Más allá del hecho de que el mercado suba o baje, en los últimos días estamos viendo algo así como un vuelco hacia la seguridad. La semana pasada éste se apreció por el pobre desempeño que tuvieron los papeles de segunda y tercera línea frente a los más grandes. Desde el viernes, la cosa fue más notable y de lo que se alejan los inversores es de cualquier cosa que no sea auténtica «sangre azul» bursátil. Si bien en las primeras horas del lunes parecía que las cosas habían cambiado y que los inversores se «jugaban» otra vez por la punta más volátil del mercado, el arbitraje entre contado y futuro terminó dando la razón a estas últimas operaciones y a pesar de que el Dow siguió trepando hasta pasadas las 14, minutos después del mediodía tanto el NASDAQ como el S&P entraban en territorio perdedor. Si bien para esa hora las cosas mejoraban algo, esto era fruto de la resistencia del promedio industrial y de que se había terminado el juego entre los mercados de contado y futuro. A partir de ahí entramos en lo que podemos llamar «mercado puro». Lo que se vio no fue de lo mejor, ya que se repitió lo mismo de las últimas ruedas. Esta vez con una tendencia declinante. La tan ansiada ruptura consecutiva de las líneas de 10.000 (para el Dow), 2.000 (para el NASDAQ) y 1.000 puntos (del S&P 500) está costando más de lo que parecía. Si bien se puede culpar al dólar por caer a un nuevo mínimo histórico frente al euro, o a la consiguiente suba del oro a un nuevo máximo en varios años, lo cierto es que quienes invierten en acciones lo hacen mirando muchos más elementos que estos dos, por lo que no se los puede culpar de manera directa.
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