Disimula, pero no puede ocultar su inquietud Néstor Kirchner con el gasto público. Sabe que es la llave de su estabilidad, aunque en los últimos meses ha contribuido a incrementarlo (y los próximos amenazan ser peores por la cuestión electoral). Entonces, como si nadie lo advirtiera, en apenas 20 días de enero, se obsequiaron dos «paquetitos» fiscales, como si no hubieran sido suficientes los regalos que tuvo a fin de año. Algo desproporcionada la medida en materia de imposiciones: ambas suman 0,2% del PBI. De la noche a la mañana, entonces, por la debilidad presupuestaria y cierta propensión al gasto, se rebanaron 400 millonesde dólares por la suba de retenciones al complejo sojero, y otro ingreso semejante vendrá del aporte de indecisos (más los que se muden al sistema de reparto) por parte de lo que ahora se llama nueva reforma jubilatoria. Como nada alcanza, hay en marcha impuestos a la riqueza y subas a las tasas de abasto. Todo en un mes. Febrero puede ser aún peor para el contribuyente.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.