30 de enero 2002 - 00:00

EE.UU. pidió a Duhalde el veto a la Ley de Quiebras

Un tema único absorbió ayer la atención de los funcionarios que recibieron a la delegación argentina que visitó Washington: que el país voltee el polémico proyecto de ley de quiebras que ya tiene media sanción de Diputados y que responde al interés de un grupo de empresas que lidera el monopolio "Clarín". Tanto Paul O'Neill como Colin Powell le aclararon a la comitiva que integraron, entre otros, Martín Redrado, Diego Guelar, Daniel Scioli y Carlos Ruckauf, que la Argentina no debe esperar ninguna ayuda si insiste en que avance esa legislación que favorece a empresas inviables, pero que también amenaza con destruir el sistema del crédito por la imposibilidad de lograr avales solventes en el futuro. Por cierto que los enviados de Eduardo Duhalde -que ayer experimentó un giro por lo menos verbal hacia la economía de mercado en una carta a George W. Bush- les aseguraron a sus anfitriones que el gobierno, si insiste el Congreso en votar esa ley, la vetará de inmediato.

El tema dominante de la agenda que el gobierno argentino discutió con el de los Estados Unidos durante las últimas 48 horas fue la modificación de la Ley de Quiebras que sancionará hoy la Cámara de Diputados. Paul O'Neill (Departamento del Tesoro), Colin Powell (Departamento de Estado), Condoleezza Rice (Consejo Nacional de Seguridad) y Robert Zoellick (Relaciones Comerciales) se mostraron muy al tanto de la crisis que atraviesa la Argentina, pero fueron poco precisos en sus manifestaciones, salvo en ese punto: cuando se refirieron a la conveniencia de que el país garantice los principios de libertad económica y seguridad jurídica que cultivó en los últimos años, pusieron a la Ley de Quiebras (conocida como «ley Clarín») como un caso testigo que desde Washington toman especialmente en cuenta. Esa referencia estuvo principalmente en boca de O'Neill y de Zoellick. Esas advertencias, que nunca se plantearon como «condicionamiento», no sorprendieron a Martín Redrado, Daniel Scioli, Diego Guelar o Carlos Ruckauf. Ellos estaban al tanto del mensaje, más duro, que el presidente del BID, Enrique Iglesias, trajo a Eduardo Duhalde: «Si prospera esa ley tal como está planteada, deberán olvidarse de cualquier auxilio internacional».

Como se sabe que la modificación se aprobará en el Congreso, cambia las reglas de juego entre acreedores y deudores y recibió objeciones taxativas del Fondo Monetario Internacional. Claudio Loser, el encargado de América latina de esa entidad, remitió al gobierno un memorándum reclamando el veto total de la ley o, si eso no fuera posible, la eliminación de tres de sus cláusulas más controvertidas: a) la que extiende a 180 días hábiles el período durante el cual los deudores pueden ofrecer un esquema de satisfacción a los acreedores; b) la que obliga a los bancos a previsionar pérdidas si al cabo de 90 días no se llegó a un acuerdo con los deudores; c) la que elimina el «cram down», es decir, la posibilidad de que el acreedor se quede con el control de la empresa que no cumplió con sus obligaciones (la supresión de ese procedimiento fue la exigencia principal planteada por «Clarín» a los legisladores).

De las novedades que traerá en su valija Ruckauf, la referida a la Ley de Quiebras será la más decisiva, por lo urgente: Duhalde deberá resolver rápidamente si veta o no la norma.

El temario que recorrieron los funcionarios argentinos con los de Estados Unidos ayer se compuso de estas otras cuestiones y novedades:

• Acaso el dato que más llamó la atención de la gira de Ruckauf fue el orgullo con que se presentaba como el ex vicepresidente de Carlos Menem. «Igual que Duhalde, los dos estuvimos al lado de Menem y los dos fuimos gobernadores de Buenos Aires». Los que hilan demasiado fino creen que no fue inocente esa presentación, en la que el canciller aparece en una categoría política equivalente a la del Presidente.

• La necesidad de un programa económico «sustentable», que en el lenguaje de O'Neill y del resto de los ministros significa «sin engaños y capaz de ser mantenido a lo largo del tiempo». Lateralmente, en varias reuniones se sugirió algún fastidio con Domingo Cavallo, por su «excesivo voluntarismo».

• En un segundo plano respecto de la exigencia anterior, en las conversaciones hubo alusiones a las tensiones sociales del país, hasta el punto de que O'Neill manifestó: «Pensé mucho en su país cuando vi en mi casa, por TV, las convulsiones callejeras. Lo lamenté, pensando en la situación actual de un país que tuvo un gran estándar de vida y que ahora está en semejantes dificultades. Imagino la preocupación de ustedes». Ruckauf cargó las tintas sobre el tema, sin llegar a ser amenazante. Pero, por ejemplo, le dijo a Powell: «Ustedes son la locomotora del continente, pero el tren tiene vagones que pueden descarrilar». El canciller de George W. Bush agregó: «Somos la locomotora, pero cuando un vagón descarrila debemos arreglarlo». En el trasfondo de ese diálogo ferroviario, había varios supuestos: la persistencia y expansión de la guerrilla en Colombia, el proceso electoral brasileño que puede desembocar en el triunfo del populista Lula Da Silva, la presencia del inquietante Hugo Chávez en Venezuela. Sin embargo, ninguna de esas circunstancias hizo cambiar el cuadro del gobierno americano, representado delante de la Argentina por cuatro de sus ministros más importantes, aun cuando se sugirió la posibilidad de que los países de la región levanten su perfil en la solución del problema colombiano.

• Como nunca, el negocio turístico formó parte de esta cumbre de primer nivel entre ministros: Daniel Scioli insistió en la importancia que tiene para un país en dificultades una actividad que «exporta» $ 3.500 millones por año.

• En cuanto a las relaciones comerciales, Zoellick fue clarísimo en dos aspectos. Por un lado, aseguró que los Estados Unidos seguirán insistiendo con la negociación del ALCA en el esquema «4+1», es decir, tomando como interlocutor al Mercosur. Por otro lado, se encargó de consignar que si alguien (¿Cavallo?) entiende que para los Estados Unidos puede resultar alentador un conflicto entre la Argentina y Brasil, está cayendo en un error importante.

• Finalmente, Ruckauf se preocupó por restablecer como nadie las «relaciones carnales» del finado Guido Di Tella. Prometió el voto contra la situación de los derechos humanos en Cuba y reclamó que se ratifique la condición de aliado extra-OTAN de la Argentina. ¿Cómo asimilará Duhalde estas decisiones? Por lo menos, las tenía previstas. A sus íntimos, el Presidente les dijo: «Menos mal que Ruckauf armó una comitiva chica, va a Washington a entregarnos a todos».

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