El «ganar o ganar» que, con ropaje de ultimátum, pronunció Eduardo Buzzi sumió al gobierno en un clima de crispación y dudas. Anoche, en la quinta de Olivos, los Kirchner evaluaron si retomar o no hoy, el diálogo con la cúpula del campo. Sobre la medianoche se decidió que los recibirán.
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La dureza de los discursos ruralistas, sobre todo los de Buzzi y Alfredo de Angeli -que llamó «mentirosa» a la Presidente- configuró una encerrona complicando a la que, ayer, Cristina y Néstor Kirchner, junto a Alberto Fernández, quisieron encontrar una salida.
¿Cómo sentarse a negociar con un interlocutor que plantea «ganar o ganar»? ¿Cómo dialogar con un sector que considera un «obstáculo» a la jefa formal del gobierno con el que debe discutir?.
Hay, como siempre, visiones diferentes en el matrimonio. Kirchner propone guerra; su mujer y Fernández quieren dialogar, pero sin retroceder en sus posiciones. Parecen diferentes, pero no lo son.
El riesgo de un escenario contaminado por las parrafadas de tribuna apareció en el horizonte oficial sobre el fin de la semana pasada. Al punto que el sábado, el jefe de Gabinete llamó a Buzzi.
- No te olvides que el lunes a las 4 nos encontramos en el Ministerio de Economía-, le dijo.
- Vos no te olvides que mañana es nuestro acto-, lo congeló el titular de Federación Agraria.
Fue el último intento de la Casa Rosada por bajar el tono hostil que suponían sonaría en Rosario. Lo atribuyen, parciales, al forcejeo entre Buzzi y De Angeli por ver quién se muestra más explosivo como parte de su batalla interna en la FAA.
La respuesta del dirigente enterró cualquier expectativa de calma y fue, entrelíneas, el modo de decirle a Fernández que su discurso no estaría condicionado por la cita del lunes. Anoche, cerca de Buzzi negaban ese diálogo y decían que esperaban señales del gobierno.
«No hay más dilaciones: si mañana no hay una oferta concreta, el martes vuelve la protesta», se deslizó desde la FAA. Anoche, en Olivos, la encrucijada era la misma. Cómo encontrar un atajo para negociar sin terminar, pronto, otra vez con los tractores en las rutas.
Sin condiciones
Recién anoche, tarde, se despejó esa incertidumbre. En gobierno hay quienes sostienen que tras las parrafadas bravas, no hay condiciones para volver a recibir a los ruralistas. Muestran un detalle: hasta ahora, las palabras más duras las emitía De Angeli, que no estaba en la mesa de negociación.
Pero ayer, el tono terminal lo inyectó Buzzi quien fue, hasta hace tres meses, un potencial aliado de la Casa Rosada. Llegó, incluso, a participar de un proyecto oficial para crear ferias de alimentos en base a un modelo aplicado por Hugo Chávez en Venezuela.
Triunfó la postura dialoguista. «Si hubiesen juntado 500 mil personas era lo mismo: las retenciones móviles no se tocan» dijo, ayer, al regresar de Salta un ministro. «Ellos son un sector y nosotros representamos los intereses de todo. Vayan a elecciones, si quieren».
El planteo oficial, repetido, habla ahora de que los dirigentes pidieron una tregua de 90 días sin que se apliquen las retenciones. «Quieren una tregua para vender», dijo el funcionario. Y habló de que las retenciones implican, para los productores, 1.450 millones de dólares.
Con esos datos en la mano, insisten que Cristina de Kirchner no cederá y por tanto, si los ruralistas quieren volver al paro «que lo hagan». Con esas posiciones irreconciliables, la cumbre programada entre el gobierno y el campo no ofrece los mejores augurios.
Recién anoche hubo confirmación oficial de la reunión a los dirigentes rurales.
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