El país deja de crecer ahora a un ritmo chino
Este diario continúa la entrega mensual de El economista del mes; en esta oportunidad, con el equipo de la Fundación FIEL, liderado por Daniel Artana y Juan Luis Bour. Repetimos aquí el esquema de preguntas que son las más importantes que se efectúan hoy: las primeras nueve, más generales y sobre lo que puede pasar en 2007; y las siguientes seis, relacionadas con el problema del trabajo en la Argentina. De esta manera, el lector tiene a su disposición nuevamente un completo panorama de la economía del país, detallado y, al mismo tiempo, de fácil comprensión.
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Allí aparece el mérito de la política doméstica. La Argentina no pudo disfrutar de un escenario internacional muy favorable en los 70 por su indisciplina fiscal (algo más de 6% del PBI de déficit al cual hay que agregarle un resultado cuasi fiscal también negativo). Hoy tenemos superávit fiscal que junto con el superávit externo y un tipo de cambio real competitivo crean un paraguas protector para que la actividad económica siga creciendo.
4 ¿El contexto internacional será favorable también durante el año próximo?
Sí, porque se daría un aterrizaje suave en Estados Unidos que sería compensado por un crecimiento asiático sostenido y la continuidad de la recuperación en Europa y Japón. Ello asegura buenos precios para las commodities de exportación de la Argentina y de la región, al mismo tiempo que el mayor deseo de ahorro en el mundo se equilibra con la inversión a una tasa de interés real que sigue siendo baja en comparación con la histórica.
5 ¿Cuáles son las proyecciones de FIEL para los próximos años?
Durante 2007 y 2008 en el escenario más probable del modelo de proyecciones FIEL Macroeconomic Forecasts la economía argentina crecería 7,4% y 4,9% respectivamente. El año próximo hay un efecto arrastre positivo del cierre fuerte de este año, pero la tasa de crecimiento trimestral se desaceleraría a alrededor de 1,1% por trimestre (desestacionalizado contra el trimestre previo). Respecto del resto de las variables, el FMF de FIEL proyecta una inflación de 11% anual, con salarios aumentando tres puntos por encima y tipo de cambio depreciándose suavemente a 3,20 para finales de 2007. Todavía el Banco Central tiene margen para seguir sosteniendo el tipo de cambio nominal sin producir un déficit cuasi fiscal importante.
6 ¿Entonces, por qué no podemos seguir a 9% anual?
La elevada capacidad ociosa que hizo posible que la recuperación se diera a un ritmo muy superior al que permitía la tasa de inversión no estará más disponible en los próximos dos años. La mayoría de los sectores depende de nuevas inversiones que expandan la capacidad.
Respecto de este punto, la inversión ha mostrado una buena recuperación, en parte motorizada por el aumento de utilidades que produjo la depreciación del peso. Según los datos del INDEC el capital pasó de absorber 42% de la «torta» en el año 2001 a 52% en el año 2002 y a 47,4% en 2005. La recuperación ha sido más fuerte en construcción (y continuaría el año próximo dada la inercia de las obras en curso), pero también ha aumentado en maquinaria y equipo. Esto sugiere que no será posible que la economía se expanda en el futuro a tasas asiáticas, que requieren tasas de inversión muy superiores a 21% del PBI que tendrá la Argentina este año y a 23% que llegaría en el próximo bienio, con la inversión en maquinaria y equipo promediando 9% del PBI en 2007 y 2008.
El segundo aspecto que permitía una fuerte recuperación era la elevada tasa de desempleo. Todavía hoy la tasa bien medida (excluyendo planes) es alta, pero una parte importante de los desempleados tienen problemas de calificación. Todavía hay algún margen en el mercado laboral pero que se achica rápidamente (ver vinculada).
7 ¿Y el frente fiscal no puede empeorar en un año electoral?
Sí, el resultado fiscal primario se deterioraría como consecuencia de la expansión en el gasto primario (pensiones, obra pública), pero se mantendría el superávit fiscal en el consolidado Nación-Provincias.
8 ¿Y la falta de energía no puede ser una limitante?
Los costos de una equivocada política energética (ver recuadro) no tendrían entidad para desencarrilar la economía. El año 2007 comienza con un buen nivel de agua en los embalses lo que diferiría los problemas para el invierno del año próximo y en ese momento tendrían efecto los esquemas de ahorro en el consumo industrial, aunque al precio de aumentar los costos marginales del sector desalentando en el margen el ritmo de actividad.
A finales de ese año o comienzos del siguiente empezarían a madurar las inversiones alentadas por el sector público lo que permitiría mantener el precario statu quo actual en generación.
9 ¿Y la inflación reprimida no es un problema?
Los controles de precios y de tarifas de servicios públicos generan inflación reprimida del orden de 3 puntos por año. Ese problema se acumula de un año a otro, pero podría corregirse sin demasiados traumas, en forma gradual, luego de las elecciones de octubre de 2007. De hecho, al apuntar a una inflación de un dígito el gobierno tiene margen para flexibilizar algunos precios antes de esa fecha y acumular, así, menores tensiones para el futuro.
10 ¿Cómo es posible que las empresas tengan dificultades para encontrar trabajadores calificados en un país con tasa de desempleo tan alta?
Por un lado, la sensación de que es más difícil cubrir los puestos es real. A fines del año 2002 el empleo urbano « genuino» (excluyendo planes) era de 11,3 millones de personas, un millón menos que en octubre de 2001, lo que daba lugar a una masa de desocupados (definidos en sentido amplio, contando como tales a quienes tenían como ocupación principal un programa Jefas y Jefes) de 4,1 millones de personas en todos los centros urbanos del país. En esas circunstancias, no resultaba difícil reclutar trabajadores capacitados, con experiencia y a salarios competitivos. Ahora las cosas podrían estar empezando a cambiar: en los cuatro años posteriores el empleo «genuino» creció en 3 millones de personas, y el total de desocupados cayó a 1,8 millón (menos si se excluyen lo que tienen planes). El aumento de la PEA en estos años fue muy débil, y por tanto el stock de desocupados es mucho menor.
Durante el peor momento de la crisis no había por lo tanto mayores dificultades para cubrir vacantes con trabajadores calificados, tal como indica una alta tasa de desempleo para cualquier nivel de calificación que se considere (ver cuadro 2).
En estas mediciones hemos corregido por la presencia de planes de empleo, para evitar sesgar los resultados (en general la proporción de planes cae con el nivel de educación, y si no se corrige se tiene el extraño resultado que desaparecen los desocupados de baja calificación). Se observa que entre 1998 y 2002 (ambas mediciones corresponden a mayo), la tasa de desempleo prácticamente se duplicó, y lo mismo puede decirse para cada nivel de educación de los desocupados.
11 ¿Qué rol tuvo la educación entre los desocupados?
A partir de la recuperación, la tasa de desempleo (bien medida) cayó más fuertemente entre la población con educación universitaria completa. De hecho la tasa de desempleo actual de los grupos con ciclo educativo completo ( secundaria y universitaria) es menor que la tasa registrada a mediados de 1998, en el pico del último ciclo económico. Es decir que cuando se corrigen las distorsiones que introducen los planes de empleo, el nivel de educación constituye -como es de esperar- un factor que se asocia positivamente con la probabilidad de encontrar empleo y negativamente con el desempleo. Ello también indica un descenso en la calificación de quienes permanecen desocupados y son oferta potencial, teniendo en cuenta que una tasa de 4,5% en el grupo de universitaria completa se acerca al nivel de pleno empleo (aún cuando para este grupo de población hay registros en el pasado de un desempleo inferior a 2%).
12 ¿Cada vez hay mayor proporción de mujeres desocupadas?
La apertura por sexo y edades permite señalar otras características adicionales de los desocupados (cuadro 3). Si bien el desempleo cayó en forma agregada, la desocupación de mujeres -corregida por planes- es todavía mayor que la observada antes de la crisis (17,9% frente a 14,7%). La tasa de varones es, en cambio, menor en casi 3 puntos porcentuales. Es decir que la «fuerza de trabajo desocupada» tiene una mayor proporción de mujeres que en el pasado (58% frente a 44% en 1998). No cambió mucho la proporción de jóvenes en el total de desocupados respecto de lo observado en el último auge, pero las mayores dificultades para conseguir empleo siguen estando entre las mujeres jóvenes (28% de desempleo frente a 19% de los varones).
13 ¿Cómo se forma el stock actual de desocupados?
El 42% de todos los desocupados son jóvenes de hasta 25 años de edad, y otro 21,5% son mayores de 25 años pero, con serios problemas de empleo (desempleados de larga duración). Estos dos grupos suman 64% de todos los desocupados, y no son precisamente por quienes el mercado laboral se va a pelear.
14 ¿Por qué?
Los jóvenes constituyen un grupo con dificultades de inserción por su baja o nula experiencia laboral, y hay importantes asimetrías de información entre ellos y los empleadores. Las empresas que buscan nuevos trabajadores deben enfrentar simultáneamente el hecho de no tener referencias sobre el postulante y sumar costos de formación para quienes carecen de experiencia, lo que limita la demanda de esta población más joven (tanto más cuanto mayores las restricciones regulatorias al despido, o mayores los salarios mínimos y convencionales). A su vez, entre los mayores de 25 años, hay quienes no tienen las mejores credenciales para conseguir un empleo: los desocupados de larga duración (más de un año en la búsqueda de empleo).
15 ¿Eso implica que se está «secando» el grupo de mayor interés para las empresas?
Si restamos de la fuerza laboral disponible (que además puede cambiar por ingresos o egresos de la PEA) estos dos tercios de personas que carecen de experiencia o tienen problemas de empleo de larga data, queda 36% de población mayor de 25 años. Es decir, un tercio del total tiene experiencia y no tuvo problemas en la búsqueda de empleos. Este grupo es el relativamente más interesante para llenar un puesto para las firmas. Sin embargo, tiene una tasa de desempleo de alrededor de 5%, muy inferior a la tasa promedio (10 a 13%, según la definición que se adopte). En 1998 -en el pico del último ciclo (cuando la tasa de desempleo global era similar a la de 2006)- la tasa de desempleo de esta población era de casi 9%. La fuerte reducción en el desempleo de este grupo confirma que el mercado laboral está mucho más « demandado» en este tramo de la oferta, lo que aumenta la dificultad (y el precio) para las empresas de llenar una vacante.
Si además se tiene en cuenta que más de la mitad (56%) de estos individuos de más de 25 años no completaron el ciclo secundario, apenas 16% de todos los desocupados (uno de cada 6) constituye una población de alto interés para cubrir vacantes, ya sea porque cuenta con alguna experiencia ( mayores de 25 años), con un nivel educativo mínimo aceptable (la mitad con secundario completo, el resto con algo de nivel superior), o al menos no hay evidencia de que haya enfrentado graves problemas para obtener empleo. En suma, los grupos de población desocupada que pueden ser más rápidamente absorbidos durante el ciclo (por calificación, edad, esfuerzo de búsqueda, etc.), son un porcentaje cada vez más pequeño de la fuerza laboral, y ello se manifiesta en crecientes dificultades de las empresas por cubrir sus vacantes.




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