La estrategia es ganar tiempo para cerrar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. En caso de conseguirse este paraguas, tanto el BID como el Banco Mundial prorrogarían automáticamente los vencimientos de la deuda argentina, otorgando nuevos créditos que cancelen los caídos. Ese incremento de reservas -especulan en Economía- le da cierto margen al gobierno para echar mano a éstas y cubrir los próximos vencimientos sin afectar significativamente el tipo de cambio.
La otra posibilidad es no pagar, lo que haría al país caer automáticamente en cesación de pagos (default) también con los organismos multilaterales.
«Estos u$s 850 millones representan más de 3.000 millones de pesos que hacen mucha falta para dar asistencia social», decían ayer hombres cercanos al presidente de la Nación,
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