Entre la abstinencia, el e-mail y el Brasil se desvanece Chacho
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Las importaciones de bienes de capital cayeron 7,8% en el primer trimestre
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Orlando Ferreres estimó una inflación de 2,6% en abril y anticipó un posible rebote en mayo
En la pieza de al lado muge el Frepaso esperando que Chacho les baje alguna línea. Como el pueblo que clamó por la palabra divina en el desierto, decenas de diputados merodean por el mismo edificio de la casa del Frente pero pasan a puntas de pie por los pasillos por donde habita el jefe. El partido logró poner 37 diputados nacionales en el Congreso que hicieron política bajo el mando de un caudillo que nunca consultó nada pero ahora tampoco habla. Más todavía, se ocupó de disolver cualquier mecanismo de consulta o de conducción que le impidiera las piruetas de cada mañana, como ofrecer en el mismo día una candidatura a Luis Farinello o a Graciela Fernández Meijide, correr a la oficina menemista de Domingo Cavallo, o decidir si la protesta sería con bocinazo o apagón.
No creyó, como el general, que la organización iba a vencer al tiempo, pero la tropa se crió en el verticalismo, fuera peronista o stalinista (según el palo de origen) y clama hoy por una indicación sobre cómo votar el presupuesto, si recibir a José Luis Machinea con risas o con quejas. Ni qué decir sobre el futuro electoral en las listas del año que viene.
lo menos, quiere una fecha de retorno. Y que si no vuelve, lo diga ahora.
Los más pesimistas creen que el Frepaso es ya una fuerza irrecuperable porque Alvarez, por motivos que se hunden en su temperamento, no ha sabido capitalizar el histórico portazo a la vicepresidencia de la Nación, por lo menos más allá de los 10 mil e-mails. Su imagen cae en las encuestas y nadie lo puede parar en la caída.
Quienes conocen al jefe indican otra señal: Chacho se ha quedado sin la figura paternal que lo amparó en los momentos luminosos. Prime-ro fue Antonio Cafiero, en cuyo entorno peleaba en los años '80 por escribirle los discursos de la renovación. Después siguió el llorado Germán Abdala, a quien el cáncer le impidió encarnar la jefatura formal del Frente Grande. Lo reemplazó luego Auyero, que funcionó como comisario político del ex vicepresidente con un dominio que irritaba a muchos entornistas.
Ni Graciela Meijide ni Alfredo Bravo, asesores episódicos del caudillo, pudieron suplantar a los que se fueron. Tampoco Raúl Alfonsín, ante quien Chacho actuó el rol de discípulo cuando nació la Alianza en 1997. Buscaba su cariño pidiendo en las reuniones, con afecto de nieto: «Cuente, don Raúl, cuente cuando lo retó a Reagan».
Sin el caudillo la tropa se desgrana hora a hora. Ya se fueron del bloque tres socialistas (Alfredo Bravo, Héctor Polino, Jorge Rivas). Ahora buscan otro horizonte los diputados de extracción sindical Alicia Quiroz, Atilio Tazzioli, Graciela Ocaña, Eduardo Macaluse y Alicia Castro, furiosos con la medidas previsionales del último paquete. Han encontrado finalmente la manera de pelearse con los radicales, a quienes nunca soportaron. Los que quedan dudan de la capacidad de Alessandro de asumir el liderazgo del Fre-paso; creen que es más un imitador que un discípulo de Alvarez.
A Ibarra lo tienen lejos y el jefe de Gobierno quiere por ahora cortarse solo con la tercera caja del país y un distrito que cree dominará hasta nuevo aviso con un partido que será cada vez más transversal, es decir más ibarrista, con la ilusión de un proyecto presidencial. Para eso no necesita hoy del Fre-paso chachista; sueña que vendrá, guacho, a pedir amparo.



