Empresas españolas no frenarán juicios al país
José Luis Rodríguez Zapatero cumplió ayer con su promesa. Intercedió, a pedido de Néstor Kirchner, ante empresas españolas para que éstas renuncien a los juicios contra el país en el CIADI, el tribunal internacional del Banco Mundial. Eso sí, no tuvo éxito. Los empresarios, obviamente, le respondieron que no podían aceptar la propuesta si, a cambio, no hay una renegociación seria de contratos y de previsibilidad jurídica en el país. En rigor, la mediación del presidente del gobierno españolcon los empresarios de su país tampoco fue personal: la hizo a través de su ministro de Industria, José Montilla. En realidad, tampoco Zapatero puede hacer mucho en el tema de la renegociación de la deuda. La participaciónde España en el directorio del Fondo Monetario es mínima. También lo es el número de bonistas de ese país afectados por el default argentino. Y no tiene sillón en el Grupo de los Siete. Es decir, que todo lo que se refiere a la renegociaciónde la deuda tiene un efecto más simbólico. Distinto era el caso de la situación de las privatizadas en donde, por lo visto, los avances del gobierno, más allá de los discursos circunstanciales, no fueron relevantes.
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El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, durante la conferencia de prensa que dio ayer en el Alvear. Lo miran (derecha) los empresarios que poco después desayunarían con él. En ese encuentro se habló de reclamos, CIADI y contratos.
Primó, como se vio, el criterio del asesor presidencial, que trasplantó a Buenos Aires el Observatorio que funciona en Madrid como un «gesto político» en el marco de la visita presidencial.
A su turno, Montilla « blanqueó» ante los empresarios que Kirchner había sugerido en su cónclave con Zapatero que éste intentara acercar las posiciones de las empresas españolas a las que blande el gobierno argentino: que renuncien a sus reclamos ante el CIADI (el órgano del Banco Mundial en el que se intenta dirimir litigios entre empresas y países en los que invierten) como paso previoa renegociar las actuales concesiones.
Algunos empresarios respondieron que «obviamente, preferimos contratos en la Argentina que juicios en Washington, pero no cualquier contrato: queremos previsibilidad, sustentabilidad en el tiempo y seguridad jurídica».
Zapatero, que asistió en silencio al intercambio entre sus funcionarios y los empresarios, escuchó de otro de ellos un argumento difícil de rebatir: « Nosotros tenemos la suerte o la mala fortuna de cotizar en Bolsa. Y cada cosa que hacemos, la SEC nos pide explicaciones (se refería, obviamente, a la autoridad bursátil estadounidense). No podemos, a riesgo de enfrentar hasta procesos judiciales, renunciar a un derecho como el que estamos defendiendo en el CIADI sin obtener algo a cambio». Y ese «algo», claramente, es una renegociacióncon el gobierno nacional de los contratos de concesión, trámite que está interrumpido hace más de un año y medio con el argumento oficial de que el gobierno no negociará si las empresas no declinan sus pleitos en el CIADI.
Poco antes del desayuno en el Alvear, el presidente Zapatero había dicho a los periodistas que las empresas de su país no tenían dudas en mantener sus inversiones en la Argentina y que iban a seguir invirtiendo. Y había reconocido que «los temas que afectan a las empresas españolas, a las inversiones españolas en la Argentina han estado presentes en nuestra charla con el presidente Kirchner. Creo que un acuerdo entre el gobierno argentino y las empresas españolas es posible», sin aclarar cuáles serían los términos del «acuerdo» al que se refería. Después, admitió que iba a escuchar las razones de los empresarios en relación con las demandas en el CIADI, y se internó en el saloncito al que lo acompañaron los ejecutivos, que habían asistido impávidos a la rueda de prensa.




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