Espiral precios-salarios desata la tensión social

Economía

Los defensores del denominado «modelo productivo» expresaron hace unos días su preocupación en torno a su continuidad cuando el secretario de la UIA, Juan Carlos Sacco, acusó a Hugo Moyano de destruirlo vía las negociaciones salariales que se vienen pactando.

Si se echa una mirada a la relación salariostipo de cambio, se llega a la conclusión de que aquella acusación no carece de fundamento, pero el destinatario de la misma debería ser el gobierno nacional, y no Moyano.

En efecto, cuando a fines de 2001 se derrumbó la convertibilidad, todas las acusaciones se centraban en el tipo de cambio fijo que ésta mantuvo durante una década. Se hacía necesaria la flotación del tipo de cambio para evitar la rigidez que tenía la misma.

Sin embargo, desde 2003 hasta el presentese lleva a cabo lo que podría denominarseuna neoconvertibilidad, donde se defiende un «piso» para el tipo de cambio y no un «techo», como era en la convertibilidad.

Como consecuencia de esta decisión y frente a un mercado cambiario donde la oferta de dólares es superior a la demanda, el Banco Central tuvo que intervenir en el mercado, comprando el excedente de dólares.

En el referido lapso, compró u$s 50.000 millones de esta moneda (en cifras redondas). Como el stock de reservas a fines de 2002 estaba en torno a u$s 10.000 millones, hoy deberíamos tener u$s 60.000 millones. La diferencia entre este nivel y el que tenemos efectivamente obedece al pago que se hizo al FMI, por u$s 9.500 millones (este pago, debe recordarse, no implicó una contracción de la base monetaria, ya que el Banco Central recibió a cambio una letra en dólares, con vencimiento a una década. (¿Por qué no se hace con el Club de París algo similar?)

Mientras se llevaba a cabo esta política cambiaria, los salarios, medidos en dólares, comenzaron a crecer. En 2001, el salario bruto (promedio) del sector privado registrado era de u$s 900 mensuales. Luego de la devaluación de 240% en 2002, y tomando en cuenta el ajuste que se hizo del citado salario (17%), los u$s 900 quedaron en u$s 310. A fines del primer trimestre de 2008 (suponiendo un aumento de 20% en los salarios y un tipo de cambio de $ 3,20), el mencionado salario es de u$s 905. Estamos, pues, en términos de competitividad, igual que en 2001.

A esta conclusión se la suele refutar haciendo referencia a la devaluación del dólar o al tipo de cambio real bilateral (Brasil), que supuestamente nos torna más competitivos. Se traslada la cuestión afuera, cuando por lo que clama la industria es por la relación costos internos-tipo de cambio.

Si esta relación es hoy similar a la de la convertibilidad (como vimos con los salarios), si nos llueven pedidos del exterior, por la devaluación del dólar en el orden internacional, esto no implica que los precios de exportación suban para la industria pero sí implica que puede aumentar sus ventas al exterior, en tanto y en cuanto la rentabilidad se lo permita, cosa que hoy está en duda.

En lo que hace a Brasil, tenemos un claroejemplo de que la manipulación del tipo de cambio no significa inexorablemente una ventaja para la exportación. A pesar de la fuerte apreciación del real, acabamos de enviar una misión oficial a ese país para tratar de revertir nuestro déficit comercial con el mismo, que en 2007 estuvo en torno a u$s 4.000 millones. Cuando la relación del peso y del real era similar con respecto al dólar (2004), este déficit era la mitad.

Nos guste o no nos guste, estamos inmersos en una espiral precios-salarios, la que manifestó sus primeros atisbos en 2005, en el que la inflación, medida por el índice de precios combinados, saltó a dos dígitos anuales.

También el campo reclama una mejora en el tipo de cambio, dada la discriminación que sufre entre el dólar de importación y el de exportación.

La mencionada espiral conlleva siempre una fuerte puja distributiva, con su corolario de tensiones sociales. Esto no se arregla con controles de precios o con prohibiciones para exportar o con medidas análogas, lo que irrita más y hacen más difíciles los caminos para disminuir las tensiones que estamos viviendo.

(*) Miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

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