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11 de agosto 2026 - 07:00

Energía nuclear: las razones detrás del nuevo boom y las empresas que pueden capturar su fuerte crecimiento

La expansión de la inteligencia artificial y la búsqueda de fuentes eléctricas alternativas reactivaron el interés por la industria atómica. Desde el mercado local, existen varias alternativas de inversión que permiten posicionarse en el sector.

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La energía nuclear recupera protagonismo ante el crecimiento de la demanda eléctrica.

La energía nuclear se ha convertido en los últimos años en uno de los ejes de la nueva revolución tecnológica. La producción mundial alcanzó 2.635 TWh en 2025, su nivel más alto desde 2006, mientras que actualmente hay 77 reactores en construcción en 17 países.

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Sin embargo, esa generación todavía representa menos del 10% de la electricidad consumida a nivel global, por lo que el renovado interés de empresas y gobiernos también responde a la necesidad de ampliar considerablemente la capacidad disponible durante los próximos años.

En este contexto, la industria aparece como una de las alternativas para responder a una demanda eléctrica que crece a un ritmo cada vez mayor. En este sentido, la Agencia Internacional de Energía (AIE) proyecta que el consumo mundial aumentará a un promedio del 3,6% anual entre 2026 y 2030, desde unos 28.200 TWh en 2025 hasta 33.600 TWh al final de la década.

Esto supone sumar alrededor de 5.400 TWh en apenas cinco años, un volumen equivalente a más del doble de toda la generación nuclear actual. Detrás de ese incremento aparecen la electrificación de la economía, la actividad industrial y, cada vez con mayor peso, los centros de datos.

A su vez, la volatilidad geopolítica y los objetivos de descarbonización refuerzan la necesidad de incorporar fuentes que, además de reducir las emisiones, puedan garantizar un suministro estable.

A partir de ese escenario, Sergio González, Head de Asset Management de Cohen, sostiene que “la energía nuclear está viviendo un renacimiento”. Según explica, una actividad que parecía en retroceso por el impacto de los accidentes y sus elevados costos volvió a ganar relevancia como fuente de electricidad constante, con bajas emisiones durante su operación y capacidad para reforzar la estabilidad de los sistemas eléctricos.

Sin embargo, el impulso actual no responde únicamente a la agenda climática. En este sentido, Maximiliano Svriz Levato, de Criteria, advirtió que “esta vez el motor no es la política climática sino la inteligencia artificial”, debido a que los centros de datos necesitan fuentes confiables de energía firme durante las 24 horas del día, incluso extendiendo los contratos entre empresas proveedores y los hiperescaladores, a décadas de duración.

De esta forma, la demanda tecnológica se sumó a la descarbonización y a la seguridad energética como un jugador con la capacidad de sostener el crecimiento del sector y sus ambiciones de crecimiento para el largo plazo

Contexto actual de la energía nuclear

El renovado interés por la energía nuclear parte de una limitación concreta de la transición. Aunque la generación solar y eólica continúan creciendo, ambas dependen de condiciones climáticas variables, geografías específicas y necesitan el respaldo de fuentes capaces de entregar electricidad de manera continua.

En ese esquema, la nuclear recuperó atractivo entre las mayores empresas del mundo, que están desembolsando miles de millones de dólares en su desarrollo, porque combina generación de base (continua y estable), elevada densidad energética y bajas emisiones durante su operación.

Por esa razón, más de 20 países planean ampliar o reactivar sus programas nucleares, mientras que la capacidad instalada podría duplicarse hacia 2050 y aportar cerca del 10% de la electricidad mundial.

Diferentes modelos de negocio dentro de la industria

No obstante, detrás de esa tendencia conviven modelos de negocio muy distintos y, por lo tanto, también pueden adaptarse a diferentes estrategias de inversión según el enfoque. Por un lado, están las compañías que ya operan centrales y generan ingresos con activos existentes.

Dentro de este grupo, se destaca Constellation Energy, una de las mayores generadoras eléctricas de Estados Unidos y operadora de la principal flota nuclear del país, con una capitalización de mercado de alrededor de u$s92.000 millones. Además, la compañía comenzó a capturar de manera directa la nueva demanda vinculada con los centros de datos, ya que acordó contratos de reactivación de plantas y suministro de energía con empresas como Microsoft, Meta, Google y el gobierno estadounidense.

En el extremo opuesto aparecen los desarrolladores de nuevos reactores, cuyo valor depende principalmente de proyectos que todavía deben concretarse. Bajo este concepto, Oklo, una empresa estadounidense enfocada en reactores nucleares avanzados de pequeña escala, todavía no genera ingresos y registra pérdidas anuales cercanas a u$s106 millones.

Sin embargo, acumuló acuerdos con Meta, y con los operadores de centros de datos Switch y Equinix para abastecimiento de electricidad, mientras que también obtuvo la aprobación del Departamento de Energía para avanzar en la construcción de un nuevo reactor nuclear.

Aun así, su primer reactor comercial no comenzaría a operar hasta fines de la década, por lo que cualquier demora técnica o regulatoria puede afectar una valuación sustentada en ingresos que todavía no existen.

Por caso como este, que se extienden en una parte de la industria, Svriz Levato remarca que, “el mercado está poniendo precio a una narrativa, no a un flujo de caja”, una diferencia importante al momento de analizar las oportunidades que ofrece el sector.

La demanda energética de los centros de datos abrió nuevas oportunidades para las compañías nucleares.

Crecimiento impulsado por la transición energética

Más allá de las diferencias entre empresas consolidadas y desarrolladores que todavía apuestan a proyectos futuros, buena parte del crecimiento esperado para la industria se apoya en la necesidad de aumentar la oferta de electricidad sin abandonar los objetivos de descarbonización.

En ese escenario, la energía nuclear aparece como un complemento de las renovables, ya que puede producir electricidad de manera continua y con bajas emisiones durante su operación, incluso cuando disminuye la generación solar o eólica.

Sin embargo, ampliar su participación en la matriz energética todavía presenta un desafío importante. La construcción de grandes centrales nucleares demanda inversiones elevadas y plazos que pueden extenderse durante años, por lo que una parte de la innovación del sector busca justamente reducir esas barreras.

En ese contexto surgieron los reactores modulares pequeños, conocidos como SMR, que apuntan a utilizar diseños estandarizados y unidades de menor escala para simplificar su construcción y facilitar su instalación cerca de grandes centros de consumo. Svriz Levato define a estas empresas como “opciones sobre un futuro que puede tardar años en llegar”, ya que cualquier demora regulatoria o tecnológica puede tener un impacto significativo sobre valuaciones que todavía no cuentan con ingresos suficientes para respaldarlas.

No obstante, el crecimiento de la nuclear también abre oportunidades para otras compañías que no dependen exclusivamente del éxito de una nueva generación de reactores. Allí aparece GE Vernova, empresa estadounidense especializada en equipos y tecnologías para generación y redes eléctricas, que diversifica en soluciones tanto para energía nuclear, como para gas e hidroelectricidad.

De esta manera, su negocio puede capturar tanto la construcción de nueva capacidad de generación como las inversiones necesarias para modernizar las redes que deberán absorber una demanda eléctrica cada vez mayor.

Además, esa exposición se encuentra respaldada por un negocio ya consolidado. Según Cohen, GE Vernova registró ingresos por u$s37.000 millones y mantiene una cartera contratada de 70 gigavatios de generación despachable, representa más del doble del récord de demanda eléctrica registrado en todo el sistema argentino durante 2025.

Aunque, esa mayor solidez también exige mirar la valuación, ya que la acción de la empresa cotiza aproximadamente un 40% por encima de su valor justo estimado de u$s420.

El impacto de la geopolítica

A la transición energética se sumó en los últimos años un marcado peso de la dimensión geopolítica. La invasión rusa a Ucrania y la volatilidad del gas natural, así como también el estallido de la guerra en Medio Oriente y el consecuente cierre del Estrecho de Ormuz, mostraron el costo de depender de pocos proveedores y reforzaron la necesidad de diversificar el abastecimiento.

En ese marco, la nuclear volvió a ser considerada no solo como una fuente de bajas emisiones, sino también como una herramienta para reducir la exposición a crisis externas.

Esa lógica favorece a empresas como Brookfield Renewable Partners, una compañía global dedicada a la generación renovable y la infraestructura energética. Aunque su cartera se concentra en activos hidroeléctricos, eólicos y solares, también participa del negocio nuclear a través de Westinghouse Electric, fabricante de reactores y proveedor de tecnología para centrales.

Según Cohen, el gobierno de Estados Unidos comprometió u$s80.000 millones para desarrollar nuevos reactores AP1000 de Westinghouse. A su vez, Brookfield estima que su participación en la empresa representa alrededor del 7% de sus ingresos brutos.

Por lo tanto, su acción combina una exposición diversificada a la transición energética con una apuesta específica al regreso de la inversión nuclear, aunque su avance seguirá condicionado por el respaldo estatal y la ejecución de proyectos de largo plazo.

Las tensiones geopolíticas y el cierre de Ormuz reforzaron la búsqueda de mayor seguridad energética.

La volatilidad del componente esencial: el uranio

A medida que aumenta la cantidad de reactores en funcionamiento o proyectados, también crece la necesidad de asegurar el combustible que permite operarlos. Por eso, el uranio se convirtió en otro de los grandes beneficiarios del regreso de la energía nuclear, aunque su comportamiento durante 2026 también dejó en evidencia los riesgos de invertir en este tramo de la cadena.

Después de una década de precios deprimidos, el U3O8, compuesto bajo el cual se comercializa el uranio, inició 2026 con una fuerte aceleración. De esta forma, los futuros llegaron a u$s101,55 por libra a fines de enero, su nivel más alto en dos años, pero posteriormente corrigieron casi 18% hasta un mínimo de u$s83,50 en marzo.

Desde entonces recuperaron parte del terreno y se estabilizaron en torno a los u$s85 durante los últimos meses. El salto de enero estuvo impulsado, entre otros factores, por fuertes compras financieras, mientras que la posterior corrección acompañó el fortalecimiento del dólar y la baja generalizada de otras materias primas, principalmente por el cierre de Ormuz.

Sin embargo, la caída de los futuros no estuvo acompañada por un deterioro equivalente en las perspectivas de largo plazo. Mientras el precio de corto plazo retrocedió después del máximo de enero, el valor de los contratos de suministro a largo plazo pasó de u$s89 por libra en enero a u$s95,50 en junio.

Esa divergencia resulta relevante porque las empresas eléctricas aseguran buena parte del combustible mediante acuerdos de varios años, por lo que la evolución de estos contratos refleja con mayor claridad las expectativas sobre las necesidades futuras de uranio.

Dentro de este segmento de la cadena productiva de la industria, Cameco aparece como una de las alternativas más consolidadas para exponerse a ese escenario. La compañía canadiense, uno de los principales productores occidentales de uranio, cuenta con activos en Canadá y Kazajistán y participa en diferentes etapas del ciclo del combustible nuclear.

El uranio mostró una fuerte volatilidad durante 2026.

Además, a diferencia de mineras que todavía dependen de proyectos sin desarrollar, registra alrededor de u$s2.500 millones de ingresos y unos u$s430 millones de ganancia neta, según Criteria.

A su vez, su cartera de contratos de largo plazo le permite capturar la mayor demanda de combustible sin quedar completamente atada a las oscilaciones diarias del mercado.

Por lo tanto, una exposición directa al crecimiento estructural de la industria nuclear, aunque el fuerte retroceso que atravesaron los futuros después del máximo de enero muestra que esa oportunidad también está condicionada por el ciclo y la volatilidad del uranio.

Se abre una oportunidad de crecimiento

En definitiva, la tesis de inversión nuclear se apoya en tres fuerzas que se potencian entre sí. La transición energética aumenta la necesidad de fuentes con bajas emisiones, la inteligencia artificial eleva la demanda de electricidad constante y la fragmentación geopolítica incentiva a los países a reforzar su autonomía.

De todos modos, esas perspectivas no convierten a todas las compañías del sector en inversiones equivalentes, ya que cada alternativa enfrenta riesgos diferentes. Mientras las mineras dependen del precio del uranio, los proveedores de infraestructura están condicionados por la ejecución de grandes proyectos y los desarrolladores de nuevos reactores todavía deben superar obstáculos técnicos, regulatorios y financieros.

Por eso, la oportunidad no depende solamente de que la energía nuclear gane participación en la matriz global, sino también de cuánto de ese crecimiento ya está reflejado en el precio de cada activo.

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