El Gobierno tendrá que convencer desde hoy al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la comunidad política y económica internacional sobre dos capítulos fundamentales que definirán el futuro del país.
El Gobierno tendrá que convencer desde hoy al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la comunidad política y económica internacional sobre dos capítulos fundamentales que definirán el futuro del país.
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Por un lado, habrá que argumentar antes de diciembre, cuando se reúna el board del organismo, de la necesidad de reducir las tasas de interés del 4,05 actual al 1,05%; una misión cuya principal meta es lograr el voto positivo de los Estados Unidos.
Por el otro, habrá que terminar la faena dentro del propio organismo que maneja Kristalina Georgieva, para que el plan de acción para lograr el equilibrio fiscal antes del ejercicio 2026 no se ejecute sobre la base de un ajuste sobre el gasto público, sino sobre la promesa de un incremento de los ingresos reales del sector público.
Se abre rally económico de conversaciones con el Fondo que, de no mediar el cierre de las negociaciones para cerrar el ya muy demorado Facilidades Extendidas, llevará a un default el 20 de marzo del 2022. Ese día el país debería pagar el primer pago del plan de vencimiento de capital por unos u$s4.050 millones, dinero que Argentina no tiene ni tendrá.
En consecuencia, ya no hay tiempo. Definir qué pasará con el FMI, será la misión más importante en materia económica que el nuevo panorama político del país tendrá que resolver desde esta misma mañana. Gobierno y oposición, ya que uno de los mandatos del Fondo es que el acuerdo pase por el Congreso Nacional, con lo que deberá ser aprobado por la composición legislativa que surgió de la elección de ayer.
La principal misión para avanzar en el acuerdo, excede al ministerio de Economía y llega a lo más alto de la diplomacia argentina. Alberto Fernández, Martín Guzmán y el embajador argentino ante Washington Jorge Argüello, tendrán que eliminar los últimos cartuchos para convencer a las autoridades competentes de los Estados Unidos, de la necesidad de apoyar el reclamo argentino para que al Facilidades Extendidas se le apliquen los intereses de país normal y en sintonía con la Carta Orgánica del FMI. Y no los de castigo para países que, como Argentina, son incumplidores y que piden dinero por encima de lo que ese documento autoriza. No es menor lograr esa meta.
Hay 1.000 millones de dólares anuales o 10.000 para toda la vigencia del acuerdo en juego; dinero que para el país obviamente es fundamental conseguir como ahorro. Y sólo con el apoyo del gobierno de Joe Biden esta posibilidad podrá concretarse, ya que una decisión de este tipo sólo puede ser tomada por el board; donde, como se trata de una alteración de la Carta Orgánica, es necesaria una mayoría especial. Como EE.UU. detenta un 17% de las acciones, y se requiere una mayoría del 85%; sí o sí es necesario que Biden personalmente apoye la moción. Todas las explicaciones técnicas que fueron explicadas desde el ministerio de Economía a la secretaría del Tesoro de Janet Yellen.
Ahora sólo resta una decisión política del presidente de los Estados Unidos, la que depende de otras cuestiones, que a veces (como en este caso) exceden la economía. Por lo que se sabe, la Unión Europea (UE) seguirá en el board la línea editorial que adopte la administración Biden. Aún no hay fecha definida, pero se sabe que esta reunión del board se concretará en diciembre, antes del inicio de la feria laboral en la capital norteamericana de las fiestas de fin de año.
Lo cierto es que lograr esta reducción de intereses es para el gobierno fundamental e imprescindible. Saben el Presidente y el ministro de Economía, que no lograr una baja en las tasas, provocaría una crisis dentro de la coalición gobernante; luego de no poder incluir en el Facilidades Extendidas una extensión de los plazos de pago a mas de 10 años, el reclamo que el kirchnerismo duro le exigía a los negociadores argentinos a comienzo del año cuando avanzaban las discusiones entre Guzmán y los hombres y mujeres del FMI. Con una reducción de las tasas, el apoyo político interno se lograría y destrabaría la aceleración de las negociaciones.
En paralelo a las negociaciones, más diplomáticas que políticas, por las tasas de interés; deberán ir definiéndose los aspectos técnicos del Facilidades Extendidas; y que deben integrar la Carta de Intención que incluya las metas fiscales, monetarias, cambiarias y macro que el país debería cumplir.
Por lo que se sabe, prácticamente los objetivos que tendría que presentar anualmente la Argentina ya están definidas, sin mayores discusiones sobre el caso. El país tendría que llegar a un equilibrio fiscal para el ejercicio 2025, presentar un incremento en las reservas del BCRA de no menos de 5.000 millones de dólares anuales, un superávit comercial anual que no debería bajar de los u$s15.000/ 18.000 millones, una emisión monetaria en constante reducción y un financiamiento del gasto público que dependa porcentualmente casi en un 80% de la colocación de deuda en lugar de la impresión de billetes. El problema es el criterio que Argentina plantea para lograr las metas.
Guzmán le dejó al FMI en claro en la última reunión de Roma en el marco de la cumbre del G20, que el país no puede entrar en nuevos ajustes fiscales y sociales; y que la vía debe ser fomentar el crecimiento. Y que a partir de allí, esperar una mejora en la recaudación impositiva real que garantice la posibilidad de la mejora de las variables. El FMI no le cree a Guzmán, y le exige medidas concretas en el marco monetario y fiscal; promesas que el ministro no quiso avalar en Italia.
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