Rigolleau, una empresa que surfea la pandemia

Economía

Las acciones de la fábricante de vidrios son el sexto papel que más subió hasta ahora.

Hace más de 5000 años, alguien encontró entre los restos de una fogata en la Mesopotamia unas cuentas frágiles y cristalinas. Desde entonces, el vidrio viene acompañando a la humanidad.

Claro que mucho cambio desde entonces. Hoy, el vidrio es un negocio que mueve en el mundo más de u$s700.000 millones al año con el epicentro en China, Europa y los EE.UU. (las 10 principales empresas facturaron el año pasado u$s455.000 millones, la mayor, China Glass Holdings u$s334.000 millones), con casi el 70% destinado a vidrios planos (2/3 construcción, 1/3 automotriz) y el 30% restante a envases, artículos del hogar y otros. Estos otros, que incluyen productos electrónicos, paneles solares, vidrios “inteligentes”, reciclado (llega al 50% y el 95% en algunos países) etc., es por donde hoy pasa el futuro del negocio.

En 1882 , el francés Louis Fourvel Rigolleau fundó en Buenos Aires una fábrica de tinteros, a la sazón la primer fábrica de vidrio del país. Rápidamente la empresa comienza a producir botellas y en 1906 se mudan a Berazategui acompañando a su principal cliente la Brasserie Argentine Quilmes (Cervecería y Maltería Quilmes). En 1922 instalan el primer horno automático en Sudamérica para la fabricación de botellas (100.000 diarias) y en 1948 arranca la producción de productos Pyrex (línea hogar, laboratorios, etc). En 1960, en el momento de mayor esplendor de la fábrica, cuando contrataba más de 3.500 personas (hoy son unas 1.000), murió en Nueva York y sin dejar descendencia León Fourvel nieto, el último de la dinastía Rigolleau. La sociedad pasa así a manos de sus principales ejecutivos: G. Texier, E.Van Peborhg y Enrique Shaw, tomando el 1962 la norteamericana Corning Glass Works el control (comienza fabricar envases para Pepsi Co.)

Un párrafo aparte merece Enrique Shaw, quien condujo la cristalería entre 1945 y 1962 y que desde 2001 está en proceso de beatificación ante la Santa Sede. “Yo quiero el capitalismo de Enrique Shaw, que invertía y daba trabajo, favorecía a la empresa y beneficiaba a la sociedad”, “Deben aprovechar esa enseñanza de Enrique Shaw, que es hacer un capitalismo que integre a la sociedad y no que la dividan”, “Debemos volver a pensar en las enseñanzas de Enrique Shaw para volver adelante un maravilloso desafío que es construir algo mejor a lo que conocemos”, decía el presidente Alberto Fernández ante la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa el 8 de este mes. No agregamos más.

La irrupción de los plásticos durante la década previa golpea a la sociedad, que en 1970 comienza a diversificar su producción e instala dos nuevos hornos (el 9 y el 3) iniciando la producción de tubos y bombitas de luz, exportando sus productos a 20 países de Latinoamérica, que para 1973 generaban 6% de las ventas. Durante los 80 con el incremento de las importaciones y el auge de los envases de plástico Rigolleau enfrenta la posibilidad de la quiebra. La producción de botellas de cerveza pasa a ser la clave de su supervivencia y se aprovechan los canales de distribución para comercializar productos importados, los que en 1980 representaban 32% de las ventas.

En 2005 se reconstruye y amplía a el horno Nr 1 a 280 toneladas diarias, en 2007 se reconstruye el horno Nro 2 a 300 toneladas, en 2014 se instala una máquina automática para la fabricación de copas y en 2015 se inaugura el horno Nro 7 a un costo de u$s38 millones, ampliando la producción de vidrio en 300 tn diarias a un total de 850 tn diarias. Como reconoce la misma sociedad, que cuenta con la experiencia de 2009 cuando la epidemia de Gripe A redujo un 40% su actividad (y que el mes pasado se hizo de un préstamo sindicado por $1.000 millones para la refinancian de pasivos de corto plazo y aumentar el capital de trabajo), hoy la pandemia está afectando la colocación de su línea de productos para el hogar por el cierre de los puntos de venta, pero la más gravitante línea de embotellados de cerveza y licores -en la que es prácticamente un jugador monopólico, con las ventajas y peligros que esto atañe- no ha sufrido de manera significativa (el incremento de la demanda de envases en Europa por encima de la producción, los dos últimos años, señala una oportunidad para ella).

A favor le juegan el control de los precios de la energía, el cierre de las importaciones y su capacidad exportadora. El mayor peligro es un eventual cambio en el consumo de bebidas alcohólicas y la prolongación de la recesión para sus otras líneas de productos.

Como papel bursátil, sin ser generoso es un “pagador regular” de dividendos, pero presenta el inconveniente de su baja “bursatilidad”, cotizando en lo que va del siglo el 70% de las ruedas, aunque esto mejoró desde septiembre de 2016 al 95% o una de cada veinte ruedas sin marcar precio (lo más fueron cinco días), a lo que suma un volumen medio de 500 papeles diarios (promedio de 2.200 o menos de u$s10.000 diarios).

Frente a esto, su resultado como cotizante ha sido clara y persistentemente superior al del mercado, como se puede ver en el gráfico de ésta página, ganando 0.23% diario frente al 0.16% del Merval desde inicios del año 2000 o 0.21% frente a 0.17% desde septiembre de 2016 con el adicional de una menor volatilidad (Dsv.Std. 2.41% a 2.82%, ajustando días sin cotización). ¿El mayor peligro? Que el papel haya entrado en un nuevo proceso de “exuberancia irracional”.

Más allá de todo, tal vez la mayor ganancia/enseñanza que nos puede dejar Rigolleau y en particular su gerente histórico Enrique Shaw, es demostrarnos que no es el capitalismo lo que está reñido con la santidad, sino los capitalistas.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario