El día después de la elección: ordenar los desequilibrios del dólar y el FMI

Economía

El desafío será mejorar la calidad de vida de los argentinos mientras se corrige la macro y se llega a un acuerdo por la deuda. Convocatoria a la oposición y otros sectores políticos, económicos y sociales.

Los argentinos sufren la fractura social más importante de los últimos lustros. Inflación, dólar, empleo, salario, poder adquisitivo, productividad, puja distributiva son sólo algunos de los temas pendientes que no han encontrado una salida digna. Para rubricar esta terrible realidad están los datos de pobreza e indigencia.

El Gobierno tiene un derrotero. Lo ha señalado el presidente en los últimos días a quien quiera escucharlo. En ese camino, hay varios alfiles cercanos a Alberto Fernández que comenzarán a moverse. El propio mandatario tendrá su desafío: relanzar su gobierno. Para ello, deberá definir sus ejes, pero, sobre todo, esos ejes quedarán definidos a partir de los consensos que pueda construir como garante de la coalición. Por supuesto, será vital conocer de primera mano qué lectura hará su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

El albertismo quiere retomar una agenda con temas de economía y sociedad, dos pendientes mucho más urgentes que hace unos años por el impacto de la pandemia. Deberá interpelar, resultado de elección mediante, a todas las figuras de su coalición, sopesar el apoyo con el que cuenta. Pero también deberá buscar aliados en otros espacios.

Para ello, Gustavo Beliz, el secretario de Asuntos Estratégicos tiene una función vital, nada más y nada menos, que convertirse en el anfitrión de las principales discusiones que buscarán consenso. Podrá utilizar el Consejo Económico y Social (es el deseo del presidente) pero no sólo del Consejo: también el Congreso debería servir como caja de resonancia.

Claro que la construcción política poselecciones pensada en Balcarce 50 comenzará en la calle. El próximo miércoles, el día de la militancia, habrá, en principio, movilización y apoyos varios a la figura presidencial y al elenco, y en su figura, dicen, un nuevo voto de confianza a la coalición que es el Frente de Todos. Esa fecha gatilla la conmemoración del retorno de Juan Domingo Perón al país después de casi 20 años en el exilio. Estará la cúpula de la flamante CGT, los sindicatos peronistas, los movimientos sociales. El jefe de Gabinete Juan Manzur seguramente logrará enhebrar el apoyo de los gobernadores (exceptuando a los del peronismo sojero). También se busca, aunque aún no hay certezas en la Casa Rosada, que toda La Cámpora pueda confluir en el acto.

Hay algunas señales que ya pueden avizorarse. Fue Sergio Massa el que evidenció un punto de inflexión en la relación de los socios del Frente de Todos cuando hace unos días convocó a todos los sectores políticos, económicos y sociales para el 15N, el día después de las elecciones.

Desde mañana, la convocatoria incluiría a todos los partidos de la oposición, empresarios, sindicatos y organizaciones de la comunidad, pero no sólo a ellos.

De ahí derivan dos definiciones: la primera, es que no habrá invitación formal para la oposición de forma exclusiva, ya que los referentes de Juntos por el Cambio rechazaron cualquier insinuación a hablar de lo que fue y es la herencia económica y social que afronta la coalición gobernante.

El presidente Alberto Fernández parece tener en claro que no podrá contar con interlocutores válidos de ese lado. Sí, en cambio, el Gobierno se ilusiona con el peso relativo que puedan aportarle los dirigentes empresarios, políticos y sociales. Algunos en la lista ya como Daniel Herrero, de Toyota, Antonio Aracre de Syngenta, Sergio Kaufman de Accenture y Laura Barnator de Unilever.

Pero también el ex titular de la Unión Industrial Argentina, Miguel Acevedo; el Secretario General de la Unión Obrera Metalúrgica, Antonio Caló; el Presidente de la Federación Agraria Argentina, Carlos Achetoni; el integrante de la flamante conducción de la CGT, Carlos Acuña; el Rector de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Alberto Barbieri; el Secretario de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, Esteban “Gringo” Castro; el Presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Iván Szczech; y el Secretario General de la Central de Trabajadores de la Argentina, Hugo Yasky. Y hay más.

Con todo, el gran desafío será “meter” en esa agenda las cuestiones que urgen a los argentinos: la creación de puestos de trabajo, el freno de la erosión del poder adquisitivo, el lanzamiento de un plan integral exportador que pueda generar divisas, retomar un diálogo fluido con todo el sector agropecuario. Y hay dos más: consensuar una posición única para retomar la negociación con el FMI y encaminar la política cambiaria que no para de darle urgencias al Gobierno.

En rigor, el desafío será ponerse en la piel del argentino promedio, que atravesó cuatro años de políticas económicas erradas en el desvarío de Cambiemos en el poder y dos años de pandemia que profundizaron esos desequilibrios, en medio de la fractura social más relevante de las últimas décadas.

Es cierto que los indicadores macro están en su mejor momento: la actividad, la producción industrial, los registros de exportación del sector del agro, todos mejoras los números de 2019. Pero no es menos cierto que esos números aún no pueden torcer lo que dejó la pandemia macrista y la otra pandemia, la del Covid.

Hay que mirar la microeconomía, ponerse la camiseta de los jefes de familia. A priori, el presidente y su ministro, Martín Guzmán ya adelantaron la última semana a empresarios que no habrá devaluación pura y dura, aunque es probable que hay pequeños saltos devaluatorios a un ritmo mayor al que corre la inflación, es decir, crawling peg para que el desequilibrio cambiario no haga apilar restricciones que después son complejas de desarmar.

También aseguraron que no habrá default con el FMI, aunque aún queda camino por recorrer con Kristalina Georgieva. Que habrá disciplina fiscal, pero que de ninguna manera se puede implantar de la noche a la mañana y menos después de una pandemia. En síntesis, los datos que negocia Guzmán con el FMI son los que propone el presupuesto que espera en el Congreso.

Para esto, el presidente extenderá las sesiones ordinarias del Congreso hasta el 10 de diciembre, ya que quiere porfiar en la aprobación de leyes antes que ese día se renueve la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Hay que recordar que en el presupuesto Guzmán pautó una inflación en 29%, pero el incremento del costo de vida podría dejarlo en evidencia.

Pero si de evidencias se trata, ninguna como que para 2022, no figura en el presupuesto la devolución, hasta ahora comprometida, de casi u$s 18.000 millones con el FMI, como tampoco figuran los más de 2000 millones de dólares que se le adeudan al Club de París. Dicho en criollo, en Economía creen que de una manera o de otra ese dinero comenzará a repagarse desde 2024 en adelante.

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