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26 de febrero 2016 - 19:20

El valor del dólar sigue bajo

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Por Teddy Karagozian.-
Referente Protejer


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Como industrial, sufro las consecuencias de los gobiernos que proponen el crecimiento a través de la demanda o el consumo, cuando el instrumento que utilizan es el valor del dólar bajo, porque reemplazan trabajo argentino por producción importada.

Mi experiencia es que el dólar, finalmente, refleja en un número, la productividad de la economía, y que si se lo aplasta artificialmente, rebota a un valor que muestra la real situación de la economía, que ha sufrido por haberlo usado como herramienta de control de precios, y de promoción de consumo.

La Argentina es un país rico en recursos naturales, pero de una pobreza significativa en su utilización efectiva, con una población muy acostumbrada a vivir consumiendo lo que otros generan.

El valor del dólar en la actualidad es bajo, porque no somos Alemania y su gran productividad. Y porque tenemos un país vecino cuyo dólar se ha devaluado mucho haciendo que el costo de emplear una persona en Brasil, sea menos de la mitad del valor de lo que importa en la Argentina. Además tienen un sindicalismo con distinto comportamiento al nuestro.

Mucho se ha hablado de las maravillas de poder viajar al exterior y poder comprar a mitad de precio cualquier cosa, inclusive alimentos. Esto en realidad ha provocado un desperdicio muy grande de recursos.

Si ese excedente de los últimos años hubiese sido utilizado para aumentar la oferta de productos en nuestro país, - fruto de inversiones en capacidad instalada, y mejoras tecnológicas-, hoy tendríamos la productividad que nos permitiría competir y poder seguir disfrutando de un consumo, quizás no tan elevado como que el que tuvimos, pero más alto que el que tendremos. Seríamos más felices por más tiempo sin tantos vaivenes.

Existe un gran incentivo de parte de los bancos y los gobiernos de promover el consumo, pues las tasas de interés que pagan los consumidores permiten ganancias extraordinarias a los bancos, y les permiten a los políticos ganar elecciones, pero al igual que la educación, la inversión en maquinaria facilita una mejor distribución del ingreso y mayor crecimiento en pocos años. Sin embargo, la realidad es que los frutos quizás los reciba otro gobierno. El dinero nunca alcanza para promover las dos cosas al mismo tiempo.

Es importante para la ciudadanía reconocer estas diferencias, y para los políticos, tratar de hacer las cosas bien para que los resultados no se esfumen como ha sucedido en la Argentina, una vez cada 10 años.

Hoy el valor del dólar no refleja aún las grandes dificultades que tiene nuestra Nación, producto de varios años de engaño. Empleo público utilizado para esconder desempleados, y subsidios a gente que no genera valor agregado, entre otras cosas. Pagan impuestos quienes trabajan pero se subsidia a quienes prefieren no hacerlo. No es lógico.

Llevará mucho tiempo recomponer la ética del trabajo en la sociedad, y mientras suceda esto, debemos tener un dólar alto que permita llevar la transición a buen puerto, donde el Estado tendrá que disminuir su personal y la industria, la gran distribuidora de renta -sobre las que se montan los servicios-, podrá emplear todo esta gente que deberá contribuir a la sociedad, generando valor agregado.

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