Las diferencias están a la vista; sólo hace falta querer verlas. Es que, a pesar de los enormes esfuerzos del gobierno argentino para implantar la idea de que la visita de José Luis Rodríguez Zapatero había sido «un éxito total», el presidente del gobierno español sólo se limitó a hacer algunas promesas de gestiones que no sólo no tuvieron éxito, sino que seguramente ni siquiera encaró. Es el caso del «pedido» a las empresas de su país de dejar sin efecto reclamos contra la Argentina ante foros internacionales. En marcado contraste, el jefe de gobierno español no escatimó elogios a la economía chilena, al decir que ese país «posee una política macroeconómica sólida, un fuerte dinamismo, una economía abierta y competitiva, y recursos cualificados, que son imprescindibles para atraer la inversión extranjera». Lo hizo ayer al concluir su visita a América latina, y si algo quedó claro de este tour es que los países preferidos son Brasil y Chile, y, en cambio, el problema es la Argentina.
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En esta visión seguramente debió influir la postura de sus compatriotas empresarios, que en privado le hicieron saber a Zapatero de sus inquietudes por la marcha (en realidad por la parálisis) de sus gestiones frente al gobierno de Néstor Kirchner.
Según pudo averiguar este diario, buena parte de los altos ejecutivos llegados al país como integrantes de la comitiva presidencial recogieron, a su vez, de primera mano, la honda preocupación de los gerentes locales, quienes les explicaron (¿una vez más?) que el diálogo con el gobierno en relación con la renegociación de las concesiones es prácticamente inexistente. «Hay mucho temor y preocupación por la inseguridad jurídica», le dijo a Zapatero uno de los empresarios.
•División
Las reuniones también sirvieron para dejar sentado que el bloque de las empresas españolas se divide, a su vez, en al menos dos subloques. Están las empresas como Repsol YPF y Telefónica, cuyos precios están regulados sólo en parte por el gobierno, y del otro lado están Aguas Argentinas (cuyo accionista minoritario es la española Aguas de Barcelona) y Edesur (de Endesa), cuyos ingresos están totalmente en manos de la decisión oficial.
Esto es así porque tanto la petrolera como la telefónica tienen productos de precio libre o que pueden ser comercializados por afuera de las regulaciones oficiales. «Es el caso de los celulares o de Internet por banda ancha - explicaba otro empresario-. En cambio, las tarifas de Aguas y de Edesur, que son el único ingreso que tienen esas empresas, no han sido tocadas desde el fin de la convertibilidad, y el gobierno se niega, además, a negociar.» En este último subloque, además, hay otra diferencia: Edesur cumplió hasta enero de 2002 con las previsiones de inversión (cuando no lo hizo fue multada y pagó esos castigos hasta esa fecha; después, según el gobierno, se acumularon incumplimientos por $ 20 millones que ahora le reclama). En sentido inverso, Aguas arrastra una serie de incumplimientos contractuales que son objeto central de la pelea que tiene el gobierno con esa empresa.
De todos modos, hoy los ejecutivos de Endesa volverán a concurrir a las oficinas de la UNIREN (la unidad que renegocia los contratos de concesión); fueron convocados seguramente para que expliquen por qué no aceptaron la «Carta de Entendimiento» propuesta por el gobierno, y que ya por escrito calificaron poco menos que de inaceptable.
Allí decían que no aceptarán que se los obligue a «renunciar a derechos permanentes a cambio de concesiones transitorias», y que tampoco querían tarifas fijadas por el gobierno de manera unilateral, sino incrementos acordados en el marco de una renegociación totalizadora. No parece probable que vayan a «bajarse» de esa postura.
•Condiciones
Lo mismo, claro, puede decirsede lo que está sucediendo con las demandas de Edesur, Telefónica, Gas Natural y AGBAR ante el CIADI: la renuncia que exige el gobierno como condiciónprevia a renegociar los contratos no podráproducirse si a cambio no se les asegura con total certeza que la marcha de la renegociación seguirá el camino de la seguridad jurídica, la previsibilidad económica y la sustentabilidad en el tiempo. Un panorama complejo, como se ve, que la visita de Zapatero no pudo (ni hubiera podido, es obvio) aclarar.
Mientras se hablaba de estas cuestiones en Santiago (los altos ejecutivos españoles continuaron en el periplo presidencial) y en Buenos Aires, Rodríguez Zapatero no ahorraba elogios para Chile. «Hoy estuve con directivos de empresas chilenas con capitales españoles a los que insté a que continúen apostando por Chile y en general por Latinoamérica», dijo. No hizo falta que reclamara ni pidiera nada.
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