Hasta este año la cosa era relativamente fácil, bastaba con ver que hacían los principales productores de petróleo, y así se podía estimar si venía un aumento o una baja en el precio del petróleo. Este año parece que el sistema tradicional no "corre" más y con prácticamente un tercio de los productores bombeando al límite de su capacidad, nadie se anima a predecir que habrá de pasar. Es así que poco importa que sea por los problemas con Yukos en Rusia, las huelgas en Nigeria o la caída de inventarios; el petróleo marcó ayer la suba 14ª de las últimas 16 ruedas, llegando al récord (nominal) de u$s 53. En plan de encontrarle algo bueno a esta situación, podemos decir que esto frena la economía y así disminuye el apuro de la Fed para subir el costo del dinero, pero a su vez esto genera un incremento de precios que retroalimenta la necesidad de restringir la oferta monetaria. Toda una trampa, que explica porqué datos como los del empleo, parecen ser menos relevantes que en el pasado. En 8 de las últimas 9 elecciones presidenciales, el mercado se movió como lo está haciendo últimamente, "rompiendo" hacia arriba o abajo la segunda semana de octubre. La apuesta de los alcistas podría tener que ver con este fenómeno. Claro que el desplome que tuvo ayer el mercado, cuando el Promedio Industrial perdió 1,12% para quedar en 10,125,4 puntos y el NASDAQ retrocedió 1,14%, sugiere que tal vez la ruptura no sería hacia arriba. Con Alcoa subiendo apenas 0,5% en el after hours, Pfizer y los laboratorios en un franco derrumbe y AT&T apenas recuperando un tercio de lo cedido tras el anuncio de nuevos despidos masivos, es claro que no es el petróleo el único problema.
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