EE.UU. pidió a Duhalde el veto a la Ley de Quiebras
Un tema único absorbió ayer la atención de los funcionarios que recibieron a la delegación argentina que visitó Washington: que el país voltee el polémico proyecto de ley de quiebras que ya tiene media sanción de Diputados y que responde al interés de un grupo de empresas que lidera el monopolio "Clarín". Tanto Paul O'Neill como Colin Powell le aclararon a la comitiva que integraron, entre otros, Martín Redrado, Diego Guelar, Daniel Scioli y Carlos Ruckauf, que la Argentina no debe esperar ninguna ayuda si insiste en que avance esa legislación que favorece a empresas inviables, pero que también amenaza con destruir el sistema del crédito por la imposibilidad de lograr avales solventes en el futuro. Por cierto que los enviados de Eduardo Duhalde -que ayer experimentó un giro por lo menos verbal hacia la economía de mercado en una carta a George W. Bush- les aseguraron a sus anfitriones que el gobierno, si insiste el Congreso en votar esa ley, la vetará de inmediato.
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• En un segundo plano respecto de la exigencia anterior, en las conversaciones hubo alusiones a las tensiones sociales del país, hasta el punto de que O'Neill manifestó: «Pensé mucho en su país cuando vi en mi casa, por TV, las convulsiones callejeras. Lo lamenté, pensando en la situación actual de un país que tuvo un gran estándar de vida y que ahora está en semejantes dificultades. Imagino la preocupación de ustedes». Ruckauf cargó las tintas sobre el tema, sin llegar a ser amenazante. Pero, por ejemplo, le dijo a Powell: «Ustedes son la locomotora del continente, pero el tren tiene vagones que pueden descarrilar». El canciller de George W. Bush agregó: «Somos la locomotora, pero cuando un vagón descarrila debemos arreglarlo». En el trasfondo de ese diálogo ferroviario, había varios supuestos: la persistencia y expansión de la guerrilla en Colombia, el proceso electoral brasileño que puede desembocar en el triunfo del populista Lula Da Silva, la presencia del inquietante Hugo Chávez en Venezuela. Sin embargo, ninguna de esas circunstancias hizo cambiar el cuadro del gobierno americano, representado delante de la Argentina por cuatro de sus ministros más importantes, aun cuando se sugirió la posibilidad de que los países de la región levanten su perfil en la solución del problema colombiano.
• Como nunca, el negocio turístico formó parte de esta cumbre de primer nivel entre ministros: Daniel Scioli insistió en la importancia que tiene para un país en dificultades una actividad que «exporta» $ 3.500 millones por año.
• En cuanto a las relaciones comerciales, Zoellick fue clarísimo en dos aspectos. Por un lado, aseguró que los Estados Unidos seguirán insistiendo con la negociación del ALCA en el esquema «4+1», es decir, tomando como interlocutor al Mercosur. Por otro lado, se encargó de consignar que si alguien (¿Cavallo?) entiende que para los Estados Unidos puede resultar alentador un conflicto entre la Argentina y Brasil, está cayendo en un error importante.
• Finalmente, Ruckauf se preocupó por restablecer como nadie las «relaciones carnales» del finado Guido Di Tella. Prometió el voto contra la situación de los derechos humanos en Cuba y reclamó que se ratifique la condición de aliado extra-OTAN de la Argentina. ¿Cómo asimilará Duhalde estas decisiones? Por lo menos, las tenía previstas. A sus íntimos, el Presidente les dijo: «Menos mal que Ruckauf armó una comitiva chica, va a Washington a entregarnos a todos».




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