Si además de exasperar a los neoyorquinos (por las extraordinarias medidas de seguridad que se toman) de algo sirven las reuniones como la que se está celebrando en el seno de las Naciones Unidas, es para darnos cuenta de lo sanos y racionales que somos en comparación con los múltiples jefes de Estado que allí discurren. Claro que esto también demuestra que por más que en lo individual actuemos de manera racional, cuando tomamos decisiones colectivas la lógica parece desaparecer. Más de una vez se ha vinculado el ascenso de las acciones durante los últimos tres años con la suba en el precio de los commodities. Sin embargo, y por alguna oculta razón, esta relación se ha roto.
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Desde mayo, cuando marcó un máximo histórico (cuando el Dow registró su segundo valor más alto) el remozado índice CRB (que sigue los 20 commodities principales) se ha derrumbado 16%, dando por tierra con aquello de una economía mundial siempre ascendente de la mano de China e India.
Hoy, día a día crece la idea de una burbuja no sólo en el sector inmobiliario, sino también en el de los precios de los bienes comerciales no elaborados. Sin embargo, esta "tijera" no impide que el Dow se acerque otra vez a la zona de su mayor registro histórico. Así, el desplome del precio del petróleo a u$s 60,46 por barril (y también la del cobre, níquel, goma, etc. -atención que el oro tuvo una ligera suba-), aunado a las crecientes ganancias que reportaron Oracle y Morgan Stanley, en una sesión en la que el costo del dinero quedó sin cambios (la decisión de la Fed de no mover la tasa "era cantada"), permitió a los inversores presionar lo suficiente como para que el Promedio Industrial trepara 0,63 por ciento hasta el cuarto cierre más alto de su historia (11.613,19 puntos).
Posiblemente deberíamos estar festejando, pero con un volumen que -si bien fue mayor que el del lunes y martes- que sigue siendo "bajo", tal vez convenga la prudencia.
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