26 de agosto 2004 - 00:00

¿El Mercosur dejó de ser negocio para la Argentina?

¿El Mercosur dejó de ser negocio para la Argentina?
El presidente Kirchner recibe a un empresario chino y le pregunta si piensa invertir en la Argentina y éste le responde: «Otra vez nos confunden por los ojos oblicuos. ¡No, señor Presidente, los kamikazes son los japoneses, no nosotros!

No es extraño que circule este chiste en un país donde sus residentes tienen invertidos ciento ochenta mil millones de dólares fuera del país y donde los tributaristas han insistido siempre en copiar el modelo europeo y americano para reformar periódicamente nuestro sistema tributario.

España o cualquier país del Norte se puede permitir el lujo de tener un impuesto redistributivo como el que grava los bienes personales porque no tiene los miles de millones que tiene la Argentina fuera de su país y porque tampoco tiene un nivel de desocupación tan alto como el nuestro. Esto, agravado aquí por la desactualización de los montos imponibles en períodos inflacionarios.

La falta de un régimen tributario a medida de la Argentina, la mala administración de los recursos, las limitaciones de nuestro mercado interno y la aplicación de medidas como la doble indemnización y el impuesto a los débitos bancarios, ha producido históricamente la apatía para invertir.

Lo notable es que en tiempos de globalización donde las decisiones estratégicas han perdido relevancia frente a las decisiones de caja, los gobiernos en la Argentina y en el resto del mundo -tan necesitados de efectivo- no procedan tomando en consideración principalmente esta motivación.

Esta afirmación viene a propósito de que ellos en general están resignando día a día la mejor fuente de recursos que tuvieron en el siglo pasado que es la de los derechos de importación, vía desgravaciones derivadas de negociaciones y Acuerdos internacionales de libre comercio.


• Desgravaciones

Al principio esto rendía sus frutos y el comercio aumentaba, pero al generalizarse la práctica de acordar desgravaciones mutuas, ya son tantos los acuerdos que se entrecruzan, que son más dudosos los resultados, de perder recaudación.

El cobro de los derechos de importación les permitía tener una menor presión tributaria interna directa y por ende una mayor actividad interna.

Si analizamos el caso de la Argentina, nuestro país por el Acuerdo del Mercosur ha perdido una cifra estimada de cuatrocientos millones de dólares anuales, desde el año 1995 a la fecha, por recaudación de derechos de importación, al eliminarse los mismos, en el comercio con Brasil. O sea un total presunto, desde esa fecha, no menor a 3.600 millones de dólares para que sus exportaciones sigan la evolución que figura en el gráfico 1.

Como se observa, las exportaciones no se han incrementado, por lo que los importantes recursos sacrificados no han generado riqueza global para nuestro país.

Sin embargo, veamos en el gráfico 2 qué pasa si analizamos las exportaciones de nuestro país a la República Popular China. Aquí observamos que sin haber ningún acuerdo comercial de por medio ni ninguna utilización de recursos
fiscales las exportaciones han crecido, de 1995 a 2003, 752,9%, mientras que las exportaciones a Brasil en igual período han disminuido 16,20 %, con una utilización deficiente de los recursos.

Este incremento de comercio se repite con otros países con los cuales no se han firmado acuerdos. Los datos de la economía real están poniendo en tela de juicio la política de negociaciones múltiples predominante en el mundo.

Por eso probablemente en tiempos cercanos los países quizá se den cuenta que
la desgravación arancelaria generalizada no genera comercio en sí misma y reclamen a la OMC un arancel uniforme para todas las importaciones del planeta -de nivel reducido para permitir el libre comercio- de forma tal que los gobiernos puedan recuperar parte de la recaudación aduanera perdida y disminuir la presión tributaria interna directa.

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