Cómo lograr fondos del Fondo (y no morir en el intento)

Economía

Las negociaciones entre el FMI y los países miembros necesitados de fondos frescos suelen ser muchas veces una auténtica partida de ajedrez. Por eso mismo es que en este momento hay que tener especial cuidado en lo que respecta a qué es lo que se le va a solicitar al FMI en materia de fondos frescos.

Las negociaciones entre el FMI y los países miembros necesitados de fondos frescos suelen ser muchas veces una auténtica partida de ajedrez. Vale decir: más de la mitad de la probabilidad de éxito de la misma se juega en su propio inicio. Si en la apertura un jugador comete un error serio es muy probable que frente a un auténtico profesional -como en este sentido es el FMI- haya perdido de antemano. Por eso mismo es que en este momento hay que tener especial cuidado en lo que respecta a qué es lo que se le va a solicitar al FMI en materia de fondos frescos. En un inicio se mencionaba que la búsqueda de un acuerdo quedaba circunscripta a la renovación de los vencimientos con ese y otros organismos internacionales sin buscar nada más. Tal aseveración causaba consternación en quienes hacen los cálculos acerca de los recursos y las erogaciones a las que el país debe hacer frente en 2021. Ocurre que en este contexto se está desarmando buena parte del IFE y de los ATP y se está tratando de conformar a los jubilados con una fórmula de ajuste de sus haberes que si bien es muy lógica, a los mismos les sabe a poco. Frente a eso, descartar de plano una ayuda que puede superar los u$s10.000 millones a tasa blanda equivale a desperdiciar nada menos que el 4% del PBI de posibles créditos blandos que no solo ayudarían a cerrar las cuentas fiscales sino que también brindarían la posibilidad de intervenir en el mercado de cambios en el caso de que exista algún episodio de incertidumbre que eleve de manera transitoria la demanda de dólares tal como pasó hasta hace semanas atrás.

No hay que dejarse llevar por lo que el FMI diga al principio. Es un ajedrez. Por eso, mejor saber que los enviados del FMI que acaban de llegar -humildes peones en ese ajedrez- poco y nada pueden hacer para que la Argentina reciba más o menos dinero de ese organismo, aunque sí pueden ser muy efectivos más adelante cuando en el FMI quieran saber si la Argentina va cumpliendo o no con las metas. Por lo tanto no es con ellos con quienes el ministro Guzmán debe hablar ahora. Ese puede terminar siendo un gran error inicial que en la partida de ajedrez que es toda negociación con el FMI puede pagarse muy caro más adelante. Recordemos, por ejemplo, cómo hizo Macri para lograr el acuerdo record de dinero con el FMI. No se reunieron primero Dujovne y los técnicos del FMI en una oficina oscura sin ventanas del Ministerio de Economía como ahora hicieron en un claro error Guzmán y Chodos. Primero de todo hablaron telefónicamente sin intermediarios Macri y Lagarde. Y enseguida Macri y Trump, luego con Xinping, con Merkel, con Suga, con Macron y con Johnson. Macri movió entonces el Rey, la Dama, los alfiles, los caballos y las torres. No es tanto que Macri tuviera esos contactos, sino que estaba acostumbrado a que le lleve el apunte quien se le antojara. Y para gente bien educada como son los principales líderes mundiales, si llama el Presidente argentino al menos dos minutos de tiempo hay que darle. Cuando algo por el estilo ocurre entonces empieza a resultar imposible que empiece un tironeo, un tire y afloje de fondos. Vaya si no... el crédito del FMI fue al final de u$s57.000 millones.

Volvamos al presente: en este caso el Gobierno tiene un gran argumento para convertir una cuestión técnica de rutina como lo puede ser una revisión de cuentas por parte de funcionarios subalternos -peones- del FMI como los que vinieron al país, en una magnífica ocasión para hacerle ver al FMI que este Gobierno tiene que “levantar el muerto”, como se dice en la jerga, que dejaron entre el gobierno anterior y el propio FMI. Entre ambos, en vez de aceptar un default que en 2018 o a más tardar en 2019 tenía fatídicamente que producirse, pagaron puntualmente u$s40.000 millones de vencimientos endeudando al país para que grandes fondos del exterior retiraran a tiempo la parte más alta posible de sus inversiones que se pudiera. Por lo tanto, este stand by que ahora se pretende transformar en un Crédito de Facilidades Extendidas de mayor plazo, no merece discutirse con un criterio meramente técnico, sino político. Vale decir, Alberto Fernández debe levantar el teléfono, comunicarse directamente con Kristalina Georgieva, explicarle que a raíz del desbarajuste del cual fue coautor el propio FMI el país ha quedado con abultadas deudas y sin reservas, y que necesita imperiosamente que el FMI desembolse en el marco del próximo Acuerdo de Facilidades Extendidas los mismos u$s15.000 millones que el FMI tenía listos para desembolsar en este 2020 y que no hizo. Se trata de ir poniendo funcionarios entre la espada y la pared. Y es que no hay otra. Georgieva, seguramente contestará que ella sola no puede decidir una cosa así, tirando la pelota afuera. Si hace eso, perfecto. La gestión está iniciada y si el Presidente le hace un llamado a Biden para felicitarlo por su triunfo y manifestarle su necesidad de respaldo en el organismo, y se toma todo un día en Olivos para hablar con los líderes de los principales países europeos y asiáticos para lograr un apoyo en el FMI -nobleza obliga- tan importante como el que le dieron a Macri, entonces una buena parte de la tarea estará hecha por varias sencillas y simples causas. Nadie, ni Georgieva, ni Biden, ni Xinping, ni Macron, ni Merkel, ni Boris Johnson tienen el suficiente poder como para decir por sí mismos la palabra “No”. Y mejor aún: tampoco tienen causa. Y por una tercera razón más: todos ellos, como buenos funcionarios públicos que son -por más altos que sean- han logrado a la perfección hacer algo que otros no han podido: cuidar, en el poder, sus propias sentaderas, las que siempre corren riesgo de recibir un certero puntapié en el caso de que se despierte una crisis financiera internacional.

Los líderes mundiales desde hace días apenas pueden pegar un ojo todas las noches a causa del temor a que el coronavirus les provoque el “efecto Trump”. ¿Querrán correr riesgos adicionales de una crisis económica iniciada en la Argentina con la pandemia alcanzando nuevos picos de contagios? Aunque ese riesgo en sí mismo sea muy bajo... ¿querrán correrlo? ¿Con qué fin? Lo más probable es que no. La forma de negociar de este Gobierno es entonces un problema. No se trata de llegar a la promiscuidad de Macri y Lagarde sonriéndose mutuamente en forma cómplice. Pero sí se trata de adquirir cierto “roce” de RRPP y RRII del cual cuesta encontrar el más mínimo rastro en el Poder Ejecutivo hoy.

En síntesis: es sencillo lo que Argentina debe pedir al FMI: refinanciar todos los vencimientos con ese organismo y lograr la misma cantidad de fondos que faltó desembolsar del stand by de la era Macri. Nada más y nada menos que casi u$s15.000 millones. O sea, más del 4% del PBI. ¿Puede alguien pensar acaso que da lo mismo que haya o no haya un ingreso -y encima en divisas- de esa magnitud? Si esto se logra, entonces sí la exportación va a vender granos y a liquidarlos en vez de acumularlos y retenerlos y, quién dice, dentro de solo un año estemos con una desahogada situación de reservas que permitiría cierto manejo de la política cambiaria en forma menos rudimentaria que hoy. El teléfono del Presidente es la clave. Está perfecto acompañar a Evo a Bolivia, simpatizar solitariamente con López Obrador o declamar frente a socialistas españoles. El problema, claro, es que ninguno de ellos nos puede dar una mano en el FMI. Hay que hablar unos minutos con Georgieva, Biden, Johnson, Merkel, Xinping, Suga y Macron. El teléfono del Presidente es la clave. No la foto por más bienintencionada que sea, de Guzmán y Chodos tomando un café de filtro y agua sin gas con dos peones del FMI preparados de antemano para decir “no” a cualquier cosa, porque a ese nivel -al revés de mucho más arriba- la palabra “no” elimina cualquier problema.

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Walter Graziano y Asociados

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