30 de octubre 2003 - 00:00

¿Está la Argentina en "sojadependencia"?

¿Está la Argentina en sojadependencia?
Algunos analistas (Carlos Melconian y Rodolfo Santángelo en nota publicada en este diario) sostienen que hoy la Argentina padece «sojadependencia» por el alto aporte en retenciones (para el gasto del gobierno) y de divisas (para las reservas y quietud cambiaria) debido al elevado precio de esta oleaginosa. Otros sostienen que siempre hay quienes viven con alarmas de «dependencias». Por caso, mencionan en relación con exportaciones a Brasil -24% del total argentino- que había «Brasildependencia» como si Chile (en cobre), Venezuela (en petróleo) y otros países no tuvieran preeminencia en determinadas riquezas exportadoras.

Estos agregan que la recaudación del gobierno no sufriría gran impacto si se cayeran los precios internacionales actuales de la soja. No se sabe bien.

No olvidemos que este gobierno aumentó el gasto público durante la gestión Kirchner en 2.700 millones de pesos en cuatro meses, casualmente los que le aportó extras -como un imprevisto PRODE- el boom de la soja. Por las dudas, mejor que el precio siga alto y permita disimular demagogias en gastos de gobierno. O sea, deseemos que China siga abandonando el marxismo, que nuestra izquierda dinosáurica nos propone aquí. Porque China hacia un socialismo moderno con base en el capitalismo -como en varios países europeos, Chile o Brasil- empina con su mayor bienestar la demanda internacional y, consiguientemente, el precio de la soja.

Veamos la posición de quienes niegan la «sojadependencia»:

«La participación del complejo sojero en las exportaciones argentinas treparía este año a 26% (cerca de u$s 7.600 millones), ubicándose bien por encima de las restantes cadenas productivas (sus más cercanos seguidores son el «complejo petróleo y gas» con 18% y el «complejo cerealero» con 9%)», indica un estudio realizado por la consultora Federico Muñoz y Asociados.

«En algunos países latinoamericanos caracterizados por la producción petrolera o minera, e incluso en ciertos países desarrollados, pueden observarse niveles de participación de su principal producto exportador similares o superiores a la soja en la Argentina», se indica.

«Otro factor que es motivo de preocupación está vinculado a su importancia en la recaudación impositiva.Además de los aportes a los impuestos tradicionales como IVA y Ganancias, este sector está gravado con elevadas tasas de retenciones (23,5% en poroto y 20% en el aceite), lo que eleva su participación en dicho impuesto a casi 50%. Con estos números en mente, resulta interesante evaluar el efecto que hubiesen tenido hipotéticas caídas en el valor de producción (ya sea por menores precios o cantidades) sobre las exportaciones y la recaudación».


«Por caso, un Valor Bruto de la Producción 20% inferior (vale decir, similar al de 2002) hubiera reducido las exportaciones del año en curso en u$s 1.500 millones y la recaudación en $ 904 millones (sólo midiendo el efecto directo asociado a las retenciones y no la potencial caída en el resto de los impuestos o de las actividades conexas). Se trata de caídas que si bien son importantes, no parecen capaces per se de provocar un colapso de la economía local», indican Federico Muñoz y Martín Bengochea, quienes elaboraron el informe.

«Si bien la situación actual luce inusualmente excepcional, ello se debe fundamentalmente a que los precios se encontraban excesivamente deprimidos en los últimos años. Por caso, el precio trepó en octubre a un récord de cinco años, pero con un valor que es sólo 10% superior al nivel promedio registrado durante el período 1980/ 2003».


Tras recordar que «la Argentina es un player de peso en el mercado mundial de la soja. De acuerdo a datos de la USDA, la Argentina exportaría en la próxima campaña 11,6 millones de toneladas de porotos de soja -3° puesto detrás de EE.UU. y Brasil y 17% del total mundial-, 19,7 millones de harina -1° puesto y 41% del total- y 4,5 millones de toneladas de aceite (1° puesto y 47% del total). Es decir, somos muy competitivos y no podemos dejar de aprovechar la fortaleza que muestra actualmente la demanda. Ello no implica, sin embargo, que podamos olvidar que se trata de un mercado en el cual los precios -inevitablemente- variarán en forma significativa y afectarán nuestros ingresos».

El informe indica que «si bien la dependencia puede no lucir aún excesiva, no sería ilógico comenzar a pensar en mecanismos anticíclicos que aseguren que ni la oferta de dólares ni nuestras cuentas fiscales deban moverse en el futuro al compás del clima o del humor del mercado de la soja (por ejemplo, casi todos los países dependientes de un commodity poseen fondos fiscales para amortiguar los ciclos)».

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