Dólar: Banco Central compra menos, pero espera saldo positivo hasta agosto

Economía

En junio la adquisición de divisas cae 71% contra el récord de mayo. Preocupa la suba de las importaciones, sobre todo de energía. El plan para contener volatilidad preelectoral.

Como se esperaba después de un mayo récord, el ritmo de compra de divisas del Banco Central en el mercado oficial se redujo considerablemente en junio. Ayer terminó con resultado neutro en su intervención y en las primeras 16 ruedas del mes adquirió unos u$s550 millones, según fuentes del mercado, 71% menos que en el mismo lapso del mes pasado.

Aunque en el Gabinete económico no consideran que se trate de una señal de agotamiento de la recomposición de reservas. Por el contrario, la autoridad monetaria espera continuar con saldo comprador hasta fines de agosto, un mes en el que la estacionalidad suele ser esquiva. Sin embargo, de cara al plan para contener la típica volatilidad cambiaria preelectoral, en el Gobierno empezó a preocupar la fuerte suba de las importaciones.

Es que, si bien las liquidaciones diarias del agro se desaceleraron este mes cerca del 20% en promedio a raíz de la baja de los precios de los commodities (que siguen en niveles elevados), esto no explica la performance compradora del BCRA. Según un cálculo de Gabriel Rubinstein y Asociados, hasta el viernes pasado la entidad que preside Miguel Pesce logró capturar el 26% de lo liquidado en junio, mientras que en mayo el ratio era del 59%. En buena medida, el menor ritmo en las compras de divisas se corresponde con el incremento de las autorizaciones de pago de importaciones.

El informe del Intercambio Comercial Argentino de mayo, que publicó el martes el Indec, arrojó un superávit de u$s1.623 millones, el mejor de los últimos doce meses. Los mejores términos de intercambio ayudaron a impulsar las exportaciones. Como contracara, las importaciones crecieron 62,4% interanual en parte debido a la baja base de comparación que dejó el momento de cuarentena más estricta. Pero en el Gobierno preocupa el nivel, sobre todo teniendo en cuenta que la reactivación de la actividad económica que pretenden impulsar en los próximos meses implicará un impulso adicional.

Hay un número que Pesce pone sobre la mesa del Gabinete económico: el presidente del Central considera que u$s4.800 millones de importaciones mensuales es un nivel manejable. Pero ese nivel ya se superó en marzo y volvió sobrepasarse en mayo (u$s5.141 millones).

En particular, se sintieron el mes pasado las compras de energía al exterior, un problema que se extenderá durante el invierno. Pero en mayo las importaciones de gasoil se dispararon 675% interanual y las de GNL, 603%. Incluso crecieron 27,3% las de energía eléctrica. Pesaron las bajantes de los ríos y las demoras de la activación del Plan Gas a raíz del conflicto salarial que paralizó Vaca Muerta durante 22 días en abril (en mayo, la producción de este hidrocarburo ya creció 11,5% mensual). “Queremos estar seguros de que no estamos importando innecesariamente”, señaló una fuente oficial. Desarrollo Productivo y el BCRA analizarán los números.

Con todo, en la autoridad monetaria hay un dato que ven con optimismo a la hora de proyectar el flujo de divisas: el boom de liquidaciones del agro de este año estuvo mayormente impulsado por el maíz, cuyas ventas se ubicaron por encima del año pasado, mientras que la soja estuvo por debajo. Por eso, esperan que los ingresos por liquidación de la oleaginosa, que habitualmente termina a fines de julio, este año se extienda un mes más y genere un saldo comprador hasta agosto. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario mostró que, al 2 de junio, se había vendido el 59% de la cosecha de maíz proyectada para esta campaña, el mayor nivel desde 2013. En cambio, las ventas de soja se encontraban en el nivel más bajo en trece años, en apenas el 46% de la cosecha prevista.

Plan de contención

Ese panorama le daría fortaleza al plan oficial de contención de la estabilidad cambiaria, la prioridad número uno del Gobierno para los próximos meses. En el equipo económico, distintas fuentes consultadas por Ámbito reconocieron que en el período previo a las legislativas esperan un incremento de las presiones en los distintos mercados del dólar por la dolarización que suele anteceder a todo proceso electoral. Pero confían en las espaldas ganadas a lo largo del año para sortear la mayor volatilidad.

Una de las patas del plan de acción será poner a jugar el poder de fuego en caso de ser necesario. En lo que va del año, las reservas internacionales brutas crecieron más de u$s3.300 millones hasta los u$s42.400 millones. Las tenencias netas, las verdaderamente disponibles para intervenir en el mercado oficial y también en el de bonos para contener la brecha, ya ascienden a u$s8.100 millones, según estimaciones del Grupo de Estudios GERES. Así, el BCRA buscará sostener la política de ancla cambiaria para ayudar a desacelerar la inflación e intentará mantener la brecha en torno al actual 70/75%.

En ese sentido, llevó alivio al elenco gobernante el acuerdo con el Club de París que anunció el martes Martín Guzmán. Pese a que habrá que pagar unos u$s215 millones el 31 de julio (y otro tanto a comienzos de 2022), se despejan más de u$s2.000 millones al menos hasta el año próximo.

“Pagar esa cantidad hubiese sido un golpe a las reservas internacionales y hubiese generado más inestabilidad cambiaria y macroeconómica en general”, dijo el ministro. Resta ver qué ocurre con los u$s4.400 millones de capital que vencen entre septiembre y diciembre por el préstamos del FMI a Mauricio Macri, una cifra que algunos funcionarios clave consideran imposible de pagar. Si logra evitarse, la expectativa oficial es cerrar 2021 con varios miles de millones más en las reservas respecto del nivel inicial.

Además, el BCRA acumuló capacidad de intervención en la plaza de futuros para mitigar eventuales alzas en las expectativas de devaluación. Como adelantó este diario a principios de mes, ayer las planillas de la autoridad monetaria reflejaron que terminó mayo sin contratos vendidos en el Rofex.

La otra pata del plan es sostener la prudencia monetaria: intentar incrementar el financiamiento del Tesoro con endeudamiento en el mercado local para minimizar la asistencia del Central, con la idea de que una mayor emisión de pesos podría presionar sobre el dólar.

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