Lo bueno es que la baja estuvo acotada. Lo malo es que la suba del miércoles, la mayor en lo que va del año, fue fácilmente abortada. La verdad es que ayer no pasó mucho, y nada de lo que pasó fue nuevo: el petróleo repuntó 2,5%, a u$s 55,4 por barril (con lo que acumula una suba de 28% para el primer trimestre del año), los datos de la macro sobre ingreso y gastos personales estuvieron prácticamente en línea con lo que esperaban los analistas (para ser ciertos, el primero de ellos estuvo 0,1% debajo de las predicciones), el deflactor PCE salió mejor que lo esperado, AIG recibió una baja de calificación de la gente de Standard & Poors, la tasa de los bonos del Tesoro a diez años retrocedió a 4,49% anual y el dólar se tomó un descanso y quedó en u$s 1,2961 por moneda europea y 107,23 unidades de la moneda japonesa. El 0,35% perdido por el promedio industrial, que cerró en 10.503,76 puntos, o el 0,32% cedido por el NASDAQ (ambos índices quedaron muy cerca del mínimo del día), simplemente ratifican esto y el poco interés que sigue habiendo por las acciones, que terminaron el trimestre, si las medimos con el Dow, retrocediendo 2,6%, y si las medimos con el NASDAQ, 8,1%. Tal vez algo cambien hoy con los datos del empleo, pero seguramente que lo mejor es ser escépticos. Un párrafo especial merece la gente de Goldman Sachs, que anunció que ve el precio del petróleo de largo plazo alcanzando los u$s 105 por barril (lo elevó de un máximo de u$s 80 por barril). Pocas veces se vio a tantos especialistas e inversores burlándose tan descaradamente del informe de una de las casas de Bolsa más grande (ayer ya no parecía ser de las más prestigiosas) del mundo.
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