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25 de junio 2008 - 00:00

Empezó a maliciar el campo sobre la salida peronista a la crisis

Fiel a su jefe (aunque, como buen hombre, infiel desde que debió partir de la Plaza de Mayo, en el 73), Néstor Kirchner eligió uno de los consejos de bolsillo del General: "Cuando un problema no se puede resolver, hay que crear una comisión". Tardó 100 días para aceptar el consejo. Ahora -y por mucho tiempo más-, en dos comisiones parlamentarias (ya que una sola no bastaba) pasan, hablan, razonan, gritan y hacen catarsis cuanta entidad, ciudadano común, dirigente o partido lo desee. Hay que anotarse, nada más, el resto es gratis (salvo los legisladores que, por el trabajo extra de estar presentes, ya les garantizaron 4.000 pesos adicionales). Y, además, televisado. Ayer hubo como dos horas sólo para escuchar precisiones sobre el precio de la papa, un espontáneo del Sur confesó su drama económico y por si no alcanzaba esta sucesión oral de expertos en el tema campo, hasta discurseó la madre de las Madres de Plaza de Mayo. Afuera, mientras, alboroto en las carpas oficialistas (siete, ya), venia de un juez para los que no tenían venia, instalación de otra del sector rural, marchas y carteles, Castells y Alderete sumándose al rito vocinglero, leyendas y afiches del momento y otros del pasado (Montoneros, FAP, imágenes de héroes y hasta cantores de las cosas nuestras). Para demostrar el espíritu democrático que anima a todos, hasta se hizo una parodia de un partido de rugby entre los diversos inquilinos circenses. Argentina, divino tesoro.
En la trastienda, otra realidad: el kirchnerismo dispuesto a aplazar hasta la extenuación el voto de la nueva ley, ganar por aburrimiento a los quejosos del agro, sumar adhesiones parlamentarias para el momento justo (no le sería demasiado complicado, aunque algo costoso, como a Carlos Menem o Fernando de la Rúa, Banelco incluida) y, por fin, garantizarse de que no retrocedió ni un milímetro de su posición original. Para no pecar de zonzos, los ruralistas del interior han comenzado a advertir el juego democrático -el ingenio ilusionista, el truco, como publicó este diario cuando se anunció "más democracia en la democracia"- que le propone el gobierno, también imaginan ardides para enfrentarlo. Parece que, al final, todo volverá a ser como al principio y, quizás, todo vuelva a empezar. Argentina, divino tesoro. Malgastado.

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Alfredo de Angeli participó ayer de la reunión de comisión sobre retenciones en Diputados. Mientras, militantes kirchneristas atendían en carpas instaladas frente al Congreso decoradas, algunas, con afiches y fotos de Montoneros y FAP de los años 70.
El gobierno está llevando hasta el límite su estrategiade estirar los tiempos para cansar al campo y a la oposición. El kirchnerismo mantuvo ayer una decena de reuniones paralelas en el Congreso, mientras el país seguía por televisión esa maratón de discursos y protestasque se ve en la reunión de las comisiones de Agricultura y Presupuesto y Hacienda que, por ahora, no ofrecen ninguna alternativa válida para llegar a un acuerdo. En esos encuentros -el principal fue con las tres entidades del agro- el oficialismo sigue tejiendo lo que a su entender es la única solución posible: armar un entramado de ofertas sobre otros problemas que no sean la Resolución 125 y sus retenciones móviles para intentar así convencer al campo y a la oposición. Todo indica que no lo conseguirán por las buenas, salvo que el agro y la oposición terminen agotándose, como espera la Casa de Gobierno.

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A esa gimnasia no los obliga el convencimiento de la necesidad de mantener vigente la polémica medida tal como hoy existe, sino la imposibilidad de introducir cambios de fondos: Cristina de Kirchner y su marido no están dispuestos a aflojar y mucho menos a calmar los ánimos suspendiendo la aplicación de la resolución. Ayer lo repitieron cada uno de los referentes del oficialismo tanto en la comisión, como en el encuentro de Agustín Rossi y la mesa de conducción de la bancada kirchnerista con los hombres del campo (ver nota aparte).

Pero, además, pocos comprenden el «negocio» que puede hacer el gobierno con esta estrategia. Rossi y sus diputados deben armar de aquí en adelante -no se sabe con cuánto tiempo cuentan, pero algunos argumentan que el debate total de las retenciones puede demorarse hasta 60 días- una batería de medidas para ofrecer al campo en materia de leche, trigo, carnes, ley de arrendamientos -ayer otra comisión aparte, la de Legislación General, comenzó con este tema-, subsidios, fletes y más compensaciones. Deben convertir todas esas medidas en proyectos de ley. Con esa batería piensan distraer al campo y hacerlo comprender que es mejor aceptar esas ofertas que seguir intentando sin éxito modificar la Resolución 125. Es el camino que marcaron los Kirchner y ningún diputado de la conducción del bloque puede abandonar, por ahora.

Pero a pesar de la obediencia sin límites de algunos diputados, quedó ayer una pregunta flotando en el kirchnerismo: ¿Cuál será finalmente el costo fiscal de todos estos ofrecimientos? Razonan muchos que «aflojar» en todos esos temas por no aceptar un cambio en la resolución que inició la guerra tendrá un alto precio, a cambio del cual no se conseguirá la paz. «Para qué gastar tanta plata si igual después nos van a insultar», confiaba ayer un diputado kirchnerista a este diario.

  • Advertencia

  • El problema para el gobierno es que tampoco podría sostener por mucho tiempo la estrategia de estirar las reuniones y propuestas hasta el cansancio. Ayer, la oposición advirtió en dos ocasiones que si el plenario de comisiones, que actúa más como una estudiantina en medio de una asamblea de la Federación Universitaria que como un cuerpo legislativo, no se ajusta en breve a debatir el proyecto de ratificación de la Resolución 125, podrían abandonar ese recinto.

    Esa medida tiene doble filo: si la oposición, cansada, abandona el debate el kirchnerismo, tendría más oportunidades de conseguir los votos para bajar al recinto y, en una sesión relámpago, ratificar por ley la resolución que pide Cristina de Kirchner.

    El cansancio también les llegó temprano a los ruralistas. Alfredo de Angeli explicó en la carpa de Plaza Congreso donde recibe el agro que los diputados «están dilatando el debate para no tratar el Decreto 125». Con sólo dos sesiones de la comisión, el ruralista ya se dio cuenta de la estrategia y por eso sentenció: «Nos vamos a quedaren la carpa verde en tantoy en cuento tengamos buenos resultados en el Congreso; si no, vamos a analizar el regreso a las rutas».

    Por si quedaban dudas, el ruralista hizo de cronista de la maratón de discursos en el Congreso: «Yo pensaba que lo primero que se iba a tratar era la suspensión del Decreto 125 porque es lo que más preocupa a los productores».

    No era para menos. En la reunión de ayer de las comisiones no se debatió en ningún momento comenzar a analizar puntualmente el proyecto de ley que envió el gobierno, a pesar de que la oposición y los productores lo exigieron hasta el hartazgo.

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