27 de noviembre 2000 - 00:00

El canciller contra el FMI


«El Fondo parece haber comprendido que si no hay crecimiento los países terminan por desajustar cualquier tipo de cifras que se hayan pactado.» Con esta frase, Adalberto Rodríguez Giavarini, con la diplomacia que obliga su cargo, se convirtió ayer en el primer funcionario del gobierno de Fernando de la Rúa que critica públicamente la posición que el FMI mantuvo al comienzo de la gestión aliancista y que obligó al ajuste de diciembre del año pasado.

El ministro de Relaciones Exteriores, en un aparte durante su intervención en el foro organizado por el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL) dijo que con el tipo de políticas implementadas por el organismo en diciembre pasado, se ignoran «situaciones sociopolíticas complejas que hacen que luego el cumplimiento de ciertas metas económicas se vuelva imposible».

Periodista: ¿En concreto, qué es lo que la Argentina gana con este acuerdo con el FMI, el BID y el resto de los organismos internacionales?


Adalberto Rodríguez Giavarini:
Lo que la Argentina tendría es, si cumple con su parte del programa, la seguridad plena de que si el mercado internacional voluntario no responde a su demanda de fondos; habrá quien lo haga en forma espontánea. Este dinero es para esto y exclusivamente para esto y no para otra cosa. Además no se puede hablar de dinero fresco, sino de disposición de efectivo para una situación determinada.
Comprensión

P.: Parecería que hay un cambio importante en la política de fondo del FMI. Mien-tras a fines del '99 sólo hablaban de ajuste, ahora se quiere mirar más el crecimiento.

A.R.G.:
Es correcto. Por la posición que asumió el Fondo parece haber comprendido que es evidente que cuando no hay crecimiento los países terminan por desajustar cualquier tipo de cifras que se hayan pactado. Sin crecimiento se pulveriza cualquier hipótesis de recaudación y los gastos sociales por situaciones adversas aumentan sólo porque no se pueden disminuir. No atender a la realidad de una economía luego produce desequilibrios que tarde o temprano se deben solucionar.

P.: ¿Hubo entonces un error en el FMI en obligar a la Argentina a un ajuste en diciembre del '99 que en parte le impidió crecer?


A.R.G.:
No hablaría de errores, pero sí de la necesidad de incluir en los programas que se hacen con los países una mayor cantidad de elementos que pueden atentar contra el cumplimiento de estos programas. Ignorar una realidad sociopolítica compleja hace que después el cumplimiento económico de ciertas metas se haga imposible.

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