El Fondo Monetario Internacional (FMI) le dejó claro a los enviados argentinos a la reunión de primavera conjunta del organismo con el Banco Mundial (BM) que el único responsable directo de aprobar o reprobar al país en el examen de la primera quincena de mayo (cuando llegue al país la misión de fiscalización del Facilidades Extendidas) será Ilan Goldfajn. El director gerente para el Hemisferio Occidental tendrá a su cargo la calibración del dato más importante de todo el examen, cuya mesa de visitantes será protagonizada por su número dos Julie Kozack y el encargado del caso argentino, Luis Cubeddu.
El brasileño- israelí aclaró, en la reunión que mantuvo en Washington durante la semana pasada con los enviados argentinos, que cumplirá el mandato otorgado por el board del organismo el 25 de marzo pasado: allí, se le mencionó específicamente al funcionario que el aval se daba por el trabajo hecho por los técnicos en la negociación que demandó casi un año, pero no por la confianza en que el país lo cumpla, y que sería tarea de Goldfajn la de controlar las metas y variables comprometidas. Tarea que incluye la recalibración de números y porcentajes para evaluar y descartar potenciales waivers.
En el caso de la misión de mayo, el único dato preocupante que se encuentra en Buenos Aires es la inflación. Y del resultado de la capacidad de convencimiento local ante los enviados del FMI, será el porcentaje que desde Washington se impondrá por arriba del fallido 48% que se firmó como compromiso un mes atrás.
El Gobierno aún confía en que la inflación de abril será sensiblemente más baja que la de marzo, y que se ubicaría más cerca del 5 que del 6%. Esperan que le permita a Martín Guzmán mostrar una evolución en el mediano-largo plazo más cerca del tope del 48% pactado con el FMI que del 70% que los analistas privados (locales e internacionales) esperan para el año.
El acumulado de más de 16% del primer trimestre del año sepulta la medición al proyectar un anualizado más cercano al 60% anual que a la meta máxima negociada con el organismo financiero internacional. Sin embargo, creen en el Palacio de Hacienda que marzo fue el peor mes del año, y que hacia delante (comenzando por abril) se podrán mostrar mejoras sustanciales en el IPC. Y que los técnicos del Fondo entenderán que el país vivió en esta época del año lo mismo que el resto del mundo (una inflación creciente que llevó a los Estados Unidos a reportar para marzo 1,2% de aumento), agravado por los problemas criollos tradicionales, ya tratados con el FMI. Ante esto se buscará la comprensión del organismo, entendiendo que para el segundo semestre la situación estará algo más acomodada. El problema del país es que la primera misión llegará en la primera quincena de mayo, cuando estén sobre la mesa solo los datos del primer cuatrimestre; los que, obviamente, serán muy malos.
Oficialmente se sigue proyectando el piso de 50%. O que, en el peor de los casos, se deberá explicar un 10% más final, justificado en la evolución de los precios internacionales, más que en los problemas de evaluación local. Se confía en que desde Washington se aceptará el incumplimiento y se podrá renegociar la variable a un porcentaje más acorde a la realidad. Siempre y cuando los dos principales compromisos no se alteren. El déficit fiscal de 2,5% del PBI de tope y las reservas aumentando u$s5.800 millones este ejercicio (con una actualización real del tipo de cambio y una reducción de la brecha entre los dólares legales e ilegales), innegociables para el FMI. Suponen en el Ejecutivo que para aquella primera misión con estas dos metas será relativamente fácil demostrar que se está en el buen camino, con lo que hay optimismo ya en que, para el segundo semestre y pese al alza de los precios, el acuerdo podría seguir con vida.
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