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De ahí que, por más amablemente que hable varias veces por día con Eduardo Duhalde, ninguna gracia le hace que le armen su futuro gabinete -para el caso que gane-, tarea entusiasta y apresurada del aparato bonaerense (también se abalanzan sobre el gobierno de Buenos Aires). Curioso: ya habían retirado los bártulos de sus oficinas y, desde el lunes, volvieron presurosos a las mismas oficinas reclamando más cargos y despachos.
El patagónico, acostumbrado a caminar sobre el hielo sin caerse, observa que ese entrenamiento quizá no le sirva para confrontar con los duchos prebendarios del duhaldismo. De ahí que en Santa Cruz, en el reposo del exitismo por su segundo puesto -que considera ya primero para el 18 de mayo- se plantea otra realidad: no conceder ni un espacio a los sedientos bonaerenses a partir del 25 de mayo si alcanza el poder. A pesar, claro, de que también pretende que ninguna jugada equivocada lo convierta en Juan, el breve.
Hay una coincidencia implícita con Duhalde desde antes: compartir responsabilidades hasta el 10 de diciembre, fecha en que iniciará otra administración. Ese plazo fijo también supone otro objetivo: si todo va bien hasta entonces, desde el Estado apoyar y encerrar al duhaldismo en Buenos Aires y conseguir, a cambio, el respaldo de este sector para que su ciclo en el Ejecutivo se prolongue por otros 4 años. No es lo que piensan muchos bonaerenses, quienes descuentan su dominio de la provincia y aspiran para su jefe el regreso al poder en 2007. Todos, claro, con la lógica triunfalista del político: comerse al chancho antes de cazarlo.
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