De alguna manera la rueda de ayer, jueves, refleja mejor que muchas otras parte de las fuerzas que está dominando al mercado. Aun cuando un sector de los inversores parece reconocer que las cosas en el frente económico, geopolítico, etc. no andan del todo bien y vuelcan esto sobre el precio de las acciones, quienes miran más que nada la impresionante seguidilla de trimestres consecutivos en los cuales las ganancias empresariales han trepado a más de dos dígitos terminan imponiéndose. Es cierto que si nos atenemos sólo a lo ocurrido ayer podríamos argumentar que esta vez sucedió exactamente lo contrario, que fue la difusión de los estados contables lo que deprimió los precios al arranque (Sprint Nextel, Prudential, Starbucks, Medtronics, Tyco, etc., todos desilusionaron con sus números), mientras que el anuncio del incremento de las ventas minoristas, la posibilidad de que el Comité Abierto de la Reserva Federal no incremente su tasa de referencia el día 8, y la merma en el precio del petróleo (la primera en cuatro días) sirvieron como alimento para la suba que se dio por la tarde y que llevó a que el Promedio Industrial cerrara en 11.242,59 puntos, mostrando una mejora de 0,38% (el NASDAQ ganó 0,65%). Menos importante pero en el mismo sentido estuvo la sorpresiva suba de tasas que anunció el Banco de Inglaterra y que, de alguna manera, alejó la atención que venía deparando los datos del empleo durante junio, una noticia que ya debería de haberse conocido. Pero todos y cada uno de los elementos citados no son más que hechos circunstanciales que nada cambian la visión de más largo plazo y que sólo justifica arriesgarse por la compra de acciones en tanto y en cuanto las empresas «ganen dinero».
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