«Después de las cosas que han pasado con España, me parece que deberían pronosticar más sobre las cosas que les pasan a ellos.» Así se pronunció Cristina de Kirchner con relación al informe del Banco de España (Central), conocido 24 horas antes, advirtiendo que el gobierno de ese país ubicaba a la Argentina en el mismo nivel de confianza (o de desconfianza) para invertir que Cuba, Irán o Camerún. Nadie responderá desde Madrid, seguramente, aunque tal vez ciertos medios de esa tierra se vuelvan a encarnizar con el gobierno kirchnerista. Como expectativa opuesta, la Presidente elogió a los franceses -presidía ayer el estreno de un nuevo vehículo de Citroën-, saludó su confianza en el país que «tiene más valor que la inversión que puedan hacer, ya que ésta siempre es un número económico». Pero al margen de presentaciones y números, lo cierto es que desde París también se arremete contra la administración argentina. Basta ver, por ejemplo, una de las ediciones últimas de «Libération» -un medio de índole progresista, afín a los Kirchner y ahora opositor-, que cuestiona duramente la política hacia el campo y, además, ofrece un catálogo doloroso de la situación actual: habladel «derrumbe de la popularidad presidencial», de «una inflación que roza 30%», también del eclipse de la recuperación heredada y que «el monto de la deuda es superior al momento de la cesación de pagos del país en 2001». También alude a las « ridículas tarifas de energía y transporte», al tiempo que marca la exclusión del país del mercado financiero internacional que «debe pedirle prestado a Venezuela pagando tasas dos veces superiores a las del mercado». No es un número la confianza, pero en ocasiones se nutre de ellos.
Cristina al volante. Néstor la acompaña. Así al menos fue ayer en El Palomar al probar el
nuevo modelo de Citroën. Ella criticó duramente el informe del Banco Central de España.
Cristina de Kirchner refutó ayer el informe del Banco Central de España que consideró a la Argentina como un país de riesgo elevado para invertir: «Además de no haber pronosticado su propia situación como país -dijo-, cuando uno mira el informe del mismo Banco Central de España sobre la Argentina en enero de 2001 y en abril de 2001, advierte claramente que en realidad el análisis y las predicciones en economía no son su fuerte».
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La Presidente asistió ayer a la planta automotriz de la empresa Peugeot-Citroën, para la presentación del nuevo modelo C4 de Citroën.
Allí agradeció a la empresa de capitales franceses «la confianza en la Argentina» que -dijo-«vale tanto o más que la misma inversión». Lo que sigue son las principales referencias de la Presidente al informe español, al que aludió nuevamente al retirarse del lugar diciendo: «Después de las cosas que han pasado en España, me parece que deberían pronosticar más sobre las cosas que les pasan a ellos».
Realmente esto que hoy (por ayer) vemos publicado habla de la falta de seriedad y fundamentalmente de la irresponsabilidad con que se abordan temas que muchas veces deciden inversiones y, en definitiva, la vida de los argentinos y de todos los habitantes del mundo, que parecemos estar sometidos hoy a estos opinólogos que finalmente resultan ser traders nada más en el mundo de colocación de bonos y que toda la vida pasa por la colocación de un bono a tal o cual tasa.
En enero de 2001, unos 9 o 10 meses antes de la peor crisis que haya tendido nuestro país, crisis no sólo financiera, sino económica, moral e institucional, ¿qué decía el Banco Central de España?: «En la Argentina, si bien la actividad económica permanece débil, las perspectivas para el futuro próximo han mejorado sensiblemente tras la instrumentación del paquete de ayuda del Fondo Monetario Internacional en la última parte de 2000».
Más tarde, más cerca del incendio, mucho más cerca del incendio de abril de 2001 decía en la página 10 de otro informe: «En cuanto a la Argentina, ha de destacarse que después de un período de turbulencias políticas, el gobierno ha conseguido la aprobación de un ambicioso plan que persigue un cuádruple objetivo: reactivar la economía, cumplir los compromisos fiscales ligados a la ayuda del FMI, equilibrar el saldo exterior y recuperar la confianza de inversores y prestamistas internacionales».
Ese era el párrafo textual, de abril de 2001, a meses del mayor incendio que recuerde nuestra sociedad, de la mayor tragedia, porque además, como terminó fue una gran tragedia. Lo cual revela dos cosas: o bien no hacen análisis demasiado acertados o bien que los análisis son absolutamente interesados.
Porque ahí estábamos planteando la operación del megacanje en aquel momento que constituyó una formidable maniobra de asientos contables para que los capitales que habían especulado durante una década en la Argentina pudieran retirarse, sostenido esto por los propios dineros de los argentinos.
Y finalmente tuvieron como moño la derogación de la Ley de Subversión Económica. Porque si esto pudiera analizarse en el marco de la Ley de Subversión Económica y las maniobras que significaronpara recuperar los fondosespeculativos que habían ingresado al país, realmente, le pusieron el moño a una historia trágica para todos los argentinos.
Me parece triste que estas cosas sucedan, pero suceden en el mundo contemporáneo. Debemos abordarlas fundamentalmente con conocimiento de cómo se manejan y esencialmente con mucha responsabilidad en la difusión de las informaciones.
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