. Ilum.: E. Sirlin (Sala «La Maravillosa».)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La señora de la casa (la casa podría ser una mansión de barrio privado) se cree Barbra Streisand, le imita el peinado y los modales de reina, y hasta se autoconvence de ser la estrella de un gran show mientras canta en playback «Someday, somewhere».
«Yo soy la amabilidad, soy la anfitriona» afirma muy convencida, como si ese mantra la ayudase a encubrir sus conflictos conyugales y a tomar distancia de las continuas demandas de su hija, interpretada por una muy expresiva Ana Katz («El juego de la silla»; «La novia errante»), quien da vida a una adolescente llena de complejos cuya principal actividad es escribir haikus.
La chica tiene la autoestima por el piso y se esmera en parafrasear a las desdichadas heroínas de Chejov («Arrastro la vida como si fuera la interminable cola de un vestido de novia») mientras su madre (una muy divertida composición de Inés Saavedra) intenta consolarla con un: «Hija, no hay mujeres feas... hay mujeres pobres», y otros comentarios por el estilo. En medio de su confusión la adolescente termina idealizando la amabilidad «boliviana» de César (César Rojas), el angelical sirviente de la casa que además de oficiar de mayordomo, jardinero y ayuda de cámara, también debe ocuparse del canil de su patrón (Abian Vainstein), un hombre que antepone su devoción por los perros a cualquier otra clase de vínculo.
A través de escenas más bien breves -pero construidas con un gran nivel de detalle- la obra recrea una suerte de álbum familiar con algo de videoclip. En medio de situaciones desopilantes -o de carácter onírico- se va revelando la ideología de estos personajes ( perdidos en un materialismo sin fondo y sin otra vocación que atender a sus hobbies y manías del momento) sin necesidad de juzgarlos.
«Revolución de un mundo», el nuevo trabajo de Inés Saavedra (en codirección con Damián Dreizik) encuentra un buen respaldo en la ajustada comicidad de sus intérpretes, en el absurdo de sus diálogos, en los temas musicales que van acompañando la acción. El momento cumbre de la pieza -que además cuenta con una ambientación muy sugestiva-tiene lugar durante la fiesta de cumpleaños de la hija. Es allí donde el delirio general encuentra su máxima expresión. Sirva como ejemplo el vertiginoso monólogo de Katz agradeciendo los regalos recibidos o su encuentro con un antiguo conocido de la familia (Diego Gentile), hoy convertido en un insoportable pichón de escritor.
Dejá tu comentario