El fraude es una preocupación que está creciendo en las empresas argentinas junto con el avance de la tecnología. Sin embargo, en el país no existen mecanismos eficientes para combatirlo: «Hace falta la visión profesional y no una colección de mecanismos de control. Una estructura permanente antifraude dentro de cada empresa, conformada por especialistas», dice Roberto Fraga, socio de Ernst & Young y Walter Larriva. Esta teoría fue expuesta en el marco de la presentación de la «Encuesta sobre impacto del fraude en las organizaciones» realizada por esa consultora a escala nacional, sobre la base de opiniones de más de 390 ejecutivos. El estudio analiza tanto el fraude interno, que muestra la mayor participación (63%), como el externo (26%) y la colusión entre ambos (11%). Dentro de las empresas consultadas, 15% corresponde al área industrial y manufactura; 14% a servicios; 13% a consumo masivo, agrícola ganadero y pesquero; 8% a telecomunicaciones, entretenimiento, medios gráficos, financiera y seguros; 7% a petróleo, gas y servicios públicos, y 4% gubernamental y farmacéutico.
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Lo interesante es que 93% de los encuestados piensa que la prevención del fraude ayuda a mejorar la rentabilidad de la empresa, pero sólo 61% revela la existencia de políticas de concientización dentro de las firmas, y más de 50% afirma que no son efectivas. La mayoría, además, dice que la actividad empresaria demanda un cambio urgente para combatir el delito, las políticas internas de incentivos y de premios y castigos no son tan efectivas como lo sería personal capacitado para detectar, combatir y prevenir el fraude junto con las herramientas tecnológicas necesarias.
Además, el tipo de fraude cambió junto con el avance del mercado y de la tecnología, lo cual también demanda métodos de control más avanzados. El «cooking the books» o fraude de estados contables era el más común y se combatía con la auditoría externa e interna, pero según la encuesta, sólo 15% de los casos responde a este delito. El mayor es el robo de activos financieros (desde una computadora hasta base de datos) (38%), colusión de empleados y terceros (28%) y manipulación o hurto de información (12%.) «Entre las 500 empresas más importantes del mundo se emplean métodos avanzados, como mapas de riesgo y digital crime. Son el vivo ejemplo de que funciona, en 5 años bajaron 80% los eventos fraudulentos conocidos», explicó Fraga. Otro problema que dificulta el combate contra el fraude es el sistema judicial: 41% declaró que no se llevó a juicio a los autores del fraude; 23% sí lo hizo, y 19% llegó a un acuerdo entre partes.
Además, en 2005 los delitos detectados por montos entre u$s 50.000 y 500.000 representaron 11%, mientras que 2003 llegaban a 4% de los casos. Los fraudes por montos inferiores a u$s 10.000 constituyen 60% de los casos (en 2003 eran 68%.)
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