El Gobierno confía en que la inflación de abril será sensiblemente más baja que la de marzo, que se conocerá hoy. Los datos que se aguardan desde el Ejecutivo, son de una reducción en la presión inflacionaria para este mes.
El Gobierno confía en que la inflación de abril será sensiblemente más baja que la de marzo, que se conocerá hoy. Los datos que se aguardan desde el Ejecutivo, son de una reducción en la presión inflacionaria para este mes, con datos que se muestren hacia mediados de mayo con proyecciones anuales que se acerquen más al 50% que al 60% de marzo. Y que le permitan a Martín Guzmán mostrar una evolución en el mediano-largo plazo más cerca del tope del 48% pactado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Saben tanto en el país como en Washington, que esa meta es ya inalcanzable.
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El acumulado de más de 14% del primer trimestre del año sepulta la medición al proyectar un anualizado más cercano al 60% anual que a la meta máxima negociada con el organismo financiero internacional. Sin embargo creen en el Palacio de Hacienda que marzo fue el peor mes del año, y que hacia delante se podrán mostrar mejores sustanciales en el IPC. Y que los técnicos del Fondo entenderán que el país vivió en esta época del año lo mismo que el resto del mundo (una inflación creciente que llevó a los Estados Unidos a reportar para marzo 1,2% de aumento), agravado por los problemas criollos tradicionales, ya tratados con el FMI. Ante esto se buscará la comprensión del organismo, entendiendo que para el segundo semestre la situación estará algo más acomodada. El problema del país es que la primer misión del FMI llegará en la primer quincena de mayo, cuando estén sobre la mesa solo los datos del primer cuatrimestre; los que, obviamente, serán muy malos.
El Gobierno confía en que habrá comprensión y que no será tema de alta discusión y eventual pedido de waiver. Se sigue proyectando el piso de 50%. O que, en el peor de los casos, se deberá explicar un 5% final; con lo que se confía desde Buenos Aires que el desvío no sea lo suficientemente amplio como para que el acuerdo se dé por caído por la evolución de la inflación; sino que desde Washington se aceptará el incumplimiento y se podrá renegociar la variable a un porcentaje más acorde a la realidad. Siempre y cuando los dos principales compromisos no se alteren. El déficit fiscal de 2,5% de tope y las reservas aumentando u$s5.800 millones este ejercicio (con una actualización real del tipo de cambio y una reducción de la brecha entre los dólares legales e ilegales), innegociables para el FMI. Suponen en el Ejecutivo que para aquella primera misión con estas dos metas será relativamente fácil demostrar que se está en el buen camino, con lo que hay optimismo ya en que, para el segundo semestre y pese al alza de los precios, el acuerdo podría seguir con vida.
Misiones
Con esto se aprobaría, creen en Buenos Aires, la misión de mayo y, quizá, la de julio/ agosto correspondiente a la revisión de los datos del segundo trimestre del año. Esta era, en teoría, la primer misión que debería haber llegado al país. Sin embargo, se adelantaron las visitas por la desconfianza con que en la reunión del board del FMI del 25 de marzo pasado se trató el caso argentino, donde se aseguraba que el país no podría aprobar el Facilidades Extendidas y que el acuerdo caería más temprano que tarde. Por esto a las 10 misiones originales pactadas para los próximos 2,5 años sumaron una más para mayo, acelerando los tiempos de las fiscalizaciones.
El Facilidades Extendidas está pactado para un cronograma de 12 años, dividido en dos partes. Una primera de dos años y medio, donde el FMI se compromete a pagar los compromisos que el país cerró en 2018 con el stand by firmado por Mauricio Macri. En ese tiempo, Argentina debe cumplir (y aprobar) 11 inspecciones, para luego pasar a una segunda etapa de vigencia del Facilidades Extendidas propiamente dicho. Durante esa primera parte, el organismo se hará cargo del autopago de los u$s44.700 millones correspondientes al stand by, comenzando por el trimestre posterior a la firma del tratado. Así, la primera liquidación propia del FMI se concretaría en el segundo trimestre del año, con el segundo vencimiento de junio por unos u$s4.080 millones. Luego habría dos pagos similares en septiembre y diciembre, y otros cuatro durante 2022 y un cronograma que terminaría de cerrarse en 2024. A partir de ese momento comenzaría a operar el Facilidades Extendidas reloaded de refinanciación del stand by de 2018; con un primer vencimiento en el segundo semestre de 2026.
Un Facilidades Extendidas exige siempre aceptar las misiones, otorgándole a los enviados de Washington la obligación de controlar si el país cumplió las metas fiscales, monetarias, financieras y cambiarias; y, si no lo hacen, enviarle estos datos a la sede central para que allí se definan los pasos a seguir. En una primera misión con variables no cumplidas, podría haber correctivos simples y la promesa de revisar el rojo en la próxima misión trimestral. Si el desequilibrio continuara durante un semestre, se debería requerir un waiver al Fondo, lo que habitualmente se otorga, siempre que no haya una distancia profunda entre la meta fijada y el número o porcentaje final logrado.
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