La creciente tensión militar entre Estados Unidos e Irán, tras los recientes ataques lanzados por Washington e Israel contra objetivos iraníes, reavivó los temores de un nuevo conflicto de alcance regional y encendió alertas en los mercados financieros internacionales, según la agencia Reuters, con impacto potencial en el precio del petróleo, las monedas, la inflación y los activos de refugio.
El presidente estadounidense Donald Trump afirmó que las operaciones buscan neutralizar una amenaza a la seguridad regional y abrir la puerta a un cambio político interno en Irán. Teherán respondió con el lanzamiento de misiles hacia Israel, lo que elevó el riesgo de una escalada mayor en Medio Oriente.
Petróleo, el primer termómetro del conflicto
El crudo volvió a posicionarse como el principal indicador de la tensión geopolítica, ya que Irán es uno de los mayores productores de la región y se encuentra frente a la península arábiga, separada por el Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del suministro mundial de petróleo.
Una interrupción del tráfico energético en esa zona podría restringir la oferta global y presionar al alza los precios. El Brent cerró la última rueda en torno a los u$s73 por barril, con una suba acumulada cercana al 20% en lo que va del año. Asimismo, operadores del mercado señalaron que algunas petroleras y grandes casas de trading ya suspendieron envíos de crudo y combustibles a través del estrecho como medida preventiva.
Analistas estiman que, aun si el conflicto se mantiene contenido, el Brent podría acercarse a los u$s80, mientras que un escenario de mayor duración podría llevarlo hacia la zona de u$s100, con un impacto directo sobre la inflación global, que podría sumar entre 0,6 y 0,7 puntos porcentuales.
Volatilidad financiera y tensión cambiaria
El conflicto se suma a un año marcado por fuertes oscilaciones en los mercados, impulsadas por la política comercial de Trump y las recientes correcciones en el sector tecnológico. El índice de volatilidad VIX acumula un avance significativo en 2026, al igual que la volatilidad implícita en los bonos del Tesoro estadounidense.
En episodios anteriores, el dólar mostró caídas iniciales frente a otras monedas, aunque de corta duración, lo que provoca que los analistas anticipen movimientos dispares en el plano cambiario. Un conflicto prolongado y con impacto energético podría, sin embargo, fortalecer al dólar, dado que Estados Unidos es exportador neto de energía.
El shekel israelí aparece como otra de las monedas más sensibles a la evolución del conflicto. En antecedentes recientes, sufrió caídas abruptas seguidas de rápidas recuperaciones, aunque algunos bancos advierten que esta vez el impacto podría ser más persistente si se amplía el enfrentamiento con actores aliados de Irán.
En contextos de mayor incertidumbre, los activos refugio volvieron a captar atención: el franco suizo mantiene una tendencia alcista frente al dólar y el oro continúa en niveles récord, con una suba superior al 20% en el año. También se observa mayor demanda por bonos del Tesoro estadounidense, cuyos rendimientos vienen retrocediendo.
En contraste, el bitcoin volvió a quedar al margen del rol defensivo que supo atribuírsele: cayó tras conocerse los ataques y acumula una fuerte pérdida en los últimos dos meses.
Las bolsas de Medio Oriente serán una de las primeras referencias para medir el humor inversor. Analistas anticipan que, si las hostilidades continúan, los mercados del Golfo podrían registrar caídas de entre 3% y 5%, pese a su histórica correlación con los precios del petróleo. En los últimos días, los principales índices de Arabia Saudita y Dubái ya mostraron retrocesos, en un contexto de creciente cautela ante un posible deterioro del escenario regional.
Por último, la industria aérea aparece entre las más afectadas, donde varias compañías cancelaron vuelos en la región, lo que podría presionar a la baja las acciones del sector si se amplían las restricciones de espacio aéreo. En sentido opuesto, las empresas vinculadas a defensa podrían beneficiarse de un aumento en la demanda de equipamiento militar, tendencia que ya se refleja en el desempeño bursátil del sector en Europa.
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