16 de noviembre 2000 - 00:00

Entre la abstinencia, el e-mail y el Brasil se desvanece Chacho

Dedicó una semana en Brasil a otro intento de abandonar el cigarrillo, que agrava los síntomas del asma que recrudece en los tiempos de crisis, que ya duran demasiado. Cuando regresó al país el domingo no llamó a nadie; habría varios que esperaban con ansiedad alguna palabra del caudillo. Se encerró desde ese día en su oficina de la casa del Frente (nombre de fantasía de la Fundación Carlos Auyero) y apenas se dio tiempo para un breve cruce con los diputados Darío Alessandro y José Vitar, hoy como improvisados jefes de lo que queda del Frepaso. No quiso hablar de los temas del día, ni de la semana, ni del mes. ¿A qué dedica las horas? A leer y responder los 10 mil e-mails que provocó su llamado a un movimiento vecinal antipolítico y anticorrupción. Aprovecha además para navegar interminables horas por la Internet, al que se lo considera ya un adicto a este hábito solitario. Es, claro, Claro Chacho Alvarez.

En la pieza de al lado muge el Frepaso esperando que Chacho les baje alguna línea. Como el pueblo que clamó por la palabra divina en el desierto, decenas de diputados merodean por el mismo edificio de la casa del Frente pero pasan a puntas de pie por los pasillos por donde habita el jefe. El partido logró poner 37 diputados nacionales en el Congreso que hicieron política bajo el mando de un caudillo que nunca consultó nada pero ahora tampoco habla. Más todavía, se ocupó de disolver cualquier mecanismo de consulta o de conducción que le impidiera las piruetas de cada mañana, como ofrecer en el mismo día una candidatura a Luis Farinello o a Graciela Fernández Meijide, correr a la oficina menemista de Domingo Cavallo, o decidir si la protesta sería con bocinazo o apagón.

No creyó, como el general, que la organización iba a vencer al tiempo, pero la tropa se crió en el verticalismo, fuera peronista o stalinista (según el palo de origen) y clama hoy por una indicación sobre cómo votar el presupuesto, si recibir a José Luis Machinea con risas o con quejas. Ni qué decir sobre el futuro electoral en las listas del año que viene.

Por eso hoy un núcleo de frepasistas intentará que Chacho suelte el mouse y escuche la queja de su grey que, por
lo menos, quiere una fecha de retorno. Y que si no vuelve, lo diga ahora.

El bloque de diputados cree que esta ausencia de Chacho de la conducción no tiene retorno porque es simultánea a la migración de Fernández Meijide, a quien el Frepaso ve definitivamente alejada del partido. Le reprochan dos gestos: 1) ser víctima del síndrome de la «cápsula de poder» en que caen funcionarios y dirigentes con escasa experiencia política. Para ella todo está bien, se blindó ante cualquier crítica y sacó de su lado a quien le traía malas noticias. 2) Haber consentido la entrega del manejo total de los fondos del ministerio al veterano cajero del partido, Carlos Porroni, recaudador en todas las campañas y hoy árbitro de cuánto y cómo se gasta en el Ministerio de Acción Social. Meijide ha cortado, furiosa, con todos los que le acercaron alguna crítica a los métodos de Porroni, que fue durante mucho tiempo tesorero de la Fundación Auyero donde hoy internetea Chacho hasta la alta noche.

Los más pesimistas creen que el Frepaso es ya una fuerza irrecuperable porque Alvarez, por motivos que se hunden en su temperamento, no ha sabido capitalizar el histórico portazo a la vicepresidencia de la Nación, por lo menos más allá de los 10 mil e-mails. Su imagen cae en las encuestas y nadie lo puede parar en la caída.

Quienes conocen al jefe indican otra señal: Chacho se ha quedado sin la figura paternal que lo amparó en los momentos luminosos. Prime-ro fue Antonio Cafiero, en cuyo entorno peleaba en los años '80 por escribirle los discursos de la renovación. Después siguió el llorado Germán Abdala, a quien el cáncer le impidió encarnar la jefatura formal del Frente Grande. Lo reemplazó luego Auyero, que funcionó como comisario político del ex vicepresidente con un dominio que irritaba a muchos entornistas.


Ni Graciela Meijide ni Alfredo Bravo, asesores episódicos del caudillo, pudieron suplantar a los que se fueron. Tampoco Raúl Alfonsín, ante quien Chacho actuó el rol de discípulo cuando nació la Alianza en 1997. Buscaba su cariño pidiendo en las reuniones, con afecto de nieto: «Cuente, don Raúl, cuente cuando lo retó a Reagan».


Sin el caudillo la tropa se desgrana hora a hora. Ya se fueron del bloque tres socialistas (Alfredo Bravo, Héctor Polino, Jorge Rivas). Ahora buscan otro horizonte los diputados de extracción sindical Alicia Quiroz, Atilio Tazzioli, Graciela Ocaña, Eduardo Macaluse y Alicia Castro, furiosos con la medidas previsionales del último paquete. Han encontrado finalmente la manera de pelearse con los radicales, a quienes nunca soportaron. Los que quedan dudan de la capacidad de Alessandro de asumir el liderazgo del Fre-paso; creen que es más un imitador que un discípulo de Alvarez.


A Ibarra lo tienen lejos y el jefe de Gobierno quiere por ahora cortarse solo con la tercera caja del país y un distrito que cree dominará hasta nuevo aviso con un partido que será cada vez más transversal, es decir más ibarrista, con la ilusión de un proyecto presidencial. Para eso no necesita hoy del Fre-paso chachista; sueña que vendrá, guacho, a pedir amparo.

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