Después, ya en 2005 todo volvió a complicarse, cuando el ex ministro Roberto Lavagna anticipó en París, en plena gira presidencial, que habría dos subas de tarifas de 16% a 20% cada una para Aguas Argentinas.
Por otra parte, la experiencia del Correo Argentino y del Ferrocarril San Martín demuestran que al gobierno de Kirchner, las reestatizaciones no le disgustan, aunque por ahora midió los costos y beneficios de eventuales decisiones de esa naturaleza.
Hay algunas constancias de que el gobierno no quería hacerse cargo de Aguas. Pueden haber sido una pantalla para llegar a la reestatización, pero parece demasiada actuación. Por lo menos se dejó trascender desde el más alto nivel político que Kirchner pidió infructuosamente la intervención de Zapatero para que Aguas de Barcelona, que ya es accionista de Aguas Argentinas, se quedara al frente de la concesión, o lo hiciera otra empresa española.
Pero el proyecto tenía pocas posibilidades: el servicio de agua es complejo y delicado en tanto refiere a la salud de la población, y además cuanto más se quiere extender la prestación, la tarifa que se puede cobrar no alcanza para cubrir la inversión y se necesita el aporte del Estado.
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