27 de mayo 2021 - 00:00

Contacto Fernández-Merkel: promesa de cumplimiento y aval a negociación con FMI

ALBERTO FERNÁNDEZ Y ANGELA MERKEL.jpeg
Presidencia de la Nación

Comprensiva. Paciente. Colaboradora. Así describieron ayer dentro del Gobierno, la actitud que mostró Angela Merkel en el encuentro virtual que la Canciller alemana mantuvo con Alberto Fernández; y donde el apoyo a las negociaciones con el Club de París y el Fondo Monetario Internacional (FMI) fue el tema excluyente. La jefa de gobierno europea, a propia petición, recibió una confirmación válida tanto en Berlín como en París y, sobre todo, Buenos Aires: Argentina negocia de buena fe tanto con el Club de París como con el organismo que conduce Kristalina Georgieva y bajo las reglas establecidas. Y reconoce que no hay alternativa para un acuerdo a más de 10 años, aunque con condicionalidades más favorables.

Además, Alberto Fernández le aseguró a Merkel que no está en las intenciones del Gobierno, no reconocer los próximos pagos que el país le debe hacer al FMI. Estas confirmaciones son clave para que Alemania y el resto de los 21 miembros del Club de París avalen la petición de la Argentina para que el organismo financiero acepte un “puente de tiempo” para no caer en default el próximo 30 de julio. La intención del Club es otorgar dos o tres meses más de plazo, tiempo en el cual la Argentina deberá aceptar una misión del FMI vinculada al artículo IV del estatuto; para luego avanzar en una Carta de Intención. En ese momento, los acreedores aceptarían una negociación a largo plazo de los u$s2.400 millones que se le deben.

La aceptación del plan por parte de Merkel es indispensable. Alemania es el principal acreedor del país con el Club de París, con un 37,37% del total de la deuda. Originalmente representaban algo más de u$s2.700 millones del total de unos u$s9.700 millones que la Argentina le debía al Club de París, dinero en default desde diciembre de 2001 y renegociado por el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en 2014. El pasivo con Alemania se generó durante los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, a partir de la aplicación de créditos directos para empresas privadas radicadas en el país y con potencial exportador hacia la Unión Europea (UE). A estas líneas se suman viejas líneas que el propio gobierno alemán le había otorgado a la administración de Raúl Alfonsín para obras públicas durante fines de la década del ‘80.

El segundo acreedor es el más complicado de todos para negociar. Se trata de Japón, con un 22,34% del total del pasivo, generado fundamentalmente en los ‘80 para prefinanciar exportaciones de ese origen y radicación de plantas de ese país en la Argentina; aplicadas en la mayoría de los casos dentro de la industria automotriz.

En el listado luego aparece Holanda con un 7,98% de la deuda. Se trata de otro caso complicado, donde por cuestiones culturales no existe mucha flexibilidad para países que no cumplen con sus pagos. Los Países Bajos votan tradicionalmente en contra en el board del FMI de los acuerdo que propone Argentina.

El cuarto acreedor del país es España, con un 6,68% de la deuda. Es el rezago generado por el crédito que en 2001 giró el gobierno de José María Aznar, para ayudar a sostener la convertibilidad y los giros de dividendos de las compañías españolas radicadas en el país. El total de ese crédito fue de unos u$s1.100 millones, Argentina los declaró en default en diciembre del 2001 con el resto de la deuda externa argentina y durante la primera etapa de gestión de Néstor Kirchner hubo un intento de negociarla por fuera del Club de París, en mejores condiciones que el resto de los acreedores.

La presión del resto de los socios de la Unión Europea hizo que el pasivo se sume a la demanda general del Club de París. Le siguen como acreedores Italia (6,29%), Estados Unidos (6,28%), Suiza (5,31%), Francia (3,62%), Canadá (2,02%) y un 2% distribuido en el resto del mundo.

La Argentina mantiene su deuda con el Club de París en nivel de default desde el 5 de julio del año pasado, lo que implica un caso inédito (por lo negativo) en la breve historia moderna del país con la entidad; y luego de haber dejado de pagar los compromisos en 2001 tras la declaración de default generalizado de Adolfo Rodríguez Saá del 22 de diciembre de ese año.

Dejá tu comentario

Te puede interesar