17 de agosto 2001 - 00:00

"El déficit cero no es recesivo"

En estos días se ha opinado mucho sobre los efectos recesivos de la Ley de Déficit Cero. El razonamiento es que al recortárseles el sueldo y las jubilaciones, las personas que se vean obligadas, por ello, a reducir sus consumos terminarán generando una caída de la demanda y, por ende, de la producción. Si bien es sencilla, esta lógica es equivocada debido a que no tiene incorporada una visión del conjunto de la economía.

Cuando el sector público decide gastar lo hace en términos de los ingresos tributarios que tiene y de la posibilidad de endeudamiento. En ese sentido, el conjunto del crédito al que tiene acceso está determinado por el disponible para el conjunto del país; por lo tanto, también es con el que cuenta el sector privado.

Sin crédito

A la necesidad de tener déficit cero se llega debido a que el crédito voluntario disponible para el gobierno es nulo. Por lo tanto, eso determina que debe buscar otras vías de financiamiento como, por ejemplo, cobrar más impuestos para sostener el nivel de gasto. En este caso, lo que sucederá es que los contribuyentes deberán dejar de consumir o invertir para que lo pueda seguir haciendo el sector público. Otra vía podría ser dejar de pagarles a los proveedores o contratistas; por lo que los que harán el ajuste correspondiente serán ellos.

Por lo tanto vemos que, dado el hecho de que el Estado no tiene crédito, alguien deberá ajustar su gasto. O lo hace el sector privado, como vimos en el párrafo anterior; lo cual disminuye la eficiencia, inversión, producción y bienestar económico futuro de la sociedad. O lo hace el sector público bajando sus erogaciones.

A nivel personal o familiar, si veníamos sosteniendo un gasto más elevado que nuestros ingresos porque alguien nos prestaba, cuando nos dejan de prestar debemos decidir donde ajustamos nuestras erogaciones. Simplemente, de la misma forma que nosotros no podemos gastar más de lo que tenemos disponible (ingresos y financiamiento), a nivel país y gobierno sucede igual.

Es más, un dato interesante a tener en cuenta es que, en realidad y cuando hay crédito disponible, el efecto de un incremento del déficit es morigerador del crecimiento (o recesivo) de corto y largo plazo. Esto es así debido a que el crédito disponible para el conjunto del país es el mismo. Esto implica que si el Estado tiene que tomar un dólar de financiamiento para cubrir su déficit, está dejando sin un dólar de crédito para invertir o consumir al sector privado.

En realidad, es aún peor, cuando surge la necesidad de que el Estado argentino tenga que tomar más deuda para financiar déficit esto genera incertidumbre; lo que achica el crédito disponible para el conjunto del país. Por lo tanto, la caída de la demanda interna privada (inversión y consumo) es mayor al dólar que se llevó el sector público. Esto implica que el nivel presente y futuro de producción y bienestar económico del conjunto de la sociedad cae.

Recesivo

Por lo tanto, conclusión, lo recesivo no es que los jubilados o los empleados públicos vayan a gastar menos, sino la caída de financiamiento disponible que tuvo el país y que determinó la necesidad de equilibrar las cuentas del Estado. A partir de esta conclusión, lo que hay que ver es cómo se recupera este crédito y no para volver a despilfarrar desde el Estado, sino por su impacto en el nivel de actividad, empleo y bienestar.

La palabra crédito viene de credibilidad. Si tenemos crédito cero es por que tenemos credibilidad cero. Esto no se debe a que tengamos un nivel de deuda exagerado o un perfil de vencimientos malo, de hecho es de los mejores entre las economías emergentes. Si teníamos un nivel de crecimiento preocupante de los pasivos estatales, lo cual se soluciona equilibrando las cuentas del sector público. Sin embargo, la Argentina es la que está al borde de la cesación de pagos y no las otras economías emergentes, que también tienen déficit.

Lamentablemente, la credibilidad que falta es la que tiene que brindar un gobierno a la sociedad y al exterior sobre su capacidad de solucionar los problemas del país. Esto solamente se logra mostrando ejecutividad y liderazgo desde el Poder Ejecutivo para avanzar en las reformas estructurales pendientes. Sin embargo, ése no parece ser hoy el principal inconveniente, la Presidencia, el Ministerio de Economía y la Jefatura de Gabinete dan muestras continuas de querer avanzar. El problema surge de las dudas sobre el apoyo político que le brinda la coalición oficialista y sin éste no es factible esperar soluciones rápidas y contundentes.

Fue lamentable escuchar a los principales referentes del «radicalismo alfonsinista» y del «Frepaso aliancista» decir que el gobierno no tenía capacidad de gestión, que había que cambiar el gabinete, que no se le iba a brindar apoyo o que «somos parte de la Alianza, pero no del gobierno» (o sea que no gobierna la Alianza). Sin embargo, lo más vergonzoso fue escuchar a esos mismos referentes hablar del «golpe de Estado de los mercados o del sistema financiero». Si ellos mismos desmerecen y le quitan el respaldo al PE que ellos pusieron en el gobierno, ¿pueden esperar que la gente y los inversores apuesten a favor con su dinero, decisiones de compra y de inversión?

En realidad, los que han gestado esta recesión, esta crisis y pareciesen complotar contra la estabilidad del gobierno son esos mismos dirigentes cuando hacen declaraciones y toman actitudes irresponsables. Sin dudas es una irresponsabilidad, desde el punto de vista democrático, que nunca hayan asumido su rol como miembros de la coalición de gobierno; lo cual implica pagar (invertir) costos políticos para solucionar los problemas que tiene el país. Se escondieron en una cómoda posición opositora que les evitaba los riesgos de gobernar; pero que generaron serias dudas sobre la capacidad de gestión del PE.


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