Se tranquilizó Eduardo Duhalde, ayer, cuando le informaron (eran las 8.45) sobre las notas centrales del fallo que emitiría la Corte en el caso San Luis. Finalmente, fue el mal menor, ya que la decisión del máximo tribunal no implicaba la devolución ya y en dólares del depósito que tenía esa provincia en el Banco Nación. En definitiva, la Corte no lo obligaba a cumplir su palabra apenas asumió ante la Asamblea Legislativa, cuando prometió devolverle en dólares a quien depositó en un banco en esa moneda. Otra noticia a favor del gobierno: el modo en que se resuelva la pretensión de San Luis de recuperar su depósito original se conocerá después de las elecciones, el 4 de mayo como plazo máximo. Además, la Corte declaró la inconstitucionalidad de la pesificación de los depósitos (nada dijo de las deudas) que dispuso el gobierno. Duhalde festejó igual.
Eduardo Duhalde se enteró a las 8.45, por boca de su ministro de Justicia, Juan José Alvarez, de los lineamientos generales del fallo que la Corte Suprema de Justicia elaboraría en las horas siguientes durante el acuerdo de ayer. La incógnita que se despejaba, al menos parcialmente, acaso sea la que más inquietó al gobierno desde sus albores: cómo atravesaría el examen judicial la pesificación que se dispuso a comienzos de 2002 a través del Decreto Nº 214. Desde la noche anterior, Alvarez y Lavagna sabían que el fallo sobre el caso San Luis -la provincia reclamó la redolarización de un depósito en el Banco Nación por u$s 247 millones-sería inminente. Los dos ministros habían permanecido hasta la madrugada de ayer en negociaciones con el tribunal, con dos interlocutores principales, Julio Nazareno y Adolfo Vázquez.
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A pesar de esa información temprana, Duhalde y su equipo sólo respiraron con cierta tranquilidad a las 11.30. A esa hora, desde el seno mismo de la sala de acuerdos de la Corte, les informaron el resultado del pronunciamiento: en líneas generales, se había evitado lo más temido, que los jueces siguieran el voto de Eduardo Moliné O'Connor, a quien se le atribuían disposiciones inquietantes para el oficialismo. Entre ellas, la de dar un plazo de menos de un mes para que el Banco Nación y la provincia de San Luis se pusieran de acuerdo en la forma en que se reconocería la dolarización del depósito. Además de dejar abiertas muchas alternativas, la posición de Moliné tenía un componente nefasto para Duhalde: hacía caer la resolución del tema en pleno proceso electoral. Por eso, este ministro fue, también, uno de los objetivos principales de todas las gestiones del gobierno hasta ayer.
El gobierno no estaba para festejar el pronunciamiento del tribunal. El Decreto de necesidad y urgencia Nº 214 es una piedra en el zapato, sobre todo desde que se impuso la moda de condenar a gabinetes enteros bajo la figura de la « asociación ilícita». Pero había razones para que Duhalde, Alfredo Atanasof, Roberto Lavagna, Alvarez y Aníbal Fernández respiraran, ayer por la tarde. El fallo lo conocieron en su texto completo a las 16. A esa hora, en el despacho del Presidente, esos funcionarios escucharon la explicación del administrativista Alberto Bianchi, amigo y ex compañero de estudios del ministro de Justicia que, paradójicamente, fue socio de quien desde Milán estaba encargado de explicarle el fallo a Carlos Menem, el ex ministro Rodolfo Barra.
• Argumentos
Bianchi repasó la sentencia en sus lineamientos generales y expuso los argumentos sobre los cuales montar una interpretación optimista, tarea a la que se abocaría más tarde el aparato de comunicación del gobierno. En primer lugar, no se declaraba la inconstitucionalidad de la pesificación en todos sus alcances, sino sólo en lo que tiene que ver con los derechos de los ahorristas a que les devuelvan sus depósitos en su moneda original. Es decir, no se abría juicio sobre los derechos de los bancos a cobrar también sus acreencias en esa moneda. En segundo lugar, dio un plazo de 60 días para que el Banco Nación y San Luis se pongan de acuerdo en el modo de redolarizar aquel depósito, lo cual implica llevar ese desenlacemás allá de las elecciones y, además, dejar abierta la posibilidad de que la solución no sea necesariamente entregar dólares billetes (¿se discutió con los jueces, en algún momento de la madrugada, esa alternativa?). Después de todo, el gobierno festejó ayer que Duhalde no deba cumplir con su palabra, «al que depositó dólares se le devolverán dólares». Para Lavagna, el contenido del fallo tenía un componente satisfactorio adicional: será el banco el responsable de hacerse cargo de cubrir la diferencia entre la conversión a $ 1,40 más CER por dólar y la cotización de la divisa al día de devolución del depósito. Este aspecto del fallo generó una inquietud en la banca, ayer, de la que se hicieron receptores de inmediato el Ministerio de Economía y el Banco Central.
Con los argumentos expuestos ante Duhalde, Lavagna y Alvarez (los llaman «la fórmula», por su sueño estival de ser presidente y vice) se presentaron ante la prensa, con dos objetivos en la cabeza. El de Lavagna, despejar en los deudores el temor sobre una dolarización de las acreencias bancarias. El de Alvarez, emitir un mensaje respetuoso hacia la Corte, que todavía debe resolver el resto de los casos de depósitos pesificados. En el cuarto piso de Tribunales, los jueces siguieron la conferencia de prensa por TV. Algunos de ellos llamaron por teléfono para agradecer y felicitar a los ministros. Sólo dos o tres: ni con el gobierno ni en las relaciones entre ellos las tensiones quedaron despejadas. Y basta leer el fallo que redactaron en minoría Juan Carlos Maqueda, Antonio Boggiano y Augusto Belluscio para advertir el nivel de los agravios que se cruzaron dentro de la Corte.
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