En un primer momento, la avalancha de pedidos de inhibiciones en Estados Unidos tomó por sorpresa al gobierno argentino, que descartaba que no habría problemas. Ahora, con el conflicto en marcha, se trabaja a destajo para adelantarse a los fondos buitre que reclaman embargos de bienes. En esta línea, ayer el Ejecutivo aseguraba que terminó de salvar la sede del Banco Nación en Nueva York al pedir ayuda al secretario del Tesoro, John Snow. Este funcionario debería testificar ante el juez Thomas Griesa que el edificio de Park Avenue es fundamental para la representación de las «relaciones económicas internacionales» entre la Argentina y Estados Unidos; acciones que tendrían la misma protección legal que las «relaciones diplomáticas» amparadas por la Convención de Viena. Se evitaría así un «papelón» mayor, al proteger al Nación de la vergüenza de exhibir en la puerta del local un cartel rojo de «inhibición». El gobierno no había tenido en cuenta este problema pensando que los embargos e inhibiciones podrían recaer sólo en sedes diplomáticas.
No estarían cubiertas, sin embargo, las cuentas de la Argentina en el Nación, pero desde hace más de un mes el gobierno de Néstor Kirchner dejó de utilizarlas ante los temores de embargos.
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